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Hacer grande a Suecia de nuevo: la misión de la extrema derecha previo a las elecciones

Jimmie Åkesson, el nacionalista que civilizó a la extrema derecha sueca.

El líder de los Demócratas de Suecia (SD), Jimmie Åkesson, fue recibido con vítores y aplausos en un bullicioso mitin preelectoral en la ciudad portuaria de Helsingborg, al sur del país.

“Es hora de que el pueblo sueco nos dé una oportunidad”, dijo Åkesson a la multitud de varios centenares de personas hace unos días, en horas de la tarde. “Es el momento de darnos una oportunidad para volver a hacer grande a Suecia”.

Las elecciones suecas del 11 de septiembre se perfilan como una votación única en la historia del país nórdico. Por primera vez, un partido populista de extrema derecha tiene una oportunidad realista de asegurarse un peso importante en áreas políticas clave como la inmigración y la policía.

Mientras que partidos similares se han impuesto recientemente en las vecinas Finlandia, Dinamarca y Estonia, en Suecia el SD ha sido condenado al ostracismo por sus rivales de la corriente principal, durante décadas debido a sus raíces entre los grupos neonazis activos en el país en la década de 1990.

Siendo esto, en un reciente sondeo de opinión mostró que el apoyo al SD está aumentando, con alrededor de un 22 por ciento que dice que votaría por el partido, lo que le da el segundo mayor respaldo después de los socialdemócratas gobernantes, con un 28 por ciento. El Poll of Polls, que realiza encuestas, sitúa al SD con un 20 porciento y a los socialdemócratas con un 29 por ciento.

El SD cuenta ahora con aliados de la corriente principal que pueden desalojar a los socialdemócratas del poder.

Los sondeos actuales sugieren que el apoyo a la actual primera ministra, Magdalena Andersson, y a sus aliados está más o menos al mismo nivel que el apoyo a un bloque de oposición cuatripartito, incluido el SD, en los últimos días de campaña.

Si el bloque de la oposición gana, Åkesson tratará de asegurarse la máxima influencia, ya sea como jefe de un partido de apoyo en un gobierno minoritario, o como ministro en una nueva coalición más amplia.

Es poco probable que Åkesson se convierta en primer ministro si su partido gana, porque los otros partidos del bloque de la oposición, los moderados, democristianos y liberales de centroderecha han dicho que apoyan al líder de los moderados, Ulf Kristersson, para el cargo, aunque su partido tenga menos votos que el SD.

Sin embargo, la aparición de la SD como actor clave en la elaboración de las políticas suecas supondría una sacudida radical para el sistema político del Estado nórdico, que durante el último siglo se ha basado en gran medida en la creación de consensos.

Mientras que las políticas de inmigración suecas han sido liberales durante mucho tiempo, la plataforma del SD tendría como objetivo la ausencia de solicitantes de asilo. El sistema de justicia penal sueco se ha centrado tradicionalmente en la rehabilitación más que en el castigo, pero el SD pide penas de prisión más largas y un mayor uso de la deportación.

Jimmie Åkesson, el nacionalista que civilizó a la extrema derecha sueca

Tras 17 años al frente de Demócratas de Suecia (SD), Jimmie Åkesson convirtió a este partido de ultraderecha y ultraminoritario en un actor indispensable para que la derecha pueda gobernar tras las elecciones del domingo.

Moreno, con gafas, peinado impecable, barba bien recortada y prominente dentadura, este hombre de 43 años cultiva la imagen de un sueco normal, prescindiendo de la corbata si es necesario.

La imagen contribuye a una estrategia política para transformar un partido heredero de un grupo neonazi, la organización “Bevara Sverige Svensk” (Conservemos la Suecia sueca), en un nacionalismo bonachón con una flor azul y amarilla como logo.

“Quiere dar la imagen de una persona ordinaria (...) que asa salchichas, va de viaje a las islas Canarias en vuelo chárter y habla de manera ordinaria”, de “un vecino que vive en una urbanización asequible en una pequeña ciudad”, dice Jonas Hinnfors, profesor de ciencias políticas en la universidad de Gotemburgo.

Su formación capta a electores conservadores pero también socialdemócratas, especialmente hombres de clase obrera, y podría forjar por primera vez una coalición parlamentaria con la derecha tradicional.

A medida que crecía su importancia en la política sueca, la formación limó su discurso como han hecho otras formaciones nacionalistas en Europa.

Ahora evita sus postulados más controvertidos, como cuando Åkesson dijo que los musulmanes eran “la mayor amenaza extranjera desde la Segunda Guerra Mundial” o cuando propuso salir de la Unión Europea.

Legitimado por el éxito de su partido, este hombre del sur de Suecia, feudo del SD, separado y con un hijo, reconoció en 2014 problemas de adicción al juego y luego paró seis meses por exceso de trabajo.