Política

“Petro como expresidente será una pesadilla”: Carlos Granés, el mejor ensayista de América, describe cómo será el “redentor jubilado”

“Un expresidente es siempre incómodo y aparatoso...Petro, como lo fue Uribe al menos hasta estas elecciones, seguirá siendo uno de los actores políticos más determinantes de la vida pública colombiana”, dice el escritor.

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22 de junio de 2026 a las 4:04 a. m.
"De La Espriella tendrá que lidiar con un presidente poco dispuesto a que alteren su obra", dice Granés sobre Gustavo Petro como expresidente.
"De La Espriella tendrá que lidiar con un presidente poco dispuesto a que alteren su obra", dice Granés sobre Gustavo Petro como expresidente. Foto: PRESIDENCIA / CARLOS GRANÉS

SEMANA: En su exitoso libro El rugido de nuestro tiempo usted dijo que Gustavo Petro, más que gobernar, lo que quiso fue convertirse en un Bolívar planetario y construir una plataforma para cuando dejara el poder. ¿Cómo cree que le irá de expresidente?

Carlos Granés: A Petro, como a todos los redentores latinoamericanos, su país de origen le quedó chiquito. Desde el comienzo de su mandato, sobre todo cuando asistía a foros internacionales, fue evidente que se veía a sí mismo como un líder global con la autoridad moral y la sabiduría cósmica para encauzar el rumbo de la humanidad. Más que aspirar a un cargo internacional, quería convertirse en un referente intelectual de la izquierda, y quizás se veía a sí mismo dando vueltas por el mundo luchando contra el carbón y el petróleo, planificando la economía mundial, aleccionando a los líderes de Occidente o resistiendo a los males de este mundo. Pero después de tantas salidas en falso y de tanto discurso megalómano y delirante, y después de haber acabado en la Lista Ofac y de haberse mostrado como un líder irresponsable, más preocupado por expresar su resentimiento que por cuidar los intereses de Colombia, creo que tendrá que rebajar sus expectativas. Ahora el mundo se le presenta ancho y ajeno, y no tendrá más remedio que seguir su labor aquí o, si acaso, sumarse al Grupo de Puebla.

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SEMANA: En este mundo ancho y ajeno, ¿hay posibilidad de que se quede quieto?

C.G.: Los redentores no se jubilan nunca porque creen ser sujetos providenciales. Petro está convencido de que el pueblo colombiano ha visto en él el instrumento que cambiará la historia de Colombia; algo parecido a lo que pensaba el dictador Rafael Leonidas Trujillo de sí mismo: que Dios le había cedido el testigo para que desde 1930 tomara las riendas de la República Dominicana. Una persona que se piensa en esos términos tiene una misión, y esa misión dura lo que dure su vida. Petro, por eso mismo, no se va a quedar quieto. Aprovechará su capital político y su influencia en ciertos sectores para agitar determinadas causas y para movilizar a sus partidarios.

SEMANA: Con las pistas que ha dado, ¿a qué se puede dedicar?

C.G.: El reto para Petro ahora mismo es mantener unida y motivada a la izquierda. Ese fue su gran éxito político, la unión y la obediencia de la izquierda. No es algo menor, demuestra enormes cualidades políticas que posiblemente no tenga Cepeda. Por eso va a terminar ocupando un lugar muy parecido al de Álvaro Uribe. Los próximos aspirantes a la presidencia de la izquierda tendrán que tener el respaldo de Petro.

SEMANA: El mismo Petro dijo que no será un “viejito cansón” como Uribe.

C.G.: Pero se terminará pareciendo, sin lugar a dudas. Ambos comparten el mismo logro político, que es haberle dado a la derecha y a la izquierda un partido de referencia, una voz y un estilo reconocibles. Eso los convierte en una suerte de padrinos de uno y otro lado, y en gente muy influyente en el día a día de la política. Como dicen en España, seguirá dando la lata.

SEMANA: También descartó ser como Belisario Betancur y dedicarse a escribir poesía.

C.G.: Y es una lástima. A veces fantaseo con la posibilidad de que Petro nunca hubiera entrado a la política y hubiera sido eso, un poeta. Más aún, un mal poeta apocalíptico y cursi, con una vida desordenada y noches eternas de diatribas beodas y delirantes en bares y burdeles. Habría sido mi ídolo, el poeta maldito que le hacía falta a Colombia. Lamentablemente, desestimó ese camino para acabar de presidente.

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SEMANA: La historia le atribuye una frase a Alfonso López Michelsen, y es que los expresidentes son como los muebles antiguos. Puede que se valoren mucho, pero nadie sabe dónde ponerlos. ¿Está de acuerdo?

C.G.: Sí, un expresidente es siempre incómodo y aparatoso. Los más responsables saben dosificar sus apariciones públicas para dejar gobernar a sus sucesores. Pero, insisto, los redentores no se jubilan. Petro, como lo fue Uribe al menos hasta estas elecciones, seguirá siendo uno de los actores políticos más determinantes de la vida pública colombiana.

SEMANA: Gustavo Petro dijo que se dedicará a la constituyente y que lo veremos en las “calles y en las plazas”. ¿Soltará esa bandera?

C.G.: Bolívar siempre decía que él no quería el poder y que la jefatura suprema le caía siempre por azar, sin que él lo quisiera. La verdad es que amaba el mando y por eso se deshizo de los caudillos rivales en Venezuela: intimidó a Santiago Mariño y acabó fusilando a Manuel Piar. Petro comparte con Bolívar el mismo discurso. Dice odiar su cargo y odiar el Palacio de Nariño, pero seguramente muere por volver y la constituyente le daría esa oportunidad. Por eso no creo que vaya a desestimar o a dejar morir esa iniciativa.

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Gustavo Petro. Foto: .

SEMANA: Con Iván Cepeda derrotado, ¿le alcanza para seguir con la constituyente?

C.G.: La izquierda colombiana, al igual que la española, está convencida de encarnar el Bien. Por eso mismo, tanto aquí como en España, cree que el mayor error ético y político que podría cometer es permitir la llegada de la derecha, es decir, del Mal –el fascismo, la muerte– al poder. El juego político es ahora una cuestión existencial: si llega el otro, mi vida está en peligro, será el fin de todo lo bueno. El problema es que esa forma de pensar resulta ser muy poco democrática porque niega la legitimidad de la alternancia. Ante esta paranoia, no es raro que la izquierda se ponga en modo “no pasarán”. Ya no corren a las barricadas, sino a las asambleas constituyentes, que son mecanismos para apuntalar nuevos regímenes que dificultan o directamente impiden la alternancia. La izquierda peruana anda en esas, la izquierda española empieza a acariciar la idea de una refundación republicana y plurinacional, y la izquierda colombiana va en la misma línea. Dudo mucho que a Petro se le vaya esa idea de la cabeza.

SEMANA: ¿Cómo queda Petro en los libros de historia?

C.G.: Será una figura, como todas, con luces y sombras. Se le reconocerá el haber integrado al proyecto nacional a muchos sectores del país excluidos, y se le recriminará que haya dejado sin medicamento y salud a esa misma gente y que su labor de inclusión hubiera supuesto el fin de la meritocracia y del conocimiento experto en las labores de gobierno. Se le reconocerá su liderazgo y su capacidad para convertir a la izquierda en una fuerza política capaz de llegar al poder democráticamente, y se le reprochará no haber desligado su proyecto del nacional populismo, que es potencialmente autoritario y antidemocrático. Se le reconocerá su preocupación real por los desfavorecidos y por la desigualdad y todas las taras sociales –racismo, clasismo, homofobia– que maltratan la vida de los colombianos, y se le criticará la demagogia con la que agitó los odios raciales y de clase en una sociedad fragmentada y violenta como la colombiana. Se le reconocerá que no hubo violencia de Estado durante su gobierno, y se le criticará que entregue un país con múltiples focos de guerra abierta, bandas criminales envalentonadas y poblaciones enteras sometidas. Se valorará su carisma, no se le perdonará su mediocridad; tampoco que por momentos no se hubiera comportado como un mandatario, sino como ese poeta beodo y apocalíptico de mis fantasías. También se dirá que mejoró las condiciones de vida de los trabajadores poniendo en riesgo la salud fiscal del Estado, que no se llevó bien con las otras ramas del poder y que siempre creyó que él era el pueblo y la única voz que lo representaba, pero que al final entregó el poder y hubo un relevo democrático. Se dirá que convirtió la política, sobre todo cuando hablaba en público, en un teatro del absurdo, y que le faltó disciplina y sobriedad. Convirtió la cultura en un nuevo evangelio de la vida y de la paz, cursi y moralista, cuyo legado más visible es el Monumento a la Resistencia en Cali. No construyó infraestructuras relevantes y, aunque lo intentó, tampoco demolió las instituciones del Estado. Pero la historia de Petro no termina aquí. Sus biógrafos todavía tienen trabajo por delante.

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El escritor Carlos Granés asegura que Gustavo Petro se considera un ‘redentor’. Foto: GUILLERMO TORRES REINA

SEMANA: ¿Cómo será Petro ante el triunfo de Abelardo De La Espriella?

C.G.: Para cualquiera de los dos candidatos habría sido una pesadilla. Cepeda se habría visto en serias dificultades para controlarlo y evitar que con sus declaraciones y conductas saboteara su presidencia. De La Espriella tendrá que lidiar con un presidente poco dispuesto a que alteren su obra. Cualquier acción gubernamental que suponga modificar el rumbo impuesto por Petro, sospecho yo, será una excusa para movilizaciones y protestas. Petro se siente mucho más cómodo peleando y criticando que solucionando y construyendo. Y ahora el panorama no puede ser más exaltante para él. Tiene en su antigua morada a un ultraderechista que la izquierda ya graduó de fascista. Eso le da un motivo legítimo para no dejarlo avanzar un paso sin protestas y movilizaciones.