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Durante el embarazo, el cuello uterino suele ablandarse de forma progresiva.
Durante el embarazo, el cuello uterino suele ablandarse de forma progresiva. - Foto: Fundación Cardiovascular

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Con esta técnica los médicos santandereanos salvaron un embarazo y ‘reforzaron’ el útero

Cerca de un 2 % de la población femenina mundial podría padecer incompetencia cervical.

Convertirse en mamá es para muchas mujeres un gran sueño, es un etapa, aunque desafiante, llena de sentimientos positivos. Sin embargo, en el camino se pueden presentar dificultades, tal como le ocurrió a Eliana Montaguth, cuando tenía 19 semanas de gestación y los médicos le dijeron que era casi imposible que pudiera completar los nueve meses de embarazo y dar a luz a su primer hijo.

Incompetencia cervical (cuello uterino demasiado corto) fue el diagnóstico que el médico prenatal le dio. Por un momento la ilusión de Eliana de ser madre se derrumbó, no obstante en la Fundación Cardiovascular, en Bucaramanga, logró encontrar la solución para no perder a su bebé.

“Cuando el médico nos dijo lo que pasaba, sentí una tristeza muy grande porque pensé que iba a perder a mi bebé. Me dijo que debía ir a urgencias para intentar salvar mi embarazo con un cerclaje transvaginal, pero por mi condición en ese momento no fue posible”.

Debido a la complejidad del embarazo, Eliana tuvo que ser sometida a una intervención de cerclaje transabdominal, un procedimiento que refuerza el cuello uterino mediante suturas especiales y nunca antes se había realizado en el departamento de Santander, pero que brinda resultados muy positivos.

“Se realiza a pacientes con dicha incompetencia cervical, es decir, la incapacidad del cuello uterino de sostener el embarazo hasta el final, ya que el tejido se va disminuyendo a tal punto que es posible la pérdida del bebé”, explica la doctora Merly Muñoz Espinosa, ginecóloga y obstetra especialista en medicina maternofetal de la FCV.

De acuerdo con expertos de la salud, la incidencia de la incompetencia cervical está entre el 0.1 % al 2 % a nivel mundial y es responsable del 8 % de los partos pretérminos durante el segundo trimestre del embarazo.

El cerclaje transabdominal consiste en realizar un intervención quirúrgica (similar a una pequeña cesárea) “por los dos lados del útero, se libera la arteria uterina para pasar la cinta Mersilene (elemento especial estéril, trenzado y no absorbible) de un lado a otro, se cierra y crea el nuevo cuello uterino”, explica la especialista.

Pese a que fue un procedimiento difícil, Eliana logrará convertirse en madre y ahora se encuentra en su semana 30 de gestación y tanto ella como su bebe están en perfectas condiciones de salud.

“Fue un proceso difícil, la recuperación al principio fue dolorosa, pero gracias a Dios con la Dra. Merly, sentí esperanza de nuevo. Cuando ella me explicó sobre la cirugía, sentí que todo iba a estar muy bien y que pronto tendría a mi bebé en mis brazos. Sigo asistiendo a los controles con la doctora y mi bebé está en perfectas condiciones. Es un niño y no vemos la hora de tenerlo entre nosotros” relata Eliana.

¿Cómo detectar si hay problemas con el cuello uterino?

Es importante conocer que generalmente el cuello uterino es largo, firme y cerrado. Sin embargo, durante el periodo de gestación se ablanda de forma progresiva y se prepara para el parto disminuyendo la longitud de sus paredes.

En algunos casos el cuello puede abrirse antes de tiempo, condición que se conoce como incompetencia cervical.

Para identificar este problema se recurre a la ecografía de cérvix. Si el resultado arroja que el cuello uterino mide menos de 25 milímetros, es necesario tomar acciones si se quiere llevar un embarazo sano y seguro. “Desde el principio del embarazo, en pacientes con antecedentes, se debe realizar una cervicometría o llevar una historia clínica completa para identificar si tienen riesgo de sufrir de esta incompetencia”, asegura Muñoz Espinosa.

Si se confirma la incompetencia cervical se puede manejar con opciones como el cerclaje transvaginal, que se realiza en casos no tan agudos. Este procedimiento, más frecuente, es similar al ejecutado por el abdomen, pero se hace a través de la vagina. Los resultados en ambos casos son efectivos y permiten un desarrollo fetal con normalidad.