SEMANA: ¿Cuál es el balance de seguridad de 2025?
GENERAL GIOVANNI CRISTANCHO: En 2025 tuvimos una reducción importante en la mayoría de los delitos. Hubo disminución en los hurtos frente a las denuncias, reducción en el homicidio en 41 casos y disminución en la extorsión, que es un delito de alto impacto. Desafortunadamente, la violencia intrafamiliar se pierde en las estadísticas por la forma en que se mide, y también las lesiones personales, sobre todo las relacionadas con intolerancia. Lo mismo ocurre con el secuestro, particularmente por el tema del ‘paseo millonario’. Antes, el paseo millonario no se tipificaba como secuestro, sino como hurto agravado y calificado. Eso cambia las cifras.

SEMANA: ¿Tienen identificadas bandas dedicadas a este delito?
G.C.: Históricamente, se han atacado esas estructuras. Se capturan y se desarticulan, pero con que uno salga en libertad puede retomar la actividad, porque conoce el modus operandi y no necesita gran logística: un vehículo, un taxi y dos o tres personas. Estamos haciendo un análisis de los últimos cinco años para identificar a quienes han quedado en libertad por este delito, para buscarlos y prevenir su reincidencia. El año pasado se desarticularon 597 grupos delincuenciales comunes organizados, con 2.377 capturas y más de 1.200 allanamientos. También se recuperaron vehículos, motocicletas, bicicletas y celulares. En general, tuvimos una contención de casi todos los delitos.

SEMANA: ¿Dónde está la ruptura entre las cifras y la percepción ciudadana?
G.C.: La percepción de inseguridad se genera, en gran parte, por lo que circula en redes sociales. Un hurto que se viraliza genera temor y reacción colectiva. Si preguntáramos directamente a las personas si han sido víctimas, seguramente la cifra sería menor, pero el impacto emocional es muy grande. La gente sale a la calle con miedo por lo que ve en redes. También influye la presencia de habitantes de calle. Verlos en parques y esquinas genera sensación de inseguridad. El año pasado tuvimos menos homicidios asociados al hurto, pero el miedo persiste. El fleteo ocurre a diario, no lo podemos negar, pero si se compara con el número total de transacciones bancarias, el porcentaje es mínimo. Eso no justifica el delito, pero ayuda a dimensionarlo. La ruptura también está en que este no es solo un problema de la Policía. El año pasado capturamos 29.000 personas; 6.700 por hurto y solo el 9 por ciento quedaron con medida de aseguramiento. Esto no es culpa de jueces o fiscales, sino de las normas vigentes, especialmente las relacionadas con la menor cuantía.
SEMANA: ¿Por qué los hurtos son cada vez más violentos?
G.C.: No lo digo solo como policía, sino como bogotano. Hoy las costumbres y la violencia en Bogotá son diferentes. Hay que decirlo, la llegada de extranjeros ha traído modos operativos más fuertes. Antes se amenazaba; hoy se busca generar miedo primero. Hemos visto extorsiones, lanzamientos de granadas por no pagar, ataques con armas blancas y otros hechos más violentos. También influye el consumo de sustancias psicoactivas, que hace que las personas pierdan el control. Además, hay una especie de competencia entre delincuentes por demostrar mayor violencia.

SEMANA: ¿Cómo está hoy el mapa criminal de Bogotá?
G.C.: No hay un grupo que domine toda la ciudad. Hay presencia de estructuras como el Tren de Aragua, Satanás y otros grupos en localidades como Santa Fe, Kennedy, Chapinero, Bosa y Ciudad Bolívar. Tenemos identificados alrededor de 80 grupos delincuenciales organizados para intervenir en este semestre. Trabajamos con la Fiscalía en operaciones planificadas por cuatrimestres. Cada localidad tiene dinámicas propias y grupos diferentes. El fenómeno es fragmentado.
SEMANA: ¿Cuáles son las estrategias de seguridad para 2026?
G.C.: La principal preocupación ciudadana sigue siendo el hurto en todas sus modalidades. Por eso, la estrategia apunta a mitigar varios fenómenos al mismo tiempo. Trabajamos con la Alcaldía, la Secretaría de Seguridad y las alcaldías locales. Fortalecemos lo que no funcionó y mantenemos una línea preventiva basada en análisis criminal y control de la convivencia. Hemos incrementado los traslados por protección: en 2024 fueron 14.521 y en 2025 superaron los 51.000. Esto contribuyó a la reducción del homicidio al permitir mayor control sobre situaciones de riesgo.

SEMANA: ¿Qué estrategias están planteando para enfrentar los focos del delito?
G.C.: Estamos trabajando en generar cierres definitivos de negocios donde se presentan delitos y en revisar expedientes recurrentes. Hay lugares que tienen puertas blindadas desde hace años, lo que indica que allí se mueven dinámicas criminales. No vamos a permitir que eso continúe y vamos a trabajar para mitigar el problema. El principal problema que tiene Bogotá en materia de hurtos es el consumo de sustancias. Si hay hurto es porque quieren consumir; si hay lesiones u homicidios, muchas veces son por ajustes de cuentas. Este es el fenómeno principal. En Bogotá tenemos muchos lugares identificados, pero hay sitios que históricamente han tenido seis, siete u ocho allanamientos. Eso requiere un trabajo permanente.
SEMANA: ¿Cómo será el dispositivo de seguridad para las elecciones?
G.C.: Para el plan democrático tendremos 11.000 policías, 1.083 puestos de votación, 17.988 mesas y un potencial electoral de 6,2 millones de votantes. Además, tendremos un dispositivo especial porque Bogotá es la ciudad donde más eventos de campaña se realizan. Estamos acompañando estos eventos y activando centros de información e inteligencia para verificar posibles amenazas. Tenemos un grupo de inteligencia dedicado a la búsqueda y recolección de información. Cubrimos la seguridad de candidatos y precandidatos. Sabemos que existe una amenaza importante y trabajamos para evitar que se repitan hechos violentos como los del año pasado.
SEMANA: ¿Qué información tienen sobre la presencia del ELN en Bogotá?
G.C.: La información la manejan principalmente la Dijín y la Fiscalía. Nosotros realizamos los Centros Integrados de Terrorismo, pero hasta ahora no nos han compartido información específica. Sí hemos evidenciado tendencias de financiamiento del ELN hacia grupos radicales, aunque eso sigue en investigación. No puedo afirmar nada que no esté verificado. Cuando se presentan hechos violentos, aplicamos la norma y se realizan capturas. En el caso de protestas violentas, intervenimos conforme a la ley. Sobre los llamados “semilleros”, no puedo señalar zonas específicas. Hemos notado que las convocatorias no han sido tan fuertes recientemente, aunque Bogotá siempre tiene alertas por la presencia del ELN. Un atentado en Bogotá tiene mayor impacto mediático que en otras ciudades.

SEMANA: ¿Qué tan expuesta está Bogotá a un atentado?
G.C.: El terrorismo es fácil de dinamizar. Tres personas con dinero pueden organizar una acción sin necesidad de grandes estructuras. Ninguna ciudad del mundo puede decir que está libre de terrorismo. Nuestra tarea es prevenir, recolectar información y verificar cualquier señal. Trabajamos con inteligencias de otras regiones como Caquetá, Putumayo, Norte de Santander y Cauca. Cualquier información se verifica de inmediato. En el caso de la Embajada de Estados Unidos, tenemos dispositivos especiales, controles permanentes, inteligencia y policía judicial para detectar riesgos.
SEMANA: ¿Qué relación hay entre el ELN y los grupos radicales en universidades?
G.C.: Hemos encontrado volantes y propaganda vinculada a Camilo Torres. La conexión existe, pero nuestra tarea es investigar sin estigmatizar la protesta social. Los grupos radicales instrumentalizan las universidades. De los capturados, ninguno era estudiante ni trabajador universitario. Muchos estudiantes han denunciado que estas personas los obligan a participar en protestas.

SEMANA: ¿Qué alertas han identificado de cara a las elecciones?
G.C.: Hay alertas contra líderes sociales y algunos candidatos que han denunciado amenazas. En los puestos de votación no tenemos alertas específicas. Bogotá, en este momento, no presenta restricciones para la instalación de mesas.
SEMANA: ¿Qué ocurre con las disidencias?
G.C.: Hubo un intento de atentado contra el CAI Lucero. Capturamos a una persona y logramos determinar que el ataque fue planeado desde el Putumayo. No había una estructura en Bogotá. Estamos articulados con Ejército, Fuerza Aérea y CTI. Tenemos un grupo exclusivo de recolección de información y trabajamos cualquier señal mínima de riesgo.
