Entrevista

Habla Jonathan Silva, candidato de Salvación Nacional, libra una lucha contra el cambio de género en Colombia

El candidato a la Cámara de Representantes por Bogotá asegura que se conformará un bloque de derecha en el Congreso, aunque reconoce que el Pacto Histórico podría ser el partido mayoritario, tal como lo indican las encuestas.

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3 de marzo de 2026, 6:18 p. m.
Jonathan Silva, candidato a la Cámara de Salvación Nacional, respalda la propuesta de Abelardo de la Espriella de reducir el Estado en un 45 por ciento.
Jonathan Silva, candidato a la Cámara de Salvación Nacional, respalda la propuesta de Abelardo de la Espriella de reducir el Estado en un 45 por ciento. Foto: Cortesía / API

SEMANA: Usted se hizo conocer en redes sociales y ahora decide aspirar a la Cámara de Representantes. ¿Por qué quiere llegar al Congreso?

Jonathan Silva (J.S.): Hemos dado una lucha contra las clínicas de género en Colombia, como la Clínica Valle del Lili, que lleva desde el 2017 practicando procesos de reasignación de género en menores. A nosotros nos llegó un caso de esa clínica de una chica a la que le hicieron un proceso de reasignación de género siendo menor de edad y todo salió muy mal, al punto de que terminó demandando la clínica. Ese caso nos inspiró a darnos cuenta de que lo que está pasando en Colombia con este tema es muy peligroso. El Gobierno Petro sacó una circular para hacer procesos de género en niños desde los 3 años; nos movilizamos y esta lucha la llevamos dando hace años. Ahora nuestra intención es llegar a prohibir todo esto en el Congreso.

SEMANA: ¿Quiere prohibirlo solo en las personas menores de edad o también la decisión de un adulto que desee cambiar el género con el que nació?

J.S.: Solo menores de edad. Un adulto está en capacidad de tomar esta decisión. Lo que sí pedimos es que, si un mayor de edad decide dar un paso al costado para detransicionar, se le den las garantías médicas, psicológicas y, si es necesario, espirituales para que lo haga. Los mayores de edad pueden hacerlo por el libre desarrollo de la personalidad, pero en los menores no debe hacerse porque es una decisión irreversible y ya está demostrado que estos tratamientos son experimentales y peligrosos.

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SEMANA: Habló de la espiritualidad. ¿Por qué decide que la espiritualidad y Dios sean un componente de su discurso político?

J.S.: Creo que la única forma en que una persona deje la vida trans, o por lo menos la más fuerte, es el tema espiritual. Hay efectos secundarios. Muchas personas deciden detransicionar porque se vuelven codependientes de los fármacos o tienen temas en su salud muy peligrosos y encuentran en la espiritualidad un refugio. Hay iniciativas de ley que han querido prohibir que las personas transgénero busquen apoyo espiritual, a lo que llaman una “terapia de conversión”, un concepto que rechazo. Un adulto que decide cambiar libremente, sin ninguna presión, tiene el derecho a hacerlo.

SEMANA: Entra al movimiento Salvación Nacional, pero también ha enviado guiños al Centro Democrático en sus redes sociales. ¿Usted sí ve probable que esos partidos conformen un bloque de derecha en el Congreso?

J.S.: Es algo probable por la situación del país. La izquierda, si bien tendrá fuerza como lo dicen las encuestas, la derecha va a ser mayoritaria entre Centro Democrático y Salvación Nacional, buscando aliados con algunos sectores del Partido Conservador, la mayoría de Cambio Radical y algunas minorías del Partido Liberal y la U. Con todo esto se va a conformar un bloque de derecha muy fuerte en el Congreso de la República, pero no hay que pelear con las encuestas, y AtlasIntel, para mí, es la encuestadora más acertada porque mostró que Milei y Trump llegarían.

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SEMANA: Se viralizó por una declaración en la que dijo que Dios podría curar la homosexualidad. ¿Por qué piensa que es así? ¿Qué responde a quienes dicen que ese comentario es homofóbico?

J.S.: Tenemos muchos casos de personas homosexuales y transexuales que llegan a nuestras iglesias buscando apoyo espiritual. Falsamente han dicho que en las iglesias se torturan personas y eso es totalmente falso. He visto personas homosexuales que, buscando en la espiritualidad, han logrado dejar esa vida y hoy tienen esposa e hijos. Nosotros no creemos que un homosexual esté enfermo, pero sí creemos que tienen quebrantos en su vida emocional, temas con su paternidad o algunos, no todos, han sido abusados. Entonces, son personas que han encontrado refugio en la espiritualidad. Hay gente que llega a la Iglesia y nunca deja su homosexualidad y no por eso tenemos que cerrarles la puerta de la Iglesia. Hemos visto esos casos en los que Jesús restaura, no solo al homosexual, sino también al que es mujeriego, al que es adúltero, borracho o drogadicto. Pero, evidentemente, una persona tiene la libertad de serlo.

SEMANA: ¿Usted cree en el pecado?

J.S.: Sí, claro. Como cristiano, creo que el pecado existe. El pecado lo cometen quienes asesinan y violan niños, los que se roban el erario público o destruyen su vida con la droga o con una sexualidad desenfrenada. Soy un cristiano que no tiene temor en sus convicciones, pero eso no significa que vaya a llegar al Congreso para utilizar el argumento del pecado para legislar. Cada quien es libre de hacer con su vida lo que quiera, aunque también es cierto que a la Iglesia no le pueden prohibir a todo tipo de personas porque ahora resulta que quieren criminalizar la palabra pecado, como pasó en el proyecto de ley inconvertibles, donde para ellos decir que algo es pecado es tortura y eso es totalmente desfasado.

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SEMANA: ¿Qué otros asuntos de la agenda social actual cree que pueden ser “sanados” con Dios y la Iglesia para generar un cambio en las personas?

J.S.: La Iglesia ha sido un referente en temas de adopción. Hay una gran enfermedad en Colombia, el abandono de niños, y dentro de nuestra propuesta está no solo reformar el ICBF, sino, como lo ha dicho Abelardo de la Espriella, por qué no acabarlo. Abelardo ha dicho que se quiere crear el Ministerio de la Familia y dentro de esa cartera unificar el ICBF. El motivo es que la norma dice que a los niños se les deben restituir los derechos en seis meses, pero el ICBF los está restituyendo en seis años. Un pelado de ocho, nueve, diez u once años es inadoptable para un colombiano. Quien sí lo quiere adoptar es un extranjero, pero lastimosamente el ICBF termina cobrando entre 20 mil y 30 mil dólares para la adopción. Entonces, los extranjeros prefieren irse a otro país. La enfermedad de la orfandad ha sido curada por la Iglesia y el Estado ha estado ausente en estos temas.



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