Los terremotos suelen asociarse con el movimiento de las placas tectónicas, la actividad de las fallas geológicas y, en determinadas regiones, la presencia de volcanes. Sin embargo, las fuerzas gravitacionales del Sol y la Luna también podrían desempeñar un papel en algunos procesos sísmicos.

Frente a este panorama, investigadores en geofísica analizaron cómo la atracción gravitacional del Sol y la Luna podría influir en la actividad sísmica de la Tierra, especialmente en los llamados terremotos lentos, un fenómeno asociado al desplazamiento gradual de las fallas tectónicas.
Los resultados, publicados en la revista JGR Solid Earth, se basan en modelos numéricos que examinan la respuesta de las estructuras geológicas ante las fuerzas de marea. Aunque estas fuerzas son conocidas por provocar las mareas oceánicas, también generan pequeñas deformaciones en la corteza terrestre.

Según el análisis de los científicos, estas variaciones de presión, incluso cuando son reducidas, pueden modificar las condiciones de fricción entre las placas tectónicas y favorecer determinados episodios de deslizamiento en zonas profundas.
“Aunque estos esfuerzos son muy pequeños, típicamente del orden de unos pocos kilopascales y comparables a la presión de un suave apretón de manos, se ha observado que pueden desencadenar terremotos lentos en algunas fallas”, dicen los autores del estudio.

Picos de alta intensidad en algunas regiones
Las simulaciones realizadas por los investigadores concuerdan con observaciones registradas en regiones sísmicamente activas, como el suroeste de Japón y la zona de Cascadia, en la costa del Pacífico de América del Norte. En estos lugares se han identificado variaciones en la actividad de las fallas relacionadas con ciclos de marea de aproximadamente 12 y 24 horas.
Este comportamiento es comparado por los investigadores como “empujar un columpio en el ritmo adecuado para hacer que se mueva más alto”. De forma similar, las variaciones periódicas de presión podrían favorecer el deslizamiento de una falla cuando sus condiciones internas son especialmente sensibles, sin necesidad de aportar grandes cantidades de energía adicional.

El equipo también examinó diferentes patrones temporales para determinar qué condiciones favorecen el inicio del movimiento. Los resultados indican que los desplazamientos pueden producirse cuando la fuerza de marea alcanza su punto máximo o cuando la presión cambia con mayor rapidez. Además, algunas características de las fallas generan respuestas variables y difíciles de anticipar.
El análisis de estos mecanismos ofrece nuevas herramientas para estudiar los terremotos lentos y de baja frecuencia, así como el comportamiento de las zonas de subducción. Estas áreas, presentes en distintos sectores del Cinturón de Fuego del Pacífico, concentran una importante actividad tectónica.
Los modelos podrían contribuir a comprender mejor cómo se acumula y se libera la tensión en las fallas, aunque no permiten predecir con precisión cuándo ocurrirá un terremoto.
