Científicos de la Universidad del Sur de California (USC) llegaron a la conclusión de que una dieta baja en azúcares añadidos durante el embarazo y los primeros 1.000 días de vida puede llegar a influir directamente en la prevención de enfermedades y condiciones cardiovasculares.

La investigación, originalmente publicada por la revista Science, establece que el contraer enfermedades crónicas en la edad adulta está estrechamente ligado con el consumo de azúcares añadidos durante la gestación y los dos primeros años de la infancia.
Para realizar el proceso, se tomó la muestra a partir de un suceso histórico, donde una población determinada tuvo un acceso limitado al azúcar en su gestación y primeros años de vida. Algo que sucedió cuando en el Reino Unido se tuvo que racionar el dulce a raíz de la Segunda Guerra Mundial.
Al presentarse un desabastecimiento general, las autoridades británicas implementaron un sistema de cuotas para garantizar una distribución equitativa de los insumos básicos en toda la población.

El racionamiento como objeto de estudio
La medida estatal para restringir el azúcar común entró en vigor el 8 de enero de 1940. Posteriormente, el 26 de julio de 1942, el gobierno hizo oficial la limitación para la comercialización de dulces y chocolates.
Este control sobre el consumo se mantuvo estricto durante más de una década. Las restricciones comenzaron a levantarse el 5 de febrero de 1953 y finalizaron por completo en septiembre de ese mismo año.
Con estas fechas establecidas, los académicos de la USC estructuraron su análisis utilizando la información de 63.433 personas registradas en el Biobank del Reino Unido, un banco de datos biomédicos.
Esto les permitió comparar los historiales clínicos de los individuos concebidos y criados durante el periodo de escasez con aquellos nacidos tras la normalización del suministro.
Disminución del riesgo metabólico
Los resultados arrojaron diferencias marcadas en el desarrollo de patologías metabólicas según la exposición temprana al producto. Las cifras demostraron que limitar el consumo de azúcar durante este periodo crítico reduce el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en un 35 % y disminuye la probabilidad de padecer hipertensión en un 20 % en la etapa adulta.
El informe detalla que la restricción alimentaria no otorga inmunidad absoluta frente a estas afecciones médicas. No obstante, en los casos donde los pacientes terminaron enfermando, la exposición moderada al dulce logró alterar el ritmo de progresión de los padecimientos. Específicamente, los datos revelan que la aparición de la diabetes se retrasó un promedio de cuatro años y el diagnóstico de la hipertensión se aplazó dos años.
A partir de estos hallazgos, la investigación establece que suprimir los azúcares añadidos de la dieta materna y de la alimentación infantil temprana reduce significativamente la vulnerabilidad del sistema cardiovascular a mediano y largo plazo.
