Con la muerte del exvicepresidente Germán Vargas Lleras se apaga una de las voces más firmes, documentadas y contradictorias de las negociaciones de paz, sin hoja de ruta clara, con organizaciones criminales.

En sus años como senador de la República fue un durísimo denunciante de las arbitrariedades cometidas por las Farc en la zona de despeje del Caguán, establecida para ese grupo criminal durante el gobierno del presidente Andrés Pastrana.
Eran tiempos de debates con altura en el Congreso y Vargas Lleras era una de las voces cantantes que desnudó las fallas de la fracasada negociación del Caguán.
El 2 de octubre de 2001, encabezó un debate que hoy es considerado como histórico: se refirió al Caguán como un santuario de las Farc con la venia del Gobierno. A esa zona eran llevados los secuestrados, estaba inundada de cultivos de hoja de coca, lavaban dinero y se fortalecían militarmente.

Su debate terminó aumentado la presión contra el expresidente Pastrana que, finalmente, suspendió la negociación luego del secuestro de una avión comercial en el que viaja el entonces senador Jorge Eduardo Géchem.
En el citado debate Vargas Lleras planteó: “en la zona neutral, en poder de la guerrilla de las Farc, se han cometido delitos inadmisibles. De acuerdo con las evidencias, en esos 42.139 kilómetros se han mantenido a 132 secuestrados, de los cuales 17 fueron asesinados allí mismo, incluso después de que sus familias pagaran el rescate”.
Sobre el paraíso para el cultivo de hoja de coca en esta región entregada a las Farc afirmó: “La zona de distensión no es un laboratorio de paz, es un santuario del delito. Se pasó de 10.220 hectáreas de hoja de coca a más de 13.500 en solo 34 meses. Existen pistas para aviones que son usadas descaradamente para el tráfico de armas y estupefacientes ante la mirada impotente del Estado”.

Y también fue duro con el fortalecimiento militar alcanzado por esa guerrilla en el Caguán, sobre esto advirtió que, “no podemos seguir permitiendo que el Caguán sea un Estado dentro del Estado. Mientras el Gobierno se sienta a dialogar en una mesa, las Farc utilizan ese territorio para fortalecerse militarmente, lavar dinero y planear ataques contra el resto del país”.

Durante el Gobierno del expresidente Juan Manuel Santos, en el que se logró el acuerdo de paz con las Farc, Vargas Lleras era el vicepresidente, se dedicó a la infraestructura y obras publicas en el país.
Así fue el encargado de sacar adelante, con éxito, la construcción de 100 mil viviendas gratis para las personas más humildes, así como el último gran salto en infraestructura víal que tuvo el país.
Durante esos años de negociación, Vargas Lleras fue distante y silencioso, no se refería a la negociación que adelantaba el Gobierno del cual formaba parte.

Nuevamente se convirtió en un ácido crítico de estos proceso con la lángida paz total del presidente Gustavo Petro. El desorden, la impunidad, la ausencia de agenda y compromisos claros y el incremento de la violencia en el país fueron parte de las críticas de Vargas Lleras, presentadas de forma particular, especialmente, en la columna que tuvo el El Tiempo, en los últimos años.
Por su enfermedad Vargas Lleras se alejó de la arena política, incluso para muchos quedó en mora de presentarse como candidato en las campaña prfesidencial que se está llevando a cabo.
Pero desde sus columnas hacía duros cuestionamientos. En una de las últimas, publicada en septiembre de 2025 afirmó “en estos tres años Petro empoderó a los narcos, dejó las zonas cocaleras bajo su control y nunca ha mostrado el menor interés en erradicar ni en combatir la producción de coca; no cooperó judicialmente y suspendió la extradición de muy peligrosos delincuentes...prueba de la desbordada tolerancia con que este gobierno maneja sus negociaciones de paz”.
Sin poder ser candidato a las elecciones por sus problemas de salud, marcaba el derrotero de la puja entre entre la continuidad de la fallida apuesta por las negociaciones, o la mano fuerte contra la criminalidad.
“La complacencia con las estructuras criminales bajo la farsa de la ‘paz total’. Estamos en un punto de quiebre y nos enfrentamos a un debate decisivo. De un lado, un sector político encabezado por Petro que quiere sustituir la Constitución para, entre otros objetivos, perpetuarse en el poder; y del otro, un país que valora las libertades y la separación de poderes”, se leía en otra de sus columnas.
Con el fallecimiento de Vargas Lleras se silencia la que pudo haber sido la voz más sólida y documentada sobre los excesos y abusos en las negociaciones de paz durante los gobiernos de Andrés Pastrana y de Gustavo Petro, que ya se encuentra en el ocaso.
