entrevista

Así luchó por vivir el niño que murió en atentado contra CAI de Ciudad Bolívar

Fue la mamá del niño de 12 años quien llegó a auxiliar al pequeño una vez se detonó el artefacto explosivo y vio como luchó por su vida.


El sábado 26 de marzo, en el sur de Bogotá, las sirenas de la patrulla de la Policía sonaban más fuerte que nunca, reflejaban el grito de desespero y ayuda que quería hacer sentir Gloria Buitrago. Dentro del carro uniformado llevaban al hospital de Meissen a Daniel, su hijo menor, de 12 años.

Pasadas las siete de la noche, las disidencias de las Farc detonaron un artefacto explosivo en el CAI de Arborizadora Alta, en la localidad de Ciudad Bolívar.

Todo estaba listo en el hospital. Ya habían avisado de la emergencia, antes de que se bajaran del vehículo ya estaban los médicos esperándolos. “Yo vi cuando alzaron a Dani, cómo se me desangraba”, relata Gloria a SEMANA.

Mientras iba cruzando la puerta de urgencias, recordó qué fue lo que pasó minutos antes, en un intento por entender cómo su niño terminó en medio de la absurda guerra que se libra en Colombia.

“Él estaba jugando en el computador y le pedí el favor que me hiciera un mandado, llevar unas sudaderas de colegio a la tienda ubicada frente al CAI”, explica ella, quien trabaja en la confección de este tipo de prendas.

El niño, inicialmente, se negó, pero luego le dijo a su mamá que ya había terminado lo que estaba haciendo, que no mandara a su hermano, y le insistió que él haría el favor. “Mi niño siempre fue muy atento y le gustaba ayudar”, señala Gloria.

De repente, un estruendo sacudió todo el barrio. “Pusieron una bomba frente al CAI”, fue lo que se escuchó en las calles. Los hermanos mayores de Daniel miraron a su mamá y, sin dudarlo, corrieron a la calle a buscar el pequeño.

“Yo corría, pero siempre miraba hacia atrás, con la esperanza que Dani llegara a la puerta de la casa, pero eso no pasó”, dice la mamá del menor sobre lo que ocurrió un segundo antes de que lo encontrara tendido en el piso, boca abajo, en medio de los destrozos que causó la explosión en las casas de alrededor y de los gritos de la gente confundida.

“Dani, Dani, Dani, yo lo llamaba y no me respondía, estaba inconsciente”, indica Gloria. El hermano mayor se quedó con el niño en sus brazos, mientras ella pedía ayuda a los policías del CAI, quienes, según ella, aún estaban aturdidos. Por la premura, lo subieron a la patrulla.

Una vez entraron al hospital, Gloria no se separó de su hijo. “Vi cómo lo reanimaron en dos oportunidades. Los médicos hicieron todo para salvarlo”, recuerda.

El menor, una vez llegó, presentó un paro cardiorrespiratorio, según describe su mamá. En ese momento, el personal de la salud reaccionó y segundos después Daniel volvió a respirar. “Yo sentí que el alma me volvía al cuerpo”, dijo.

Los médicos les indicaron a sus padres que necesitaban intervenirlo quirúrgicamente para identificar cuáles eran los órganos que le estaban generando la hemorragia y corregir las afectaciones.

Justo antes de cruzar la puerta del quirófano, el pequeño presentó el segundo paro cardiorespiratorio y, una vez más, los médicos lograron revivirlo.

Durante la cirugía, los padres del menor permanecieron en la sala de espera, en cadena de oración con los demás familiares y amigos, cada uno desde sus casas. Los especialistas les indicaban que, pese que estaban haciendo todo lo posible para salvar al niño, eran pocas las esperanzas de que sobreviviera. A esa mínima probabilidad se aferraron.

El niño salió del quirófano, fue llevado a una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y 15 minutos después presentó el tercer paro. El medicó salió y les explicó a los padres todo lo ocurrido. “Cuando él agachó la cabeza y quedó en silenció, entendí todo”, dice Gloria con un nudo en la garganta.

Sabe que quienes cometieron el acto terrorista, ni las palabras de aliento le van a devolver a su pequeño, pero pide justicia, sin odios, pero con la certeza de que actos como estos no se pueden seguir repitiendo.

Gloria y su familia han estado en homenajes, diligencias con la Fiscalía, los investigadores, los tramites fúnebres, pero teme lo que pase mañana, cuando despida por última vez a su hijo y comprenda el verdadero significado de la soledad.

Asegura que solo espera que desde donde esté el niño, le dé la fuerza y el ánimo que siempre le dio para salir adelante. “Cuando me veía llorar me abrazaba y me secaba las lágrimas, no le gustaba verme triste. Era un hijo incondicional”, recuerda.

No entiende por qué Dios decidió llevárselo tan pronto, pero le agradece por el tiempo que le permitió compartir con un niño que llenó de alegría la casa, el colegio, del que hoy todos recuerdan su sonrisa, sus bailes y la empatía que tenía con toda la comunidad.

Daniel es uno de los niños que murió durante el ataque terrorista; la pequeña Salomé, de cinco años, falleció en la mañana de este lunes.

Las autoridades ofrecen 300 millones de pesos a quienes den información sobre el paradero de los responsables.