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| 1/26/2019 3:13:00 PM

Ocho pistas clave del ataque terrorista en Bogotá

SEMANA revela datos desconocidos y fundamentales de la investigación por el carro bomba en la Escuela General Santander.

Ataque terrorista del ELN en Bogotá: pistas para entender qué pasó El ataque dejó 21 cadetes muertos y más de 70 heridos.

La fecha del 17 de enero de 2019 quedó escrita con sangre en la historia reciente de Colombia. A las 9:32 de la mañana un carro bomba estalló en la Escuela de Policía General Santander. La detonación produjo un saldo de 21 alumnos muertos y más de 70 heridos. Menos de 24 horas después las autoridades revelaron que el autor material era un curtido experto en explosivos del ELN llamado José Aldemar Rojas, conocido con los alias del Mocho o Kiko. Tres días más tarde esa guerrilla reconoció su responsabilidad en el ataque terrorista.

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Con el autor material y los responsables de dar la orden identificados, la investigación siguió adelante para dar con todos los responsables del sanguinario acto. Las labores adelantadas por la Sijín, Sipol y Gaula de la Policía Metropolitana de Bogotá, junto con Dijín, Dipol y la Fiscalía, les permitieron establecer el complejo entramado que el ELN planeó para el ataque, en el que habrían participado al menos una docena de integrantes. Aunque SEMANA se abstiene de revelar aspectos para no entorpecer las investigaciones, muestra algunos de los puntos clave para entender cómo hicieron el ataque.

1. Un año de planeación

Pocos días después del ataque las autoridades encontraron la bodega en donde los terroristas armaron el carro bomba en el sur de Bogotá. Allí había algunas canecas iguales a las que transportaba la camioneta, cuyos fragmentos quedaron en el sitio de la explosión junto a los restos del vehículo. Alias el Mocho había alquilado este lugar en septiembre de 2018. Sin embargo, los investigadores descubrieron que en enero del año pasado este hombre había tomado en arriendo otra a menos de un kilómetro. Esto evidencia que empezaron a gestar el plan criminal por lo menos un año antes del ataque.

2. El hombre del overol

El primer capturado por el caso se llama Ricardo Carvajal. Semana.com reveló que la Fiscalía había interceptado una conversación en la que este hombre le dijo a un amigo poco después de la detonación: “Pusimos la bomba en la General Santander, nos tocó encaletarnos”. Carvajal y su familia han negado cualquier vinculación. El jueves pasado Gustavo Petro en su cuenta difundió una supuesta carta de este hombre en la que insistía en su inocencia y afirmaba, entre otras cosas, que dijo esa frase como un “chiste de mal gusto”. Ese audio se conoció porque meses atrás el CTI había interceptado varias líneas, en medio de una investigación contra una red de distribuidores de droga en el centro de Bogotá. Carvajal conversó justamente con el jefe de esa banda, por lo cual quedó grabado. Sin embargo, esa frase no es la única razón por la que un juez lo envió a la cárcel. Varios testigos y vecinos de Carvajal contaron a las autoridades que lo vieron en varias oportunidades entrar vestido con un overol a la bodega donde armaron el carro bomba. Otros también lo identificaron mientras ingresaba incluso a la primera bodega alquilada en enero de 2018. Las autoridades encontraron esa prenda en los allanamientos a su vivienda. Adicionalmente, los registros de ubicación de su celular señalan que Carvajal estuvo en la bodega del carro bomba en donde coincidió con otros de los involucrados.

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3. “Anoche armamos el carro bomba y lo detonamos hoy”

Carvajal no fue el único personaje que quedó grabado en audio mientras hablaba del ataque terrorista. Una segunda persona relacionada con él, cuya identidad SEMANA se abstiene de revelar, también se refirió al tema. Se trata de un hombre que pocas horas después de la detonación llamó a un conocido a quien le dijo: “¿Sí vio noticias? Anoche armamos el carro bomba y lo detonamos hoy”.

4. Las motos y el cojo misterioso

En las imágenes, reveladas por la Fiscalía, sobre el recorrido de la camioneta bomba Nissan Patrol por Bogotá, se observa a un hombre y una mujer que escoltan en una moto al vehículo. Posteriormente, los investigadores detectaron una segunda moto que iba adelante con un solo hombre. Poco antes de ingresar a la Escuela General Santander la Nissan se detiene. El conductor desciende y alias Mocho pasa al lugar del chofer. Quien se baja es un hombre joven con una leve cojera, que se sube a una segunda motocicleta que lo esperaba. Los investigadores lograron determinar por medios técnicos que el día del ataque las motos partieron al mismo tiempo con la Nissan desde la bodega en donde armaron la bomba en la camioneta.

EN VIDEO: El recorrido del carro bomba para llegar a la General Santander

5. Como Pedro por su casa

El fiscal general, Néstor Humberto Martínez, afirmó que, según los testimonios de los guardias, la camioneta bomba ingresó de forma violenta y veloz. Sin embargo, los videos revelados por la propia Fiscalía demostrarían otra cosa. La Nissan llegó a las 9:28 de la mañana a la puerta. Permaneció recorriendo varias calles de la academia de Policía durante 3 minutos y 33 segundos antes de explotar. Se desplazó a una velocidad máxima de 20 kilómetros por hora. Ese lento andar, así como el hecho de que no hubo maniobras bruscas y alias el Mocho solo tuvo que girar el timón en cuatro curvas antes de la detonación explican, en parte, por qué un hombre con una sola mano pudo conducir. En las imágenes se observa que el carro bomba va lentamente sobre la ancha calle principal mientras dos escuadras de cadetes marchan, algunos con armas. Si el carro bomba hubiera ingresado violentamente, era obvio que los uniformados de la entrada y los que se ven en formación habrían reaccionado, lo que no ocurrió.

6. No era un kamikaze

Aunque inicialmente se especuló que alias el Mocho actuó como un kamikaze y se suicidó al detonar el carro bomba, los análisis forenses posteriores parecen indicar que no fue así. Esto se deduce por la posición en la que quedó el torso del terrorista, en la cual es claro que intentó descender del vehículo. Es obvio que, si buscaba bajar, no pretendía inmolarse. Semana.com reveló que en el sitio de la explosión apareció un fragmento del circuito electrónico usado en el atentado. Se trata del control remoto de una alarma, adaptado para activar el artefacto a distancia por radiofrecuencia. Esto permite inferir también que el Mocho tenía la opción de detonar la camioneta a distancia. Pero no es claro aún si el control se activó por error al intentar bajar o si algunos de sus secuaces lo activaron a distancia.

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7. El plan terrorista alterado

Alias Mocho tenía el objetivo principal de detonar el carro bomba justo en la mitad de una ceremonia que se efectuaba en la avenida principal, en la cual participaban más de 200 cadetes frente a algunos de sus familiares. El evento estaba programado para las 9:30 de la mañana. Sin embargo, el día anterior lo adelantaron una hora porque esa mañana en la capilla estaba programado realizar las honras fúnebres de un general. Cuando el terrorista inició su recorrido por la avenida principal, alcanzó a ver las dos escuadras de cadetes que se observan en los videos, pero continuó su marcha en busca de los centenares de cadetes de la ceremonia que ya había terminado. Y al no verlos, desconcertado, dio vueltas en el complejo hasta llegar al lugar en donde finalmente explotó la Nissan. Este sitio está relativamente a poca distancia de una cerca que bordea la Escuela y que da fácil acceso al barrio vecino.

8. Dejar todas las huellas posibles

La rapidez de los primeros resultados tiene que ver con la agilidad y pericia de los investigadores. Pero también con algo que ellos mismos reconocen. Deliberadamente, los terroristas dejaron pistas visibles y obvias para que rápidamente las autoridades concluyeran que el ELN había sido el responsable. Registraron el traspaso del carro bomba a nombre propio de Rojas. No habían robado la camioneta, como suele ocurrir en esos actos, y nunca quitaron o borraron los números de identificación del chasis o del motor, por lo que las autoridades pudieron rastrearla fácilmente. El Mocho alquiló directamente las dos bodegas, y no solo les dio la cara a los propietarios, sino que les exigió autenticar en notaría los contratos de arrendamiento respectivos, como en efecto ocurrió. Estas, entre otras huellas, llevaron a las autoridades a determinar quién estaba interesado en enviar esos mensajes y con qué fin. Se trataba de Gustavo Giraldo, alias Pablito, el hombre más peligroso de esa guerrilla. 

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