No han pasado 24 horas desde que se conocieron los resultados de la primera vuelta electoral, en la que salió favorecido Abelardo de la Espriella, con 10.361.499 votos, y el país ya empieza a transformarse.

El presidente Gustavo Petro y el candidato del partido de Gobierno, Iván Cepeda, cuestionaron los resultados del preconteo y plantearon dudas sobre la transparencia del proceso electoral.
Las declaraciones de ambos dirigentes, uno como jefe de Estado y el otro como candidato presidencial, generaron reacciones en distintos sectores. En Bogotá, por ejemplo, han circulado mensajes de grupos afines a la izquierda radical que plantean posibles movilizaciones en caso de que los resultados finales no favorezcan al candidato del Pacto Histórico.

La situación no es nada distinta a lo que hacen los grupos al margen de la ley en zonas periféricas del país, golpeadas por el conflicto armado, al coaccionar el voto de ciudadanos en favor del candidato de izquierda. Esa situación no es ajena a la realidad. Incluso, el mismo Iván Cepeda lo denunció durante la primera fase de su campaña presidencial.
Pero, regresando a Bogotá, el panorama de las próximas semanas podría ser crítico. El grupo radical de la Primera Línea, que protagonizó el estallido social de 2019 y que desde entonces ha desatado una ola de desmanes, crímenes, actos terroristas y presiones sobre la seguridad de la capital del país, volvió a la escena política con una amenaza clara: “Si la situación se pone muy difícil, pues volvemos a las calles”. El mensaje estuvo acompañado de una fotografía del estallido social.

Por otro lado, otro de los grupos convocó a una movilización denominada “pedagogía contra el fascismo”. Se llamó a los partidarios de esta idea a reunirse en la plaza del Che, en la Universidad Nacional, y, como decía su publicidad, a tomarse el transporte público de la ciudad y bloquear las principales vías. La consigna: “La Nacho se moviliza contra el ascenso electoral del fascismo”.
En otra de las convocatorias, firmada por “jóvenes preocupados”, se llamó a simpatizantes de la izquierda a tomarse el espacio público de las inmediaciones de la estación de TransMilenio del Museo Nacional para sostener una “reunión de emergencia” para planear “la campaña de segunda vuelta de Iván Cepeda”, porque, según sus predicamentos, “no es momento de analizar, es momento de actuar”.

Ante el panorama, las autoridades de Bogotá han encendido todas las alarmas y han desplegado los protocolos necesarios para resguardar la seguridad de la ciudad y garantizar que las próximas tres semanas de contienda electoral se vivan en paz en la capital.
Sin embargo, el mensaje de los grupos radicales es una amenaza directa a la estabilidad de la ciudad, una amenaza al electorado y una alerta sobre lo que podría pasar en las principales ciudades del país luego de los resultados finales del 21 de junio.
