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Bashar al Asad, el dictador sirio acusado de crímenes de guerra que fue derrocado tras más de 20 años de mandato

Al Asad huyó de Siria tras la entrada de rebeldes en Damasco, marcando el fin del régimen familiar que comenzó con su padre en 1971.

Redacción Semana
9 de diciembre de 2024
Estaba previsto que el presidente de China, Xi Jinping, llegara allí el viernes y celebrara un banquete y otras actividades bilaterales con Assad y otros jefes de estado y gobierno que asisten a los juegos, como el rey de Camboya, Norodom Sihamoni; el jeque Meshal Al Ahmed Al Jaber, príncipe heredero de Kuwait, y el primer ministro de Nepal, Pushpa Kamal Dahal, según el Ministerio chino de Exteriores.
El Ministerio chino de Exteriores dijo que Assad asistiría a la ceremonia de apertura de los Juegos de Asia, un torneo deportivo internacional que comienza el sábado en la ciudad oriental de Hangzhou. (AP Foto/Hassan Ammar, Archivo) | Foto: AP

El presidente Bashar al Asad gobernó Siria con mano de hierro durante 24 años y reprimió con violencia una revuelta prodemocrática en 2011, que se transformó en una de las guerras más sangrientas del siglo. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), un organismo de monitoreo de la guerra con sede en Reino Unido, indicó el domingo que el mandatario había huido del país, tras la entrada de los rebeldes a Damasco, la capital.

Su huida no solo significa el fin de su poder, sino el de toda su familia. Al Asad asumió las riendas del país en el año 2000, sucediendo a su padre, que gobernaba desde 1971. El mandatario luego logró recuperar el control de gran parte de Siria en la guerra civil que comenzó en 2011, tras enfrentarse a protestas multitudinarias que exigían su destitución y una rebelión armada que prácticamente aplastó.

Durante años, el dirigente se apoyó en sus alianzas con Rusia, Irán y el movimiento libanés Hezbolá para mantenerse en el poder. Y mientras dirigía una despiadada guerra de supervivencia para su gobierno, se presentaba ante el pueblo y el mundo como el único líder viable frente a la amenaza islamista en Siria. El 27 de noviembre, sin embargo, empezó una fulgurante ofensiva liderada por islamistas, que no tardó en conquistar varias ciudades del noroeste y centro del país, controladas por Al Asad.

Una imagen del presidente sirio, Bashar Assad, marcada por disparos, en la oficina del gobierno provincial tras la toma de Hama por parte de la oposición, en Siria, el viernes 6 de diciembre de 2024. (AP Foto/Omar Albam)
Una imagen del presidente sirio, Bashar al Asad, marcada por disparos, en la oficina del gobierno provincial tras la toma de Hama por parte de la oposición, en Siria. | Foto: AP

Los rebeldes, liderados por los islamistas de Hayat Tahrir al Sham (HTS), anunciaron el domingo su entrada en Damasco. “El tirano” Al Asad “huyó”, afirmó la alianza de grupos rebeldes. Rusia, a su vez, anunció que el presidente “dimitió” y salió del país, sin precisar su destino.

Durante años, Al Asad se erigió en protector de las minorías sirias, baluarte contra el extremismo y único proveedor posible de estabilidad para un país asolado por la guerra. En las múltiples elecciones celebradas a lo largo de los años, se llevó la gran mayoría de los votos.

Los comicios, realizados únicamente en territorios controlados por el gobierno, fueron tachados de irregulares por las potencias occidentales y grupos de derechos humanos. Al Asad, un oftalmólogo formado en el Reino Unido, vio cambiar su destino con la muerte en 1994 en un accidente de tránsito de Basel, su hermano mayor, que estaba destinado al poder.

El presidente de Siria, Bashar al-Assad, visto durante la firma del programa integral de cooperación estratégica y de largo plazo entre Irán y Siria, el 3 de mayo de 2023 en Damasco, Siria.
El presidente de Siria, Bashar al Asad estuvo al mando del país por 24 años. | Foto: Getty Images

Entonces se vio obligado a abandonar Londres, donde conoció a su esposa Asma, una sirio-británica que trabajaba en la City para JP Morgan. Hizo un curso militar antes de iniciarse en asuntos políticos junto a su padre, líder del partido Baaz, que impuso un régimen hermético en el país, en el que la más mínima sospecha de disidencia podía llevar a la cárcel o algo peor.

Bashar al Asad sucedió a su padre tras su muerte en el año 2000, a través de un referéndum celebrado sin oposición. Fue reelegido para un segundo mandato en 2007. Entonces, con apenas 34 años, encarnó una figura reformadora para iniciar la liberalización económica y una relativa apertura política del país. Comenzó inyectando una tímida dosis de libertad, pero la “primavera de Damasco” fue de corta duración. Los opositores fueron rápidamente silenciados y encarcelados.

Miembros de los grupos armados antirégimen abren una bandera del Ejército Nacional Sirio mientras usan armas pesadas contra las fuerzas del régimen del presidente sirio Bashar al-Assad en Shaykh Najjar en Alepo
Miembros de los grupos armados antirégimen abren una bandera del Ejército Nacional Sirio mientras usan armas pesadas contra las fuerzas del régimen del presidente sirio Bashar al-Assad en Shaykh Najjar en Alepo | Foto: Anadolu via Getty Images

Cuando, en el marco de la Primavera Árabe, la revuelta explotó en su país en marzo de 2011, la reprimió sin piedad, provocando una militarización del levantamiento que se transformó en conflicto armado.

La guerra dejó más de 500.000 muertos y desplazó a la mitad de la población. Pero la posición de Al Asad sobre los manifestantes y la oposición no cambió. Ante Siria y el mundo, el político, padre de dos varones y una niña, justificó los bombardeos y las campañas militares como una guerra contra los “terroristas”.

Mientras tanto, su aparato de seguridad aplicó un brutal sistema de encarcelamiento de disidentes, con una red de centros de detención y cárceles repartidos por todo el país, que se volvieron famosos por sus abusos.

Con información de AFP.