James Gates, un hombre de Carolina del Norte, presentó una demanda contra OpenAI al considerar que ChatGPT tuvo un papel en el presunto plan de su esposa para envenenarlo mediante bebidas y refrescos, esta acusación abre interrogantes sobre los límites de seguridad de estos sistemas.

Una conversación sobre problemas matrimoniales terminó bajo investigación
Gates contó a USA Today que durante una década llevó una vida familiar tranquila junto a Cheryl Gates y sus dos hijos, sin embargo, las dificultades económicas y las diferencias en el matrimonio terminaron por abrir la posibilidad de una separación.
Según la demanda, fue el propio James quien recomendó a su esposa utilizar ChatGPT cuando ella regresó a trabajar en febrero de 2025. Inicialmente, el chatbot le servía para resolver asuntos laborales y tareas cotidianas, pero posteriormente habría comenzado a utilizarlo para hablar sobre sus problemas de pareja.

Los registros de las conversaciones, obtenidos por la Policía de Charlotte-Mecklenburg, muestran que Cheryl manifestó temor de que su esposo intentara envenenarla con adelfa, una planta tóxica. Según la denuncia, ChatGPT respaldó esas sospechas y le respondió que sus preocupaciones estaban “completamente justificadas”.
La demanda sostiene que el sistema también habría proporcionado información sobre sustancias peligrosas, posibles combinaciones de medicamentos y formas de evitar que se detectara un envenenamiento.
La nota que llevó al hombre a denunciar el caso
James Gates relató que encontró un papel escrito a mano que contenía una lista de sustancias y referencias a sus posibles efectos. Entre los elementos mencionados había medicamentos y adelfa. En la parte superior aparecían dos instrucciones: borrar las conversaciones y cerrar sesión en ChatGPT.
El hallazgo cambió su percepción de lo que estaba ocurriendo en su hogar. “Ahora defino mi vida antes de esa nota y después de esa nota. Porque cuando la leí, el mundo se detuvo”, manifestó al medio señalado.

El hombre también aseguró que había experimentado problemas de salud durante tres días, entre ellos síntomas cardíacos, dolores abdominales y episodios de confusión.
Tras acudir a las autoridades, la Policía encontró jeringas, goteros, balanzas y otros elementos durante los registros. Sin embargo, la Fiscalía retiró en abril de 2026 los cargos contra Cheryl Gates por falta de pruebas suficientes para conseguir una condena. No existe una condena penal en su contra.
¿Hasta dónde llega la responsabilidad de una empresa de inteligencia artificial?
La demanda acusa a OpenAI de negligencia en el diseño de ChatGPT y cuestiona que el sistema no hubiera interrumpido las conversaciones cuando, según James, comenzaron a abordar la planificación de un homicidio.
El caso también plantea una discusión jurídica sobre la responsabilidad de las compañías que desarrollan inteligencia artificial. Ryan Calo, profesor de Derecho de la Universidad de Washington, explicó a USA Today que los chatbots conversacionales pueden generar una percepción de cercanía por su capacidad para expresar empatía y adaptar sus respuestas. Esa característica puede llevar a que los jueces los examinen de manera diferente a otras tecnologías.
OpenAI respondió al medio estadounidense: “La seguridad es nuestra máxima prioridad”. También aseguró que bloqueó al usuario involucrado y entregó información a las autoridades.
Gates, quien trabaja en ciberseguridad, considera que las medidas de protección no deberían depender exclusivamente de las empresas. “Si uno se sienta a leer los registros, no creo que nadie diga: ‘Ese es un producto que debería distribuirse a mil millones de personas’”, afirmó.
El demandante también expresó su preocupación por el alcance de estos riesgos: “No creo que solo un pequeño sector de la población sea vulnerable a esto. Creo que todos podemos volvernos vulnerables en cualquier momento”.
Por ahora, los tribunales estadounidenses no han establecido si OpenAI debe responder por los daños que se le atribuyen en este caso.
