Con la bandera tricolor de siete estrellas sobre sus hombros y el maquillaje de su más sagrado símbolo patrio en el rostro, las hermanas Inés y Mariángel García Piña, de 20 y 22 años, celebran la noticia de la caída de Nicolás Maduro en Venezuela.
Ambas se encuentran en la Plaza de Lourdes, en la localidad de Chapinero, en Bogotá. Están a miles de kilómetros de su tierra natal, pero eso no les impide expresar la felicidad por el restablecimiento paulatino de la democracia en su país.

Las acompaña su papá, William García, de 64 años, un economista que durante más de dos décadas estuvo al frente de una planta metalúrgica en la ciudad industrial de Valencia, en el estado Carabobo, y que fue expulsado por la crisis migratoria de su país a mediados de 2018.
“Después de vivir en un país que se percibía el desarrollo y la calidad de vida como clase media, fuimos desplazados de forma forzada con nuestras familias por la crisis humanitaria. Gracias a Colombia logramos un cupo en un colegio y gracias a Dios ya son estudiantes universitarias”, contó el migrante venezolano, visiblemente alegre porque “soplan vientos de cambio” en el vecino país.

“Estamos aquí para gritar un poco de alegría, es fuerte para muchos migrantes no contar ni siquiera con los documentos para poder retornar a Venezuela”, completó el venezolano, que recuerda con nostalgia cómo en la época dorada de su país logró exportar aluminio hacia Estados Unidos.
Los ojos se le mojan a Inés García, estudiante de medicina, cuando recuerda que no tiene una cédula venezolana. “No existo en mi país”, se lamenta.

“Estaba muy incrédula con la noticia porque es mucho lo que yo he llorado estos años porque no crecí en Venezuela. He perdido a mi abuelo y a mi nana y no los pude despedir. Quiero volver a ver a mis amigos del colegio, a mi familia. También tener la oportunidad de ayudar a mi gente venezolana como médico, estoy muy agradecida con Colombia”, dijo conmovida.
A su hermana Mariángel, quien estudia química farmacéutica, no le es ajeno ese sentimiento de nostalgia por la tierra en la que nació y a la que espera volver en condiciones.

“Yo me vine muy chiquita y no me explicaron que estábamos emigrando para no pasar hambre, solo como que estaba de vacaciones. Crecí acá en Colombia y ahora tengo muchos sentimientos encontrados por lo que está pasando. Quiero regresar y volver a ver a mi familia”, expresó la joven.
En la Plaza de Lourdes, de la capital colombiana, también se concentraron otras familias de venezolanos que llegaban a la celebración espontánea, como en otros países receptores de la diáspora venezolana, que ya suma casi nueve millones de migrantes y refugiados en el mundo, según la ONU.

El ambiente se llenó de caras sonrientes. Sin embargo, el joven Michael Bracho, de 19 años, no puede evitar pensar en que aún su país no es libre completamente porque solo fue capturado Nicolás Maduro, y en Miraflores continúa dando órdenes Delcy Rodríguez, apoyada por su hermano Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello.
Sigue la lucha
Daniel Navarro Luna, miembro de la organización Vente Venezuela en Bogotá, envió un mensaje a nombre de María Corina Machado a los migrantes venezolanos.
Aseguró en medio de la multitud que la lucha continúa y esperan que se restablezca paulatinamente la democracia en Venezuela. Les pidió paciencia, más fuerza y resistencia para que todo el proceso de transición se concrete de la mejor manera posible y bajo el marco del respeto de los derechos humanos y la institucionalidad.
El vocero confirmó que sigue abierto el canal de comunicación entre la líder opositora y Marco Rubio y que por ahora no se sabe cuándo podrá Machado regresar a Venezuela.

“El mensaje de María Corina es de esperanza y de paciencia, vamos paso a paso. Hemos cumplido con todos los pasos para retornar a la democracia”, puntualizó Navarro.
