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Afganistán: entre la pobreza y enfermedades tras el regreso de los talibanes

A pesar de que ha pasado un año desde que las fuerzas del Talibán se tomaron la administración del país, todo sigue cuesta abajo.

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10 de agosto de 2022 a las 4:58 p. m.
Los combatientes talibanes conducen un automóvil en una calle en la capital de Afganistán, Kabul.
Los combatientes talibanes conducen un automóvil en una calle en la capital de Afganistán, Kabul. Foto: REUTERS

Las salas desbordadas del deteriorado hospital del distrito Musa Qula, en el sur de Afganistán, son uno de los símbolos de la dramática crisis humanitaria que vive el país, un año después del regreso al poder de los talibanes.

El mes pasado, este hospital de la provincia de Helmand se vio forzado a cerrar sus puertas, salvo para las personas sospechosas de estar infectadas por el cólera. La enfermería rápidamente se encontró repleta de pacientes apáticos, con agujas de perfusión clavadas en las muñecas.

Los miembros talibanes toman fotografías con sus teléfonos móviles durante la ceremonia de izamiento de la bandera talibán en Kabul, Afganistán. Foto REUTERS/Ali Khara
Afganistán: un año después de la vuelta de los talibanes al poder

Aunque la clínica no dispone del material necesario para diagnosticar el cólera, alrededor de 550 pacientes se presentaron en pocos días. “Es muy difícil”, dijo a la agencia de noticias AFP Ehsanullah Rodi, el jefe del hospital, agotado por la situación y quien no duerme más de cinco horas diarias. “No habíamos visto algo así el año pasado, ni antes”, asegura.

Los talibanes tomaron el poder en Afganistán el 15 de agosto, aprovechando la retirada precipitada de las fuerzas extranjeras dirigidas por Estados Unidos. Desde entonces, la violencia disminuyó, pero la crisis humanitaria se ha agravado rápidamente.

imágenes :  las calles de Kabul controlada por los talibanes
Los combatientes talibanes se saludan frente a la mezquita Shah-e Doh Shamshira, el primer día de Eid al-Adha, en Kabul, Afganistán, el 9 de julio de 2022. Foto REUTERS/Ali Khara Foto: REUTERS

“Ni siquiera pan seco”

La pobreza, más aguda en el sur del país, alcanzó un nivel desesperado, acentuada por la sequía y el aumento de precios desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia. “Desde que los talibanes están en el poder, no podemos ni siquiera encontrar aceite”, lamenta una mujer en una cama del hospital en Lashkar Gah, la capital provincial de Helmand, junto a su nieto de seis meses que padece malnutrición.

“Los pobres son aplastados a sus pies”, añade a propósito de los talibanes esta mujer de 35 años, con el rostro escondido tras un velo. Su nieto recibe tratamiento por quinta vez en el hospital Boost, un embrollo de edificios gestionado conjuntamente por el ministerio afgano de Salud y Médicos Sin Fronteras (MSF).

“Ni siquiera podemos encontrar pan seco”, se desespera Breshna, la madre de otra paciente. “No tenemos nada para comer desde hace tres o cuatro días”. El personal “no tiene descanso”, asegura Homeira Nowrozi, la supervisora adjunta de enfermería. “Tenemos muchos pacientes que llegan en un estado crítico” porque los padres no pudieron desplazarse antes, explica.

“No sabemos cuántos decesos (...) tenemos en los distritos” porque muchas personas “no vienen al hospital”, añade Nowrozi, que se esfuerza para hacerse escuchar en medio de los gritos y los llantos de los niños.

imágenes :  las calles de Kabul controlada por los talibanes
Una mujer afgana desplazada recibe ayuda en efectivo de un empleado de WSTA en un centro de distribución de ayuda en efectivo para personas desplazadas en Kabul, Afganistán, el 28 de julio de 2022. Foto REUTERS/Ali Khara Foto: REUTERS

Ayuda humanitaria interrumpida

Aunque los problemas económicos empezaron mucho antes del regreso talibán, el cambio de poder colocó al país de 38 millones de habitantes al borde del precipicio. Estados Unidos congeló los 9.500 millones de dólares de activos del banco central, el sector financiero se hundió y la ayuda extranjera, que representaba el 45 % del PIB del país, se interrumpió repentinamente.

“¿Cómo aportar ayuda a un país del que no reconoces su gobierno?”, apunta Roxanna Shapour, de Afghanistan Analysts Network (AAN). La ayuda humanitaria ante crisis como el terremoto de junio, que mató a más de 1.000 personas y dejó a decenas de miles sin hogar, es simple porque se trata de una ayuda “apolítica, es una ayuda vital”, explica.

Un hombre afgano se encuentra entre las casas que fueron dañadas por un terremoto en Gayan, Afganistán, el 23 de junio de 2022.  Foto REUTERS/Ali Khara
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También se han enviado fondos en avión para financiar la ayuda alimentaria y la atención sanitaria. Pero la ayuda para proyectos a largo plazo es más compleja.

“Si entras en el país y dices: “Voy a pagar todos los salarios de los profesores+, eso está muy bien”, dice Shapour. “Pero entonces, ¿qué harán los talibanes con el dinero que no destinarán a los salarios de los profesores?”, continúa. En Musa Qala, la economía parece apenas subsistir gracias a la reparación de motocicletas, a la venta de huesos de aves de corral y a las bebidas energéticas conservadas a temperatura templada en sucios congeladores.

imágenes :  las calles de Kabul controlada por los talibanes
Hombres afganos juegan al fútbol en Kabul, Afganistán, 8 de julio de 2022. Foto REUTERS/Ali Khara Foto: REUTERS

La ciudad, testigo de algunos de los capítulos más sangrientos de la guerra de 2001-2021, está conectada a Lashkar Gah por una pista que remonta el lecho de un río reseco. La carretera se reanuda más al sud, en Sangin, donde las paredes de adobe han sido tan dañadas por disparos de artillería que se hunden.

“Ahora, podemos ir al hospital, sea de noche o de día”, explica Maimana, cuya hija Asia, de 8 años, está siendo tratada en Musa Qala. “Antes, había combates y minas, las carreteras estaban bloqueadas”, recuerda. El flujo de nuevos pacientes significa que hay “menos lugar” y “menos personal, con lo cual hay dificultades”, explica a AFP el director de sanidad pública de Helmand, Sayed Ahmad.

Una mujer vestida con burka camina con una niña por una calle en Kabul el 7 de mayo de 2022. - El 7 de mayo, los talibanes impusieron algunas de las restricciones más duras a las mujeres de Afganistán desde que tomaron el poder, ordenándoles cubrirse completamente en público, idealmente con el burka tradicional. (Foto de Ahmad SAHEL ARMAN / AFP) /  La mención errónea que aparece en los metadatos de esta foto de Ahmad SAHEL ARMAN ha sido modificada en los sistemas de AFP de la siguiente manera: [Corrección de calidad]. Elimine inmediatamente las menciones erróneas de todos sus servicios en línea y elimínelos de sus servidores. Si ha sido autorizado por AFP para distribuirlo(s) a terceros, asegúrese de que las mismas acciones sean realizadas por ellos. El incumplimiento puntual de estas instrucciones implicará responsabilidad de su parte por cualquier uso continuado o posterior a la notificación. Por lo tanto, le agradecemos mucho toda su atención y pronta acción. Lamentamos las molestias que esta notificación pueda causar y quedamos a su disposición para cualquier información adicional que necesite.
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Sin embargo, este médico de voz dulce, cuya oficina está decorada con libros de medicina, insiste en que “la situación global es mejor” que bajo el anterior gobierno, donde la corrupción era moneda corriente. La bandera talibana ondea abiertamente en Helmand, izada sobre edificios agujereados por disparos.

Después de dos décadas suspirando por controlar el país, los talibanes lo han conseguido en el momento en que la nación está más arruinada. “El traje del gobierno les cae demasiado grande”, dice un hombre en Lashkar Gah, que pide mantener el anonimato.

*Con información de AFP.