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Madres desesperadas afuera de las cárceles venezolanas ruegan por la liberación de sus hijos, presos políticos del régimen

Incluso estando esposadas a las rejas de los centros penales, las mujeres suplican para acelerar los procesos de excarcelación.

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27 de enero de 2026, 5:42 a. m.
Familiares de presos políticos en Venezuela realizan vigilias desde hace más de trece días a las afueras de diversos penales.
Familiares de presos políticos en Venezuela realizan vigilias desde hace más de trece días a las afueras de diversos penales. Foto: AFP

Con el puño cerrado, Evelis Cano muestra la cadena que la ata a un edificio contiguo a un penal en la capital de Venezuela. “Estoy desesperada”, confiesa. No piensa moverse hasta ver libre a su hijo.

Evelis cuestiona el lento proceso de excarcelaciones de presos políticos anunciado el 8 de enero por el gobierno interino de Venezuela bajo la presión de Washington tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero en una incursión estadounidense.

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Está junto a una decena de mujeres que aguardan sentadas en bancos de plástico frente al portón de los calabozos de la policía nacional en Caracas, conocido como Zona 7. Policías con escudos antimotines cierran el paso a la cárcel.

“¡Justicia, justicia, justicia y libertad!, ¡Todos son inocentes, ninguno delincuente!”, gritan las manifestantes que exhiben una pancarta que reza “Libertad para todos” sobre el asfalto. Es la consigna de los familiares de los presos políticos de Venezuela, que superan los 800 según activistas de derechos humanos.

Familiares llegan a la Zona 7 de la Policía Nacional Bolivariana, donde se encuentran detenidos políticos en Caracas, Venezuela.
Familiares llegan a la Zona 7 de la Policía Nacional Bolivariana, donde se encuentran detenidos políticos en Caracas, Venezuela. Foto: AP

Esta madre se aferra a una reja oxidada; una gruesa cadena abraza su muñeca izquierda con un candado. Tiene una bandera de Venezuela en el cuello y la foto de su hijo en la mano derecha. “Estoy desesperada, estoy dispuesta a morir. Se burlan de nosotros, ya basta”, dice a la AFP Evelis, de 49 años.

Su hijo Jack Tantak, de 31 años, fue detenido el 27 de noviembre. Lo acusaron de terrorismo y traición a la patria. Cuenta su madre que lo detuvieron supuestamente por venderle una camioneta a un dirigente opositor.

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“Ahora que tienen la oportunidad (…) quítense esos corazones de piedra”, sigue. “No hay respuesta, puro silencio. ¿Qué les pasa a ustedes? No tienen misericordia. Mi hijo tiene 60 días ahí, yo no sé en qué estado se encuentra”. “Hoy dije ‘bueno, yo me voy a encadenar, yo no aguanto más’”, agrega.

El gobierno interino de Delcy Rodríguez se comprometió a las liberaciones tras asumir el poder con la caída de Maduro, procesado por narcotráfico en Estados Unidos, junto a su esposa, Cilia Flores.

Exigen liberación de presos políticos en Venezuela.
Exigen liberación de presos políticos en Venezuela. Foto: Especial para El País

El poderoso ministro del Interior, Diosdado Cabello, informó el lunes que suman más de 800 excarcelaciones desde “antes de diciembre” pasado, pero la ONG especializada Foro Penal cuestionó la cifra. Reporta 383 excarcelaciones desde diciembre y 266 desde el 8 de enero. “¿Por qué siguen mintiéndole al pueblo de Venezuela? ¡Dejen la mentira!”, dice Evelis.

La manifestación busca cortar el paso de vehículos a Zona 7. “No nos vamos a quitar de aquí hasta que saquen a nuestros familiares”, agrega. “Rompe esas cadenas de opresión, padre amado”, clama después, de pie, en una especie de rezo.

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“Ya basta de tanta injusticia con nosotros”, exclama por su parte Luz Soto, de 57 años, con la voz cortada. Su esposo lleva dos meses detenido. Los agentes no se inmutan ante los gritos de llanto de estas madres. Se mantienen de pie, firmes.

Los familiares pernoctan en un improvisado campamento con tiendas de campaña, como muchos otros en otros penales en el país. “Esas son nuestras casas”, dice Evelis. “Ya no queremos estar más aquí. Tengo llagas, todos los labios rotos”. “Acá las noches son horribles… No es solo vivir una guerra, nos torturan todos los días psicológicamente”, dice por su parte Soto. “A veces no me baño. No me quiero ir sin mi esposo. Tengo mucho dolor de garganta”.

*Con información de AFP.