La construcción del Metro de Bogotá tiene otra cara que pocas veces aparece cuando se habla del avance de la megaobra: la enorme cantidad de residuos que genera.
Solo en los primeros cinco meses de 2022, el tramo 1 produjo 168.502 metros cúbicos de residuos de construcción y demolición, según datos entregados por la Empresa Metro de Bogotá.

Una montaña de residuos detrás de la megaobra
El volumen registrado durante esos cinco meses representó un promedio de 56.167 metros cúbicos de residuos al mes.
Según explicó entonces la Empresa Metro de Bogotá a El Tiempo, la mayoría provenía de la demolición de predios, la adecuación del terreno del patio taller y la construcción del intercambiador vial de la calle 72.
Es importante precisar que esta cifra corresponde a ese periodo de 2022 y no representa el total de residuos generados por la Primera Línea desde el inicio de la construcción.
El manejo de estos materiales representa un desafío para la ciudad debido al volumen que producen las grandes obras.
En Bogotá, los residuos de construcción y demolición, conocidos como RCD, deben ser separados, transportados y llevados a sitios autorizados para su disposición o aprovechamiento.
La información oficial del Distrito muestra que existe otra posibilidad: aprovechar parte de esos materiales y reincorporarlos al ciclo de construcción.
Un estudio ambiental realizado por el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) en 2015 planteó que determinados residuos provenientes de las excavaciones del proyecto podían utilizarse para fabricar prefabricados de urbanismo.
Entre ellos, ladrillos tipo tolete, bordillos y sardineles, bajo la propuesta denominada Ladrecos Metro.
Ese mismo estudio estimó en ese momento que las excavaciones asociadas a 25 kilómetros de túneles generarían 9,8 millones de metros cúbicos de RCD.
Esta cifra es una proyección del estudio de 2015, no un balance actual de los residuos producidos por la obra que se ejecuta hoy.
El análisis también encontró diferencias en los materiales según las zonas.
Los suelos arcillosos entre el portal Américas y la estación Lourdes fueron identificados como posibles insumos para prefabricados.
Mientras tanto, otros materiales entre la avenida Chile y la calle 127 tenían potencial para utilizarse como agregado, base, subbase o recebo.

¿Y dónde terminan los escombros?
Los residuos que no son aprovechados deben seguir una ruta de disposición autorizada.
La Empresa Metro ha explicado que los materiales eran trasladados a empresas autorizadas para su disposición final y que otros RCD susceptibles de tratamiento podían llegar a centros de aprovechamiento.
Así, no todos los escombros son necesariamente basura. Dependiendo de su composición y de sus condiciones técnicas, algunos pueden convertirse nuevamente en materiales útiles para la construcción.
La otra cara de la megaobra, entonces, no está solamente en las toneladas de material que deben salir de sus frentes de construcción.

También está en el desafío de convertir los residuos que todavía tienen utilidad en nuevos materiales para seguir construyendo Bogotá.
