La noche en los albergues de Montería no es sinónimo de descanso para las más de 20 mil familias que terminaron afectadas por las graves inundaciones. Es cansancio, pero también un panorama complejo entre el calor, el ruido, la ropa sucia, la incomodidad para hacer sus necesidades y el pensamiento profundo de los adultos para saber cuándo es que van a regresar a sus hogares que quedaron cubiertos por el agua.
Afuera de estos sitios, hay una ciudad que se moviliza con ayudas, pero también con reclamos por lo sucedido contra las autoridades, que tratan de dar sus propias explicaciones. Para los damnificados, la vida quedó en pausa, quedaron sin nada y hasta sin rumbo. Los más pequeños no entienden lo que pasa, solo viven el momento.
Un equipo de SEMANA llegó hasta el coliseo Miguel Happy Lora, donde hay casi mil personas de las diferentes zonas de Montería resguardándose de la penumbra de la noche. Sus historias son conmovedoras, pero no pierden la esperanza de regresar a casa y tener todo lo que el agua les robó en tan solo minutos.

Yailin Ibarra es una de las tantas madres que llegaron con sus hijos a ese lugar. Decidió contar el viacrucis que le ha tocado vivir. Precisó que solo pudo salir con los documentos de identidad de sus dos pequeños porque no le dio tiempo de nada más.
“Yo estaba haciendo el desayuno cuando el agua se empezó a meter. La verdad, pensé que no iba a subir tanto, pero subió demasiado y se me metió completamente. Mi apartamento es como un huequito, está más bajo, y ahí se me hundió todo. Se me dañaron todas las cosas”, relató.
Con los ojos llorosos, precisó que no hubo tiempo ni de sacar ropa ni mucho menos, electrodomésticos u otros elementos necesarios para su día a día.
“Sí, todo se me fue con la creciente. No quedó nada. Desde que llegué aquí hemos recibido ayuda. Gracias al alcalde Kerguelén y a la gente que nos ha ayudado, que la verdad han estado 10/10. Tenemos desayuno, almuerzo y cena. También nos han dado las cosas de mi hijo: pañales, toallitas húmedas, colchonetas, sábanas… todo”, indicó.

Ibarra contó que solo espera poder ir a su vivienda situada en el barrio Las Palmas en el margen izquierdo de Montería. “No, todavía no he ido. El agua no ha bajado y no puedo regresar porque tengo dos niños pequeños. Es muy triste. No puedo ir hasta que se seque bien para poder entrar”, dijo.
Y es que a pocos metros de esta mujer, está David Reyes junto a su familia, un vendedor informal que también lo perdió todo y al que el agua le llegaba a los hombros. Dijo una y otra vez que está vivo de milagro.
“Nosotros llegamos desde el viernes en la noche y ya hoy es martes. Es decir, llevamos aproximadamente cinco o seis noches aquí en el albergue. La situación es bastante compleja acá en Montería”, contó.

Al hombre se le nota bastante cansado de todo el trajín que viven en estos sitios. Recordó que la creciente llegó en medio de la cotidianidad. “En ese momento estábamos en la casa cuando recibimos la noticia de que venía una creciente. Pero, como pasa muchas veces, uno piensa que es algo normal, que no va a causar una tragedia. Lamentablemente, no fue así: el agua se nos vino encima y quedamos completamente inundados”, detalló.
En ese momento lo único que pensaron fue salvarse y lo demás podía esperar. Hoy, esta familia quedó sin nada. “En ese momento uno no tiene oportunidad de coger nada. Lo primero que uno piensa es en la familia, en los niños. De esa manera fue que salimos, prácticamente con lo único que teníamos puesto. Todo quedó allá. Y con esta situación que se vive hoy en Córdoba y en el país, donde hay muchos dueños de lo ajeno, pues uno también teme que las cosas que quedaron tomen otro rumbo”, añadió.

La seguridad en Montería no es la mejor, pues los dueños de lo ajeno han intentado hacer de las suyas, pero las autoridades han intervenido sus acciones.
“Quedamos sin nada. Y mire cómo está la situación: por seguridad, las autoridades no nos permiten regresar a las casas a ver qué quedó, si es que quedó algo. La verdad, no sabemos nada de nuestras viviendas”, sostuvo.
Mientras los albergues se llenan de familias damnificadas, la ciudad intenta reponerse económicamente y las autoridades buscan soluciones a esta crisis sin precedentes que hoy vive Córdoba.
