La Casa Blanca solicitó a varios líderes mundiales que sean parte de esa junta, presidida por el propio Trump. Entre ellos figuran el presidente ruso, Vladimir Putin; el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el primer ministro canadiense, Mark Carney.
¿Qué es?
“El Consejo de Paz es una organización internacional que busca promover la estabilidad, restablecer una gobernanza fiable y legítima, y garantizar una paz duradera en las regiones afectadas o amenazadas por conflictos”, afirma el preámbulo de sus estatutos.
El texto critica “los muchos enfoques de paz” que “institucionalizan crisis en lugar de permitir que la gente salga adelante”, en una alusión clara a Naciones Unidas.
Igualmente, considera necesario contar con “una organización de paz internacional más ágil y eficaz”.
Trump será “el presidente inaugural del Consejo de Paz”, con poderes amplísimos, y único autorizado a invitar discrecionalmente a países a participar. Tendrá la última palabra en las votaciones.

Igualmente, podrá revocar la participación de un país, salvo en caso de veto por parte de dos tercios de los Estados integrantes.
Asimismo, tendrá “autoridad exclusiva” para “crear, modificar o disolver entidades subsidiarias” del Consejo de Paz, y será “la autoridad final en cuanto al significado, interpretación y aplicación” de los estatutos fundacionales.
El presidente Trump quiere que los países que integren su “Consejo de Paz” paguen 1.000 millones de dólares para integrar ese organismo, que se arroga la misión de “promover la estabilidad” en el mundo, según los “estatutos” obtenidos el lunes por la AFP.
“Cada Estado miembro ejercerá un mandato de no más de tres años a partir de la entrada en vigor de esta Carta, renovable por el presidente. Esta membresía de tres años no se aplicará a los Estados miembros que aporten más de 1.000 millones de dólares en efectivo al Consejo de Paz en el primer año de la entrada en vigor de esta Carta”, añade el documento.
Esta junta fue concebida originalmente para supervisar la reconstrucción de Gaza, pero su estatuto no parece limitar su función al territorio palestino ocupado, llegando en un momento de tensión por Groenlandia.
Primeras reacciones
La reacción inicial de Francia y Canadá, aliados clave de Estados Unidos, fue fría.

“En este momento, Francia no puede aceptar”, dijo el ministro de Exteriores de Francia Jean-Noel Barrot este lunes durante un debate con legisladores franceses.
Barrot señaló que los estatutos de la junta van más allá del alcance de la reconstrucción y la gestión de Gaza tras la guerra, respaldados por la ONU.
Agregó que es “incompatible con los compromisos internacionales de Francia y, en particular, con su pertenencia a las Naciones Unidas, que obviamente no puede ponerse en tela de juicio bajo ninguna circunstancia”.
Por su parte, “Canadá no pagará por un puesto en el consejo, ni se le ha solicitado a Canadá en este momento”, así lo afirmó una fuente en Ottawa.
Paul Williams, profesor de Asuntos Internacionales en la Universidad George Washington, recordó a la AFP que la resolución del Consejo de Seguridad aprobada en octubre que respalda el plan de paz de Trump para Gaza solo otorgó al “Consejo de Paz” autoridad para actuar en relación al territorio palestino.
La idea parece ir en contra de instituciones internacionales como la ONU, a la que Trump ha criticado regularmente y anunció este mes que su país se retirará de 66 organizaciones y tratados internacionales, aproximadamente la mitad vinculados a la ONU.










