ExxonMobil, la mayor empresa energética de Estados Unidos, está en conversaciones para adquirir derechos de producción petrolera en Venezuela, casi dos décadas después de haber sido efectivamente expulsada del país, reveló este jueves, 21 de mayo, The New York Times, citando varias fuentes familiarizadas con el asunto.
El acuerdo, que podría formalizarse y anunciarse antes de que termine este mes, significaría un nuevo paso en la transición en Venezuela y un giro en la historia reciente de la industria petrolera global.

Según el diario neoyorquino, el acuerdo implicaría que Exxon firme contratos para producir petróleo en hasta seis campos en varias regiones de Venezuela. Las fuentes consultadas por el diario hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizadas a hablar públicamente sobre las negociaciones. Un portavoz de Exxon declinó comentar.
Apenas en enero, la compañía había calificado a Venezuela como inestable. El 9 de enero, seis días después de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, el presidente ejecutivo de Exxon, Darren Woods, le dijo directamente a Trump durante una reunión de alto perfil con ejecutivos petroleros que Venezuela representaba un riesgo empresarial demasiado alto.

“Nos han confiscado los activos allí dos veces, así que, como pueden imaginar, reingresar una tercera vez requeriría cambios bastante significativos”, dijo Woods entonces.
Cuatro meses después, su postura es otra. En una llamada con analistas este mes, Woods señaló que la experiencia de Exxon produciendo petróleo ultrapesado en Canadá le daba ventaja en Venezuela, donde la mayor parte del crudo tiene propiedades similares. “La inversión y los retornos parecen prometedores. Me siento positivo sobre lo que está pasando y la oportunidad que hay allí”, afirmó.

El New York Times identifica tres elementos que explican el giro de Exxon. El primero es el precio del petróleo: la guerra en Irán elevó los precios globales del crudo y el gas, haciendo más atractivas las inversiones en nuevos mercados de producción. El segundo es la urgencia de diversificar: el conflicto en Medio Oriente aceleró los esfuerzos de las petroleras por reducir su dependencia de esa región.
El tercero y más directo es la movida de su principal rival: el mes pasado Chevron anunció una expansión mayor de su campo petrolero más grande en Venezuela, lo que, según varios analistas del sector, hizo estratégicamente más costoso para Exxon seguir ignorando el país.

Según una fuente citada por el New York Times, los negociadores de Exxon han estado “agresivamente” buscando negocios en Venezuela en las últimas semanas y han priorizado una entrada mayor sobre acuerdos incrementales. Una segunda fuente señaló que un grupo de empleados de Exxon voló a Caracas en abril para evaluar los campos petroleros ofrecidos.
Un pacto entre estas dos partes tendría una carga histórica difícil de exagerar. En 2007, el predecesor de Maduro, Hugo Chávez, nacionalizó los proyectos petroleros de Exxon y otras compañías extranjeras. A diferencia de sus pares, Exxon se negó a negociar, abandonó el país e inició una prolongada batalla legal en tribunales internacionales que aún no ha concluido del todo, donde Venezuela todavía le debe a la compañía aproximadamente 1.000 millones de dólares en daños reconocidos en esos casos.

Tras su salida, Exxon volcó inversiones en Guyana, el vecino y rival de Venezuela, y comenzó a desarrollar grandes campos petroleros en una zona del Atlántico que Venezuela ha reclamado como propia.
Para la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, el retorno de Exxon no es solo un acuerdo comercial, sino que es una pieza central de su estrategia política. Según una fuente citada por el diario, el regreso de la compañía que en el imaginario popular encarna el poder petrolero estadounidense es una piedra angular de los esfuerzos de Rodríguez por atraer inversión y ganarse la confianza de la administración Trump.
