Lo que está ocurriendo en el presente año en cuanto a la criminalidad en varias regiones de Colombia es alarmante, según los informes del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).

De acuerdo con esa entidad, con corte al 22 de abril del presente año se han registrado 45 masacres, siendo las tres últimas en solo 24 horas, en hechos ocurridos en Jamundí, donde fueron asesinados cuatro jóvenes a manos de las disidencias de las Farc; en Sabanalarga, Atlántico, con el asesinato de tres personas, y en Mocoa, Putumayo, donde fueron asesinadas cinco personas.
En ese mismo periodo —entre el 1 de enero y el 22 de abril—, en los años 2025 y 2024 las masacres ascendían a 20 y 23 casos, respectivamente. Esto, en comparación con las 45 registradas en 2026, deja al descubierto un crecimiento de más del doble de asesinatos colectivos en Colombia.
Pero la gravedad del asunto no termina ahí; si se compara 2026 con los últimos seis años, el primer trimestre fue el más violento en el país desde que se tiene registro en 2020.
¿Quiénes están detrás de las masacres?
La espiral de violencia en Colombia coincide con el crecimiento y la atomización de grupos armados ilegales como las disidencias de las Farc al mando de alias Iván Mordisco, las que están alineadas con alias Calarcá, así como el ELN y el Clan del Golfo.

En el caso del suroccidente de Colombia, en regiones como Jamundí, Cauca, Nariño y zona rural de Buenaventura, delinquen las disidencias de alias Iván Mordisco, a través de los frentes Jaime Martínez, Franco Benavides y Dagoberto Ramos.
Estas estructuras tienen control total sobre la población civil e, incluso, han impartido manuales de convivencia en los que abundan las multas económicas por transitar con casco o en horas no autorizadas.
Todo esto, sumado a la criminalización del liderazgo social, tiene a las comunidades bajo el fuego de los violentos.
