El avance desarrollado por el profesor Moussa Leblouba surge como una respuesta innovadora a uno de los mayores desafíos de la ingeniería moderna: proteger las construcciones frente a los movimientos sísmicos.
En un contexto en el que los terremotos continúan causando graves daños materiales y poniendo en riesgo vidas humanas, los expertos buscan alternativas más eficientes para reforzar edificios, puentes y otras estructuras esenciales.

La nueva tecnología, que ya cuenta con una patente en Estados Unidos, destaca por ofrecer una solución práctica y accesible, diseñada para disminuir el impacto de las vibraciones sin requerir sistemas complejos ni un consumo adicional de energía.
Su diseño de bajo costo facilita su implementación tanto en nuevas construcciones como en proyectos de modernización de edificaciones existentes. Además, su capacidad para proteger equipos y sistemas sensibles frente a movimientos repentinos lo posiciona como una alternativa prometedora.

¿Cómo este dispositivo puede cambiar la protección contra terremotos?
El sistema tiene una estructura pensada para enfrentar los efectos de las vibraciones. Está compuesto por un cilindro hueco que contiene pequeñas bolas de acero en su interior y un eje central provisto de varias varillas cortas. Esta combinación de elementos permite que el dispositivo actúe como una especie de amortiguador capaz de reducir la intensidad de los movimientos que afectan a una construcción.
Su mecanismo aprovecha un principio tan simple como efectivo: la fricción. Cuando un edificio o estructura se mueve a causa de un sismo o de otras vibraciones, el eje interno se desplaza y las varillas rozan las bolas de acero compactadas dentro del cilindro. Ese contacto genera una resistencia que ayuda a absorber parte de la energía del movimiento, disminuyendo así la fuerza que llega a la estructura.
“Nuestro dispositivo no necesita energía eléctrica; funciona mediante física pura, a través de la fricción, es pasivo”, señaló el profesor Moussa Leblouba, quien lideró el desarrollo, a través de un comunicado oficial emitido por la universidad.

Uno de los aspectos más destacados de esta innovación es su resistencia y facilidad de uso a largo plazo. Mientras que algunos sistemas utilizados actualmente para reducir el impacto de los terremotos pueden deteriorarse después de un evento sísmico importante, el nuevo dispositivo fue concebido para seguir funcionando sin necesidad de reemplazos frecuentes. Además, no depende de electricidad para operar.
Los investigadores señalan que muchas de las soluciones tradicionales implican altos costos de instalación y mantenimiento. En cambio, esta propuesta apuesta por la simplicidad: está fabricada con piezas de fácil acceso y puede ensamblarse sin requerir conocimientos técnicos avanzados. Gracias a estas características, la tecnología podría convertirse en una alternativa más asequible para reforzar la protección de las infraestructuras frente a futuros sismos.

Para evaluar su desempeño, los expertos sometieron el dispositivo a una serie de pruebas que reprodujeron movimientos similares a los que pueden ocurrir durante un sismo. El mecanismo fue desplazado repetidamente hacia adelante y hacia atrás en recorridos muy cortos, con el objetivo de analizar cómo respondía ante diferentes niveles de vibración.
Los resultados fueron alentadores. Según el estudio, el dispositivo logró controlar de manera efectiva las vibraciones y absorber una parte importante de la energía generada por ellas. En términos prácticos, esto significa que puede ayudar a disminuir el efecto de los movimientos sísmicos sobre edificios, equipos e infraestructuras sensibles.
