La mañana del terremoto que sacudió el Eje Cafetero y buena parte del país comenzó como cualquier otra para el periodista Juan Francisco Molina. Se encontraba en una casa campestre en la vía entre Pereira y Armenia junto a su pareja, Mariana, cuidando dos mascotas mientras celebraban su cumpleaños. A las 7:34 de la mañana todo cambió.
“Fue un movimiento de una magnitud que yo nunca había sentido”, recordó Molina en entrevista con SEMANA. Apenas comenzó el temblor, ambos salieron de la vivienda con los perros que se encontraban allí. Una gata, asustada por el movimiento, escapó y desapareció durante varias horas.

Aunque la casa no sufrió daños estructurales graves, el panorama que encontraron al dirigirse hacia Pereira fue cada vez más inquietante. “No había señal. No podíamos comunicarnos con nuestras familias. En la medida en que nos acercábamos a Pereira, empezamos a ver casas caídas, edificios colapsados y muchísima destrucción”, contó.
La incertidumbre alcanzó su punto máximo cuando divisó a lo lejos el edificio Invico, donde vivían sus padres, su hermana y él mismo. “Vi los daños del edificio y me temí lo peor. Pensé que el edificio se había venido abajo y que mis papás y mi hermana no habían logrado salir”, relató.
Molina asegura que nunca había experimentado físicamente una sensación semejante. “Siempre había escuchado esa expresión de que a uno le tiemblan las piernas del susto, pero nunca la había vivido. Ese día la sentí”.

Minutos después logró encontrar a su madre y a su hermana a salvo. Más tarde confirmó que su padre también estaba bien. El alivio llegó en medio de una ciudad golpeada por la tragedia.
Aunque su familia logró salir sin lesiones, el apartamento donde vivían quedó inhabitable. Según explicó, parte de la estructura superior del edificio colapsó sobre niveles inferiores, dejando una imagen que se convirtió en uno de los símbolos de la devastación causada por el terremoto en Pereira. “Era un lugar muy acogedor, muy bello. Nosotros sentíamos que era nuestro hogar. Verlo así ha sido muy duro”, afirmó.
Las autoridades permitieron inicialmente el ingreso por pocos minutos para recuperar algunos objetos personales esenciales. Posteriormente, se prohibió completamente el acceso al inmueble mientras continúan las evaluaciones técnicas. La familia se refugió en un hotel propiedad de sus padres, que sufrió daños menores y pudo seguir funcionando como lugar de resguardo.

Sin embargo, Molina asegura que la pérdida material quedó rápidamente opacada por la magnitud de la tragedia que observó en las calles. “Uno empieza sintiendo tristeza por la casa, por lo que perdió, pero luego recorre la ciudad y entiende la dimensión de lo ocurrido. Hay edificios que colapsaron completamente, negocios destruidos, personas fallecidas y desaparecidas. Entonces aparece sobre todo el agradecimiento por estar vivos”.
En medio de la emergencia ocurrió algo que sorprendió profundamente al periodista. Antiguos compañeros de trabajo de SEMANA, colegas de la productora de pódcast Naranja Media y amigos de distintas etapas de su vida comenzaron a organizar campañas de apoyo para ayudar a su familia.
“Empecé a recibir mensajes de personas con las que no hablaba hace mucho tiempo. Eso me conmovió muchísimo”, explicó.

Poco después se puso en marcha una colecta económica destinada a ayudar a cubrir gastos inmediatos, reparaciones y necesidades derivadas de la emergencia. La respuesta superó cualquier expectativa. “Llegó muchísimo más de lo que yo imaginaba. Incluso aportaron personas que no conozco. Veía nombres que honestamente nunca había visto y aun así decidieron ayudarnos”.
Molina aseguró que el respaldo económico ha significado un enorme alivio para su familia en medio de la incertidumbre. “Todo suma. Es cuando uno realmente entiende que cualquier ayuda, por pequeña que parezca, hace una diferencia enorme”.
Por eso, más allá de su caso particular, el periodista quiso enviar un mensaje de agradecimiento y hacer un llamado a mantener la solidaridad con los miles de afectados. “La ciudad está muy devastada. Y no solo Pereira. También hay afectaciones enormes en otras zonas como Cali, Armenia, Manizales y Chocó”, señaló.

A su juicio, las contribuciones económicas son fundamentales, pero también lo son los mensajes de apoyo, el acompañamiento emocional y las ayudas destinadas a animales rescatados. “He visto muchísimas personas llevando comida para perros y gatos, apoyando refugios y albergues. Todo eso también es muy importante”.
Molina insiste en que nadie debe pensar que su aporte es insignificante. “A veces uno cree que no tiene mucho para dar y por eso se inhibe, pero no es así. De verdad que cualquier ayuda ayuda”.
Las donaciones a Juan Francisco Molina se pueden hacer a la llave @molina0300 o a la cuenta de ahorros Bancolombia número 8572 6591 801.
