En Colombia, la formación de aprendices SENA hace parte de las obligaciones de muchas empresas. Para el Banco de Occidente, sin embargo, esta responsabilidad se convirtió desde 2009 en una oportunidad para generar capacidades, acompañar a los jóvenes en sus primeros pasos profesionales y construir nuevas posibilidades de desarrollo.
Así nació Transformando vidas, creando futuro, una iniciativa que busca complementar la formación académica con las competencias necesarias para enfrentar los desafíos del mundo laboral.
“Nos enfocamos en generar un impacto real y duradero en la vida de los jóvenes que quieren iniciar su camino profesional”, explica Ángela María Ceballos, vicepresidente de Talento Humano y Administrativa del Banco de Occidente.
La apuesta implica ir más allá de una actualización de contenidos. El programa revisa las competencias que requieren los aprendices para desenvolverse en diferentes escenarios, desde la atención al cliente y el manejo de información financiera hasta la comprensión de riesgos y las normas de seguridad.
El resultado de esta estrategia se refleja en su alcance. Durante 16 años, el Banco de Occidente ha patrocinado 4.119 jóvenes, de los cuales 2.013 fueron vinculados mediante contrato laboral. Actualmente, 843 colaboradores que comenzaron su trayectoria como aprendices SENA hacen parte de la organización. Representan el 12,42 por ciento de la planta y hoy ocupan diferentes posiciones, entre ellas cargos directivos, profesionales, especialistas y roles administrativos y operativos.
Para Ceballos, el valor de la iniciativa está precisamente en lo que sucede después de la etapa de formación: “El verdadero diferencial no está en el número, sino en la manera en que los acompañamos. Aquí formamos profesionales integrales, capaces de comunicarse con claridad, adaptarse a contextos complejos y actuar con responsabilidad y propósito”.

El impacto también trasciende el ámbito laboral. De acuerdo con los resultados del programa, 57 por ciento de los participantes ha adquirido un vehículo, 61 por ciento ha avanzado en su nivel de estudios, 30 por ciento ha accedido a vivienda propia y 14 por ciento ha emprendido proyectos personales.
Estas cifras muestran que la primera experiencia laboral puede convertirse en un punto de partida para decisiones que impactan otras dimensiones de la vida. El acceso a formación, ingresos y oportunidades de crecimiento puede abrir caminos que van más allá del primer empleo.
“Con esta iniciativa no solo impactamos la vida de los jóvenes, sino también la de sus familias, quienes encuentran esperanza y oportunidades de progreso”, señala Ceballos.
El programa también evidencia una apuesta por el desarrollo del talento desde etapas tempranas. La experiencia de quienes ingresaron como aprendices y posteriormente asumieron nuevas responsabilidades dentro del banco muestra cómo una primera oportunidad puede convertirse en una trayectoria profesional.
En ese sentido, la formación deja de ser únicamente un requisito para convertirse en una herramienta de movilidad y construcción de futuro. “Hoy no solo formamos profesionales, sino que construimos futuro, porque invertir en la gente es la mejor manera de transformar país”, concluye Ceballos.
