El papa León XIV fue diagnosticado este martes,13 de octubre, con un adenocarcinoma pulmonar, un tipo de cáncer que afecta las células del pulmón y cuyo pronóstico depende, entre otros factores, de la extensión de la lesión y de la posible presencia de células malignas en otras estructuras.

Así lo explicó la neumóloga e internista Julie Torres a SEMANA al analizar el procedimiento quirúrgico al que fue sometido el pontífice y los estudios que determinarán los pasos siguientes de su tratamiento.

De acuerdo con la información divulgada por la Santa Sede, durante la intervención se le retiró el lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica de cirugía torácica videoasistida. El diagnóstico de adenocarcinoma se confirmó a través de un examen histológico realizado durante la operación.
Torres señaló que el cáncer de pulmón comprende diferentes tipos y que la denominación inicial del tumor no permite establecer por sí sola todas sus características.
“Este apenas es un nombre; toca buscarle el apellido”, explicó la especialista, al referirse a la necesidad de identificar el subtipo específico del adenocarcinoma.
Según indicó, los estudios complementarios del tejido permitirán determinar con mayor precisión el origen de las células tumorales y aportar información para definir el pronóstico.
La especialista, quien también es investigadora en Samay, señaló que estos análisis pueden tardar alrededor de 14 días, periodo durante el cual se llevan a cabo pruebas adicionales, incluidos marcadores específicos.
Cómo se confirmó el diagnóstico
La médica explicó que la identificación del cáncer durante la operación es posible gracias a la participación de un patólogo especializado, quien analiza una muestra del tejido extraído mientras se desarrolla el procedimiento quirúrgico.
“Con un pequeño corte de muestra de esa zona donde están operando, los cirujanos le pasan esa muestra al patólogo, que en ese mismo momento le hace unas coloraciones especiales y, bajo el microscopio, determina si esa célula tiene características malignas o no”, detalló.

Este análisis permite orientar las decisiones de los cirujanos sobre la extensión de la intervención. La evaluación posterior del tejido extraído y de otras muestras, incluidos los ganglios linfáticos, contribuye a establecer si la enfermedad permanece localizada o si existen indicios de propagación.
Torres también precisó que el tabaquismo es uno de los principales factores de riesgo del cáncer de pulmón, pero no es el único. Los antecedentes familiares pueden influir en la probabilidad de desarrollar adenocarcinoma, incluso en personas que no han estado expuestas al tabaco.
Para identificar nódulos pulmonares, la especialista destacó la utilidad de la tomografía de tórax. A diferencia de esta prueba, la radiografía convencional puede tener dificultades para detectar lesiones pequeñas, especialmente cuando miden menos de un centímetro.
El pronóstico depende de la extensión del tumor
Uno de los aspectos centrales para determinar el tratamiento del pontífice será establecer si las células malignas estaban limitadas al nódulo extraído o si alcanzaron los ganglios linfáticos u otras zonas del pulmón.
“Cuando hablamos de cáncer, los ganglios son marcadores de que hay células que están migrando hacia otro lado”, explicó Torres, quien señaló que las muestras tomadas durante la cirugía pueden ayudar a establecer si existe compromiso de estas estructuras.
Si los resultados confirman que el tumor estaba localizado y que no hay afectación de los ganglios ni de otras áreas, la cirugía podría ser suficiente. En esos casos, el manejo puede continuar con controles periódicos mediante imágenes, sin necesidad de tratamientos adicionales.
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“Si la lesión maligna que encontró el patólogo está exclusivamente circunscrita en ese nódulo que le extirparon y no se extendió ni a otros ganglios ni a otro lóbulo pulmonar, en realidad el tratamiento quirúrgico casi que es curativo”, afirmó la especialista.
Sin embargo, si los estudios muestran células cancerosas fuera de la lesión inicial, el equipo médico deberá evaluar otras alternativas. La necesidad de quimioterapia, radioterapia o una nueva intervención dependerá de los resultados de patología y de la clasificación definitiva de la enfermedad.

La recuperación después de la operación
En cuanto al periodo posoperatorio, Torres explicó que una de las prioridades es comprobar que el pulmón restante se expanda adecuadamente y que el paciente avance en su recuperación respiratoria.
De acuerdo con su explicación, este proceso puede requerir entre 48 y 72 horas, durante las cuales se llevan a cabo ejercicios respiratorios y se vigila la evolución del paciente. La recuperación de los tejidos del tórax puede tomar aproximadamente tres semanas, aunque los tiempos dependen de las condiciones individuales y de la evolución clínica.

La especialista indicó que la extracción de un lóbulo pulmonar no implica necesariamente una pérdida importante de la capacidad respiratoria, pues esto depende de la función pulmonar previa y de la respuesta del organismo después de la cirugía.
Por ahora, el pronóstico a largo plazo de León XIV estará condicionado por los resultados de los estudios complementarios. Estos permitirán determinar si el adenocarcinoma estaba localizado, si existe compromiso de otras estructuras y qué seguimiento necesitará el pontífice tras la intervención.
