Cada cuatro años, el Mundial de Fútbol despierta la pasión de millones de aficionados dentro y fuera de la cancha. Pero además de llenar estadios y reunir a familias y amigos frente al televisor, el torneo también impulsa un fenómeno económico que se repite edición tras edición: las apuestas deportivas y las tradicionales pollas mundialistas, en las que miles de personas destinan dinero con la esperanza de acertar los resultados de los partidos.

Aunque las probabilidades de obtener grandes ganancias son reducidas, la participación masiva en este tipo de juegos sigue creciendo. La explicación, según la economía conductual (disciplina que combina psicología y economía), no está únicamente en el azar, sino en la forma en que las personas toman decisiones cuando intervienen factores emocionales como la pasión por el fútbol, la identidad nacional o la expectativa de conseguir dinero de manera rápida.
En cuanto a esto, Danilo Zambrano, docente de la Facultad de Psicología y director del Laboratorio de Comportamiento Social de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, explica que “durante eventos como el Mundial observamos cómo los sesgos cognitivos influyen directamente en las decisiones financieras. Las personas creen que tienen más capacidad de predicción de la que realmente poseen y terminan asumiendo riesgos que normalmente no aceptarían”.

El especialista identifica tres fenómenos psicológicos que ayudan a entender el auge de las apuestas durante las competiciones mundialistas y que considera como errores mentales que afectan el bolsillo. El primero es el exceso de confianza, reflejado en la idea de que el conocimiento sobre fútbol permite anticipar resultados mejor que otras personas, lo que genera una falsa sensación de ventaja frente al azar.

A esto se suma la ilusión de control. Revisar estadísticas, estudiar el historial de los equipos o completar cuidadosamente una polla puede hacer creer que es posible dominar el resultado de partidos que, en realidad, dependen de múltiples variables imposibles de prever. El tercer sesgo es la falacia del jugador, que lleva a pensar que los resultados anteriores modifican las probabilidades futuras; esto se ve específicamente representado en frases como “ya le toca ganar” o “no puede perder otra vez”. Es por esto que este sesgo lleva a tomar decisiones financieras poco objetivas.
En ese sentido, la industria global de las apuestas deportivas registra importantes picos de crecimiento durante la Copa Mundial de la FIFA, lo que evidencia el impacto económico que generan estos eventos, no solo en sectores como el turismo, la publicidad y el consumo, sino también en las decisiones financieras cotidianas de millones de personas.

Para los especialistas, el problema no radica en participar ocasionalmente en una apuesta o una polla recreativa, sino en hacerlo convencido de que existe una fórmula para vencer al azar. Comprender conceptos básicos de probabilidad, reconocer los sesgos psicológicos que influyen en las decisiones económicas y establecer límites de gasto son herramientas clave para evitar que la emoción de estos grandes eventos deportivos afecte las finanzas personales.
“Deberíamos asumir las apuestas deportivas como una forma de entretenimiento y no como una estrategia de inversión. El Mundial no debería convertirse en un riesgo para la estabilidad financiera de las personas”, concluye Zambrano.
