Durante siglos, el cielo ha ocupado un lugar central en las creencias religiosas como el sitio donde habita lo divino y al que, según distintas tradiciones, llegan las almas después de la muerte. Aunque esta idea pertenece al ámbito de la fe, algunos científicos han explorado si conceptos similares podrían relacionarse con la inmensidad del universo desde una perspectiva teórica.

Uno de ellos es el físico de la Universidad de Harvard, Michael Guillen, quien planteó una hipótesis según la cual el cielo descrito en la Biblia podría encontrarse más allá de lo que el ser humano es capaz de observar en el cosmos.
De acuerdo con la explicación difundida por Fox News, esa posible ubicación estaría cerca del llamado horizonte cósmico, un límite del universo observable situado a una distancia tan inmensa que la luz viaja a su velocidad máxima durante tiempos extraordinariamente largos para alcanzarlo. Aunque se trata de una propuesta especulativa y no de un hallazgo científico comprobado, llama la atención.

Para desarrollar su planteamiento, Michael Guillen retomó los estudios del astrónomo Edwin Hubble, reconocido por demostrar que las galaxias se encuentran en constante movimiento y se alejan unas de otras.
A partir de esas observaciones surgió la llamada Ley de Hubble, que explica que, en términos generales, mientras más distante se encuentra una galaxia, mayor es la velocidad con la que parece alejarse. Guillen utilizó este principio como punto de partida para “encontrar” la posible ubicación del cielo desde esa perspectiva.
Según el relato del propio físico, todo comenzó cuando su hijo, con apenas cuatro años, le preguntó si era posible conducir hasta el cielo. Esa curiosidad infantil llevó a Guillen a plantearse una pregunta que ha acompañado a la humanidad durante siglos: dónde podría encontrarse exactamente el cielo descrito en la Biblia.

Según Michael Guillen, algunos avances de la cosmología moderna podrían ser compatibles con la posibilidad de que exista una realidad situada más allá de los límites del universo que la ciencia ha logrado observar hasta ahora. En su artículo, el físico aclara que esta propuesta corresponde a una reflexión teórica que busca relacionar ciertos conceptos científicos con las creencias religiosas.
Con base en esa idea, Guillen plantea que el cielo podría encontrarse al otro lado del llamado horizonte cósmico, una región que, de acuerdo con su explicación, permanecería fuera del alcance de la humanidad. En su opinión, si ese lugar existiera, sería imposible llegar hasta él o atravesarlo con los conocimientos y la tecnología actuales, por lo que seguiría oculto para las personas.

El autor también sugiere que esta hipótesis coincide con la tradicional imagen del cielo como un lugar ubicado “más allá” del universo visible. Además, plantea que ese espacio sería inaccesible para los seres humanos mientras permanecen con vida y que podría estar habitado por entidades inmateriales y fuera de las limitaciones del tiempo. Estas ideas forman parte de una interpretación personal de Guillen que intenta tender un puente entre la fe y la cosmología, sin constituir evidencia científica.
“A diferencia del tiempo, el espacio sí existe en el horizonte cósmico y más allá de él. Esto significa que el universo oculto más allá del horizonte cósmico es habitable, aunque solo por la luz y entidades similares a la luz", señaló.
