La dinámica de poder bajo los océanos está cambiando. En los últimos años, la República Popular China ha acelerado de manera sostenida la expansión de su flota de submarinos de propulsión nuclear, superando a la histórica marina submarina rusa y consolidándose como la segunda mayor fuerza de este tipo en el mundo, solo detrás de Estados Unidos.
En medio de las tensiones a nivel mundial en términos económicos, sociopolíticos y culturales, China ha puesto su atención en la modernización naval. Fuerzas armadas capaces de proyectar poder bajo el agua a través de plataformas silenciosas, potentes y sostenibles, las cuales se han convertido en instrumentos clave de la geopolítica del siglo XXI.

El gobierno de Xi Jinping, con una estrategia bien definida en su Armada del Ejército Popular de Liberación, ha conseguido avances numéricos que ahora lo colocan por delante de Rusia en submarinos nucleares activos.
Según las últimas revisiones, China opera 32 submarinos nucleares activos, un número que supera el estimado de 25 a 28 unidades que mantiene actualmente Rusia en servicio. Esta transición sitúa a Pekín como la segunda fuerza mundial en submarinos nucleares, detrás de la Marina de Estados Unidos, que mantiene una flota más grande y tecnológicamente más avanzada, con aproximadamente 71 submarinos nucleares en servicio a finales de 2025.
El crecimiento de China no se limita a la cantidad de submarinos. Su flota incluye diversas clases diseñadas para cumplir distintas funciones estratégicas: submarinos de ataque de propulsión nuclear (como los modelos Type 093 y Type 093B) y submarinos lanzamisiles balísticos de la clase Type 094, que forman parte de la tríada nuclear marítima del país.

Además, Pekín está construyendo nuevas generaciones de plataformas, como los futuros submarinos Type 095 y Type 096, que prometen mejoras en sigilo, sistemas de combate y capacidad de lanzamiento de misiles balísticos submarinos más avanzados, ya que uno de los principales problemas de estos sumergibles es el ruido.
¿Por qué China superó a Rusia?
Rusia, que durante décadas mantuvo la segunda flota nuclear submarina del mundo gracias a clases como Borei y Yasen/Yasen-M, ha visto su liderazgo tradicional erosionarse por limitantes industriales, problemas de financiación y retrasos en la modernización de sus embarcaciones. Estos factores han impedido que Moscú mantenga el ritmo de construcción y despliegue que exhibe en el presente China.
Aunque la flota rusa sigue siendo parte de su poderoso arsenal estratégico, el hecho de que Pekín lo haya rebasado en números marca un cambio importante en el equilibrio naval global. No solo es un dato estadístico, también es un reflejo de cómo la política militar y las prioridades industriales de estas potencias han evolucionado en la última década.

El fortalecimiento chino tiene consecuencias directas en regiones clave, especialmente en el océano Índico, donde la presencia de submarinos nucleares permite a Pekín operar más lejos de sus costas, proteger rutas marítimas críticas y ejercer presión militar en áreas en disputa como el mar de China Meridional y el entorno de Taiwán.
Este despliegue ha incrementado la preocupación de aliados de Estados Unidos, impulsando a países como el Reino Unido y Australia a consolidar iniciativas estratégicas como el pacto AUKUS para compartir tecnología avanzada de submarinos nucleares.
A pesar de este crecimiento, Estados Unidos conserva su clara ventaja numérica y tecnológica global. Sin embargo, la expansión de la marina submarina china resalta que la preeminencia naval tradicional está siendo puesta a prueba en un mundo donde el control de las profundidades marinas es cada vez más relevante para la seguridad y la disuasión estratégica.
