SEMANA: ¿Sofía Gaviria, definitivamente, se va del partido Oxígeno?
INGRID BETANCOURT: Creo que ella filtró su renuncia a los medios. Lo hizo un poco para anticiparse, y nos puso a nosotros, como partido, frente a un hecho cumplido, que se iba con las personas con las que había ingresado a la lista. Respetamos esa decisión.
SEMANA: ¿Gaviria le informó?
I.B.: Ella me ha amenazado con la renuncia desde hace varias semanas. En el partido hemos tratado de dar opciones, abrir canales institucionales para arreglar esto. Al principio, pensé que era una cuestión de forma: las personas se habían quejado por sus subidas de tono, maltrato, insultos y demás. Pensamos que era como un llamado al orden, como decir que en el partido nos respetamos. Uno entiende que en una campaña política se crean tensiones, la gente está nerviosa y eso puede generar discusiones, pero de ahí a que se vuelvan recurrentes las subidas de tono ya estaba preocupando. La lista que armamos al Senado es ejemplar, de personas trabajadoras, profesionales, expertos en sus ramas. Sofía aportó gente muy linda a esta lista y por eso le ofrecí que fuera la cabeza, pero cuando lo hice no imaginé que hubiera detrás un riesgo mayúsculo: la capacidad de conflicto que tiene ella. Después me di cuenta de que esto no solamente fue en el partido Oxígeno. Pasó por el Partido Liberal y dejó unas huellas de este mismo talante.

SEMANA: Sofía Gaviria le dijo a SEMANA que solo podía hablar con usted si retiraba un escrito de quejas en su contra del comité de ética del partido Oxígeno. ¿Qué pasó?
I.B.: El partido y yo siempre hemos estado con las puertas abiertas para hablar con ella. Cada vez que me llamaba, la atendía. Ella, creo, quería hacer una presión para obtener que el partido actuara en función de sus consideraciones. Estaba amenazando, chantajeando con los medios, con su renuncia, y el procedimiento del partido es muy sencillo: cuando hay diferencias, las hablamos. No queremos que esto escale, pero, cuando vemos que hay dificultades insalvables, tiene que haber un registro. Siempre lo hemos hecho para que quede un archivo, porque estas cosas, a futuro, pueden tomar otro rumbo. Eso se envía al Consejo de Control Ético, que es independiente y puede considerar archivar o llamar a las personas, pero ella no aceptó.
SEMANA: ¿Cuándo fue la última vez que habló con Gaviria?
I.B.: Fue en el grupo y fue difícil. Me interrumpió mucho, no quería oír lo que le decía. Tanto fue así que muchas personas del partido me llamaron a decirme que esto había que terminarlo, que no podíamos seguir perdiendo tiempo en un escenario donde ninguna explicación es válida o donde finalmente es lo que ella quiere o nada.

SEMANA: ¿Quiénes más renunciarán?
I.B.: Sofía había traído al partido a una serie de personas. No todos los que trajo renuncian. Hay gente que se queda con nosotros y no está de acuerdo con ella. Los nuestros, firmes. De ella sale su prima, Beatriz Uribe; una mujer excepcional, la queremos mucho, entendemos que se va por lealtad. También Jorge Duque, un señor que entró en la recta final, es de Medellín, y Luis Jaime Salgar, un hombre extraordinario que nos ha ayudado mucho. Nos da tristeza que se vaya.
SEMANA: Y Juan Fernando Betancourt.
I.B.: No lo conozco. Estaba en el puesto 43, fue alguien que trajo Jorge Duque. Él le pidió al partido 50 millones de pesos, y no podíamos darlos. El partido Oxígeno tiene un presupuesto muy limitado. El señor se puso muy bravo y dijo que esa era la promesa que le había hecho Sofía Gaviria. Nosotros no damos plata. Se fue bravo y aprovechó esta coyuntura para sacar las uñas.

SEMANA: ¿Se irán entre cinco y seis candidatos?
I.B.: Sí, de los que yo conozco. Después hubo gente que entró a la lista porque quería ser candidata, pero son personas que, obviamente, no tienen ninguna posibilidad de salir. Pensamos que es una lista que puede elegir 10 personas de 40. Muchos entraron por solidaridad y apoyo.
SEMANA: ¿Le preocupa que el partido Oxígeno no alcance el umbral?
I.B.: Eso preocupa a todos los partidos. Y esa preocupación llega cada cuatro años. Es la regla democrática para todas las colectividades: si alcanzan el umbral, siguen con su personería jurídica. Y, si no, nos toca volver a las calles a recoger firmas y construir nuevamente el partido. Estoy muy confiada porque hemos hecho un trabajo importante.
SEMANA: Sofía Gaviria dice que usted tiene “serios problemas de respeto y convivencia”.
I.B.: Cuando salí de la selva, estuve con un psiquiatra experto en problemas psicológicos y una de las cosas que me enseñó fue que, cuando la gente lo ataca a uno, es porque ataca lo que quiere esconder de sí misma; es un efecto espejo. Eso le ha sucedido a Sofía. Sabe que ha tenido problemas de salirse de tono, de tener palabras desafortunadas, de ser hiriente e injusta. Y no lo ha hecho solamente con la gente del partido, sino con la gente de la calle. A mí me reportaron cómo insultó a un policía porque le pidió su cédula. Esto la llevó a decir: “Usted no sabe quién soy yo”, “Vaya y persiga a los bandidos que están en este Congreso y no persiga a una mujer que está defendiendo a las víctimas”, cuando acababa de violarse los protocolos de seguridad del Congreso. Ella fue senadora y sabe que eso es importante para la gente que está en el Legislativo. Cuando los compañeros de la lista le hicieron el reclamo, ella respondió: “Para que vayan conociéndome”. ¿Qué hubiera pasado si alguien hubiera grabado esa escena y la publica en los medios?

SEMANA: ¿Se arrepiente de haberla convertido en cabeza de lista al Senado?
I.B.: De los errores que cometí fue no haber valorado que ahí podía haber una persona muy conflictiva. No tenía antecedentes. Sí me habían dicho que tenía un carácter difícil. Fue una sorpresa. De pronto me apresuré al ponerla de cabeza de lista, pero debo reconocer que la gente que trajo a la lista es muy buena.
SEMANA: ¿Podría decir que esta es su tercera decepción? Humberto de la Calle, con quien tuvo diferencias, Daniel Carvalho y ahora Sofía Gaviria.
I.B.: He tenido muchas decepciones en mi vida. No son tres, son como 200, gente que lo traiciona a uno. Dos días antes de mi secuestro, en plena campaña presidencial, una persona de mi equipo nos traicionó y se fue con un candidato diferente: Eduardo Chávez. Fue una gran desilusión y me la llevé al cautiverio. Le pongo otro ejemplo más personal: uno se casa con una persona pensando que uno la conoce y solo la conoce cuando se divorcia. Ahí uno se da cuenta si es la correcta o incorrecta. Desgraciadamente, durante muchos años uno puede vivir engañado. En medio de todo, vi todos los lados buenos de Sofía. Tiene muchas cualidades, pero no contaba con ese lado muy oscuro de su personalidad.

SEMANA: En otra arista, ¿cuántos votos sacará La Gran Consulta por Colombia?
I.B.: Aspiro a que saque más de 6 millones de votos. El 8 de marzo es la elección más importante que tiene el país. Esto no es un problema de izquierda o derecha, es una guerra que nos declararon el narcotráfico y el comunismo, que se aliaron, no en Colombia, sino en la región. Esto que nos quieren vender como progresismo es una alianza entre narcos y comunistas que viene de Cuba, Nicaragua y Venezuela para imponernos una dictadura que acaba con nuestros valores y principios. Me parece muy tenaz que Colombia no despierte. Se está cumpliendo el sueño de Pablo Escobar, quien mató a Luis Carlos Galán y llegó al Congreso y quería ser presidente; pretendía que el narcotráfico se tomara el poder en Colombia. Se lo tomó Gustavo Petro con el Pacto de La Picota, desbarataron al Ejército, la Policía, se tomaron el territorio, más de la mitad del país está en manos de estos bandidos que van a obligar a votar por Iván Cepeda.
SEMANA: Recorre el país. ¿Iván Cepeda despierta el fervor que se percibe en las encuestas?
I.B.: No he visto a nadie que me hable de Iván Cepeda. Explíqueme eso. ¿Dónde está la gente de Cepeda? Y le pregunto yo, que voy a todo tipo de sitios. ¿Sabe de quién me hablan? De Juan Carlos Pinzón y Enrique Peñalosa.
SEMANA: Anda por el país. ¿Ya perdió el miedo tras su secuestro?
I.B.: No lo he perdido. Lo he tratado de superar con mucha dificultad. Quería coger la carretera Bogotá-Bucaramanga, parar en los pueblos, ir a San Gil, y mataron a los escoltas del senador Jairo Castellanos. Para mí fue muy doloroso. Y pensé: no puedo hacerle correr riesgo a mi gente. Pierde uno esa posibilidad del contacto.
