Los estafadores renuevan constantemente sus métodos para apropiarse del dinero de los usuarios, lo que se refleja en miles de denuncias registradas cada día. En el contexto actual, la tecnología se ha convertido en su principal aliada: mediante redes sociales y plataformas digitales consiguen información personal y financiera que luego utilizan con fines delictivos. A través de estrategias de ingeniería social, manipulan a las víctimas para que faciliten datos sensibles sin sospechar el engaño.

En los últimos años han proliferado fraudes que se aprovechan de descuidos aparentemente insignificantes, capaces de provocar graves consecuencias económicas. Una modalidad reciente, poco reconocida por muchos usuarios, consiste en desechar las cajas de compras en línea sin retirar las etiquetas de envío, lo que expone información personal valiosa para los delincuentes.

¿Cómo funciona esta modalidad de engaño?
Se trata del trashing o dumpster diving, una práctica mediante la cual los criminales obtienen datos confidenciales a partir de objetos desechados, como facturas, recibos bancarios, empaques de envíos o dispositivos electrónicos, y otros registros que pueden revelar detalles financieros sensibles. Esta modalidad no es una suposición alarmista, sino un método real que consiste en revisar la basura en busca de documentos con información personal.

Según el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), esta técnica permite a los criminales acceder a información relevante que usuarios y empresas descartan sin precaución. Al examinar cuidadosamente los residuos o puntos de eliminación de documentos, pueden encontrar contraseñas, números de tarjetas, direcciones de correo electrónico, teléfonos y otros datos personales que facilitan fraudes y suplantaciones de identidad.

¿Cómo evitar ser víctima de los criminales?
La medida clave para resguardar los datos personales es no tirar ningún documento sin comprobar antes que su contenido no pueda leerse ni reconstruirse. La Guardia Civil recomienda emplear trituradoras de papel, preferiblemente de corte fino, o eliminar manualmente las partes donde aparezcan datos sensibles, como nombres, direcciones, números de cuenta o códigos de operación.

En cuanto a etiquetas de envío o correspondencia, una opción útil es aplicar gel hidroalcohólico sobre la tinta hasta volverla ilegible, o recortar directamente el fragmento que contiene la información antes de desecharlo. También aconsejan revisar con atención la basura, prestando especial cuidado a sobres, embalajes, facturas y cualquier material que pueda revelar datos privados. Pequeñas precauciones como estas pueden evitar riesgos y dificultar la labor de los estafadores.
