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40 años de Chernóbil: Las guerras en Ucrania e Irán elevan el riesgo nuclear global. “Los accidentes pueden pasar”

El 26 de abril de 1986, una explosión en la central nuclear de Chernóbil marcó un antes y un después en la historia contemporánea. El desastre vuelve al centro del debate global con la guerra en Ucrania y las tensiones con Irán.

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26 de abril de 2026 a las 7:07 a. m.
Participantes vestidos con trajes blancos de protección contra materiales peligrosos, en representación de los liquidadores, colocan velas frente a un monumento a las víctimas de Chernóbil durante una ceremonia de conmemoración del 40.º aniversario de la explosión en la central nuclear.
Participantes vestidos con trajes blancos de protección contra materiales peligrosos, en representación de los liquidadores, colocan velas frente a un monumento a las víctimas de Chernóbil durante una ceremonia de conmemoración del 40.º aniversario de la explosión en la central nuclear. Foto: AFP

“Sentí como un terremoto. Las turbinas seguían girando, un ruido muy fuerte, y no oí la explosión”, describe Nikolái Soloviov, un hombre corpulento de 67 años, quien recuerda la noche del peor accidente nuclear de la historia, el 26 de abril de 1986, cuando era “mecánico de turbinas” en la unidad 2, a unos cientos de metros del reactor 4, que explotó durante una prueba, cuenta con precisión a la AFP.

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En 1986, en la central nuclear de Chernóbil una explosión desde el reactor número 4 liberó aproximadamente 5,2 millones de terabecquerelios (TBq) de material radiactivo a la atmósfera.

La magnitud de la catástrofe saltaba a la vista. Vio “el cielo” a través del agujero causado por la explosión. En los pasillos, torrentes de agua emanaban de las tuberías rotas.

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Nikolay Solovyov, ingeniero jubilado de la central nuclear de Chernóbil, posa frente a los retratos de las primeras víctimas de Chernóbil en la sala conmemorativa del Museo de la ciudad de Slavutych y la central nuclear. Foto: AFP

Los bomberos intervinieron en el reactor humeante. “No dejaron que el fuego se propagara”, cuenta Soloviov.

Casi todos esos socorristas fallecieron, quemados por la radiación. Durante días, las autoridades soviéticas ocultaron la catástrofe que debilitó a la URSS más de lo que ya lo estaba.

Nikolái Soloviov permaneció en la central durante la “liquidación”, la construcción del primer sarcófago y, posteriormente, del segundo, dañado en 2025 por un ataque con un dron ruso en la guerra en Ucrania.

Ese trágico episodio ocurrió hace 40 años atrás y cada nada el tema nuclear y el temor a que algo así o un accidente ocurra prenden las alarmas a nivel mundial. Dos guerras marcan en este momento al mundo, en dos países en los que el riesgo es latente: Ucrania e Irán. El primero con Pripiat y la central nuclear del accidente e Irán con su programa nuclear y también plantas, que generan fuertes tensiones con EE. UU. en medio de este conflicto.

Los expertos Tania Rodríguez, en seguridad y defensa, y Jesús Agreda Rundenko, internacionalista y experto en Ucrania, analizaron para SEMANA las lecciones de esta tragedia y lo que representa el tema nuclear en estos tiempos con guerras activas.

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Una catástrofe que no fue solo técnica

“Este desastre del año 86 no fue meramente técnico, sino el resultado de una confluencia de varios fallos de diseño inherentes al reactor, pero también hubo errores operativos graves y, por supuesto, una ausencia de transparencia institucional", aseguró Rodríguez, al explicar que lo ocurrido en Chernóbil mostró también la negligencia de la antigua Unión Soviética al tratar de ocultar el estallido del reactor.

“Tenemos también que, 40 años después, la OIEA y la Comunidad Científica Internacional coinciden en que la seguridad nuclear trasciende los protocolos técnicos”, sostuvo al tiempo que explicó que el principal error de ese accidente nuclear sigue vigente: “La ausencia de una cultura integral de seguridad nuclear”.

Central nuclear de Chernóbil generada digitalmente (el sarcófago original/antiguo que cubre el reactor n.º 4 destruido) en un día oscuro y nublado.
La central nuclear de Chernóbil se ha convertido en el símbolo de la peor tragedia de los últimos 40 años. Foto: Getty Images

Para Agreda Rudenko también se centró en la transparencia, pues “en el caso de la URSS y la desconexión del gobierno tanto del control popular como, la inexistente comunicación con otros agentes, creo una falta de “accountability” que permitió tomar decisiones irresponsables.

Por eso, además de los errores, el experto señaló que “la lección importante aquí es que el desarrollo de la energía nuclear debe ser un esfuerzo transparente y apoyado en estándares de seguridad construidos entre varios actores y sobre un sistema de supervisión independiente, como más o menos lo estipula el tratado de no proliferación nuclear”.

Una situación que se agrava cuando Rodríguez indicó que hoy día los rusos, en medio de la guerra, tienen bajo su dominio la central nuclear de Zaporiyia, mientras que “el gobierno ucraniano nunca ha dejado de insistir en que va a ir a recuperar la central nuclear secuestrada por los rusos”.

Advierte que el riesgo es “real y tangible”. La planta ha sufrido múltiples cortes de energía, lo que compromete sistemas clave de seguridad como la refrigeración del reactor.

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Entre errores humanos y exigencias políticas

Fueron varios los errores que se cometieron además de los técnicos y para Agreda uno de los factores que se sumó a esta situación que desencadenó en la peor tragedia registrada se trato de las exigencias políticas de las URSS bajo el lineamiento de una ideología.

“El nivel estructural - sistema, la existencia de un sistema que privilegiaba la lealtad política - ideológica por encima de criterios técnicos, crea la base de un sistema muy inseguro que es bastante proclive a este tipo de desastres”, aseguró.

Y es que sin las condiciones de seguridad necesarias y siguiendo órdenes del régimen comunista, para Tania Rodríguez el secretismo soviético agravó la respuesta: “Retrasando la evacuación y la información pública. Ese ocultismo al mundo, pero también a la población en Ucrania”.

“Ilustran vulnerabilidades persistentes hoy día. Los fallos humanos derivan de una cultura organizacional deficiente que si tú no tienes el suficiente personal especializado, con conocimiento para el manejo de este tipo de reactores, puede estar la fatiga, la presión jerárquica o la falta de entrenamiento o de capacitación”, afirmó.

Personas frente a un monumento a las víctimas de Chernóbil en la ciudad de Slavutych, el 25 de abril de 2026, en medio de la invasión rusa de Ucrania.
Varias personas portan velas durante una ceremonia conmemorativa del 40.º aniversario de la explosión en la central nuclear de Chernóbil, el peor desastre nuclear civil de la historia. (Foto de Genya SAVILOV / AFP) Foto: AFP

Por lo que ante la falta de conocimiento aunado a los errores estructurales “recuerdan que incluso diseños más modernos requieren verificación continua y ahí es donde entra el trabajo no solamente del Estado, en mantener en óptimas condiciones sus reactores cuando los tiene, sino la Organización Internacional de Energía Atómica en su vigilancia”.

Situación que se traslada hoy al tema de Irán y el peligro de las cuatro centrales nucleares que posee, entre ellas Fordo, Esfahan, Natanz, y el urano enriquecido, que parece ser que tiene, según información de inteligencia, unos 400 kilos.

“En 2026 estos factores se manifiestan en contextos de estrés extremo con la gestión de plantas en entornos de conflicto, como hoy Zaporiyia o el envejecimiento de flotas nucleares donde la complacencia regulatoria o la priorización de objetivos operativos sobre la seguridad pueden y llegarían a replicar dinámicas similares a la ocurrida en Chernóbil”, dijo Rodríguez.

“El riesgo es real y tangible”

En eso coinciden los dos expertos al asegurar que los conflictos hoy activos en Ucrania e Irán no deben subestimarse y menos con la situación nuclear que enmarca a los dos países.

“Aunque este tipo de infraestructura esta protegida por el derecho internacional, los accidentes pueden pasar, y más grave aún la seguridad de una planta nuclear depende de múltiples factores externos a la planta misma y que también son extremadamente vulnerables, como por ejemplo la red eléctrica, que ayuda a sostener sistemas de seguridad complementarios”, explicó Agreda.

Rodríguez sostuvo que la OEIA visita permanentemente Zaporiyia, porque sabe el peligro que allí existe. “Evidentemente también permanentemente visitaba Irán y advirtió durante la guerra hasta hace unas semanas el peligro que se estaba corriendo con los bombardeos sobre estas centrales nucleares”.

Y es que el director general del organismo internacional, Rafael Mariano Grossi, ha subrayado, según lo comentó la experta en seguridad, que “los siete pilares de seguridad nuclear se encuentran en Zaporiyia comprometidos, incluyendo la integridad física, la refrigeración y la cadena de suministros”.

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Estados Unidos atacó tres bases nucleares iraníes el 21 de junio del 2025. Foto: Maxar / Colaborador
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Un objetivo estratégico

Tanto para Rodríguez como para Agreda lo que hoy ocurre en Ucrania e Irán pone sobre la mesa cómo el tema nuclear se ha convertido en objetivo estratégico para la guerra, tanto para EE. UU., bajo el mandato de Donald Trump, como para el presidente ruso, Vladimir Putin.

“Los ataques a este tipo de infraestructura solo exacerban el riesgo. Si nos vamos por el lado de un programa nuclear secreto con fines militares, el riesgo es muy claro e implica la posibilidad de que esas armas sean utilizadas contra vecinos y “enemigos” declarados", recalcó Agreda.

Rodríguez es contundente al señalar que la OEIA ante este tipo de planes “sistemáticamente impulsa diálogos para ceses de fuego temporales, protocolos de protección, pero la persistencia del conflicto, de las guerras en zonas donde existen estas centrales nucleares demuestra, que la seguridad nuclear no es inmune a la geopolítica”.

Además de que el organismo siempre ha enfatizado la necesidad de fortalecer ecosistemas regulatorios, por lo que los dos expertos insisten en la transparencia, sin olvidar también que además de Irán y Ucrania, como lo indicó Rodríguez, también es necesario poner la mirada en Corea del Norte.

Representa el desafío extremo realmente por su aislamiento y ausencia total de inspecciones internacionales desde el 2009. Es decir, tenemos allí que en más de una década no se ha revisado el reactor norcoreano y esto realmente es preocupante”.

Agreda concluye en que “la advertencia es que la tecnología en sí misma no es el problema, el problema es el manejo que le dan los actores políticos, que tienen que ser completamente consientes de la responsabilidad que el desarrollo y el empleo de esta tecnología conlleva”.