Los elementos materiales probatorios recopilados por la Fiscalía General de la Nación permitieron judicializar a Racifo Jesús Acosta Lizardo, señalado de agredir a su empleadora en el interior de una pastelería de la localidad de Usaquén, en Bogotá. Los hechos ocurrieron la noche del pasado 23 de julio, cuando el procesado habría reclamado el pago anticipado de su salario. Ante la negativa de la mujer, presuntamente la golpeó hasta hacerla caer y luego la llevó a una zona menos visible del establecimiento, donde continuó atacándola y la amenazó.
Los llamados de auxilio alertaron a personas que se encontraban en los alrededores y acudieron a ayudarla. La víctima fue trasladada a un centro asistencial para recibir atención médica. Las evidencias obtenidas permitieron a la Fiscalía solicitar una orden de captura contra Acosta Lizardo, que fue materializada el 21 de septiembre en la vía pública en Bogotá. Un fiscal de la Seccional Bogotá le imputó el delito de homicidio en grado de tentativa. El procesado no aceptó el cargo y una juez de control de garantías le impuso medida de aseguramiento en centro carcelario.
El mediático caso se remonta a julio de 2026, cuando la mujer denunció públicamente lo que pasó y mostró las imágenes de la cámara de seguridad.
María Quevedo, dueña de la pastelería Rü Patisserie, ubicada en Usaquén, en el norte de Bogotá, habló del episodio que ocurrió con Jesús Acosta Lizardo, ciudadano venezolano que la golpeó y cuya agresión quedó registrada en imágenes que conmocionaron al país.
De acuerdo con Quevedo, los hechos quedaron grabados por las cámaras de seguridad de la pastelería. En estas se observa cómo, tras una conversación, el sujeto decidió agredir brutalmente a la mujer, arrastrarla por el piso y luego tocarse el pecho una vez que quedó encerrado en el local.
Según Quevedo, ella contrató a Acosta Lizardo y él llevaba una semana trabajando allí; tan solo eso duró en el cargo, con el fin de que fuera un “jalador”, es decir, una persona que saliera a la calle a instar a los transeúntes a entrar a la pastelería. Durante esos días, dijo ella, él intentó tocarla de manera indebida y llegó a decir, incluso, que lo hacía accidentalmente porque el lugar era pequeño. “Me decía ‘usted está muy bonita’, justificando que el lugar era pequeño, para rozarme con su cuerpo. Más que el tema del dinero, al señor se le cruzó un cable por el freno que le puse”, aseguró la mujer.

“Yo no estaba terminando la relación laboral (como se llegó a decir). Veo que está muy inconforme y me dice: ‘Si quiere, no vuelvo’. Y le dije: ‘Perfecto, no vuelva’. Empezó a exigir su pago de manera inmediata”, agregó Quevedo, al señalar que dicho monto, por concepto de liquidación, no llegaba a 300.000 pesos colombianos y, menos, dijo, cuando en tan poco tiempo él pidió adelantos de dinero.
“Es una persona extraña”, aseguró la mujer, al señalar que lo contrató, tal vez sin percatarse de quién era, por su intención de contar con alguien que le llevara gente a la pastelería.

Al ser consultada sobre el método de contratación del ciudadano venezolano, Quevedo dijo que hizo una convocatoria a través de Facebook y fue entonces cuando él llegó, alegando que era colombiano. Ella lo contrató y permaneció siete días en el cargo, hasta que ocurrió la golpiza que el país conoció.
La mujer aseguró que, cuando el sujeto la arrastró, mientras la golpeaba, ella decidió “patear la cristalería” del lugar con tal de obtener la atención de alguien. “Y funcionó. Llegó mi arrendador, el dueño de la casa, con su esposa. De lo contrario, estaría muerta”.
Luego, dijo, cerraron entre todos la puerta de seguridad; ella salió de la pastelería y el agresor se tocó el pecho mientras descansaba tras la golpiza que le propinó a la mujer. Fue en ese momento cuando lo dejaron encerrado mientras llegaba la policía. Para sorpresa suya, las autoridades lo dejaron libre. “Consideraron que fueron lesiones personales y no intento de feminicidio”, aseveró la mujer, al agradecer las voces de solidaridad, especialmente las de Carlos Fernando Galán, alcalde de Bogotá, quien se mostró indignado por la decisión de dejar en libertad al sujeto.
Frente a las denuncias de Jesús Acosta, según las cuales ella, como jefa, es una mala persona, Quevedo aseguró que sí ha tenido inconvenientes con algunos empleados, pero nada justifica una agresión de tal magnitud. “Habíamos tenido problemas con la persona del aseo”, aseguró Quevedo, al insistir en agradecer la solidaridad recibida.
