Las empresas de redes sociales y servicios de contenido en streaming han abierto a los usuarios un pequeño margen de control para ajustar los contenidos que les muestra el algoritmo de recomendación. Sin embargo, estas opciones no siempre resultan eficaces para adaptarse a los intereses reales de las personas ni abordan el problema de fondo: el funcionamiento y el poder de estos sistemas automatizados.
El algoritmo de recomendación es un mecanismo basado en inteligencia artificial que sugiere nuevos contenidos a partir del análisis del comportamiento de los usuarios en la plataforma. Entre los datos que tiene en cuenta están los clics, el tiempo de visualización de un vídeo o de escucha de una canción, las publicaciones marcadas con “Me gusta” y otras interacciones.
Este sistema está presente en servicios como Instagram, Netflix, TikTok, Spotify o YouTube, entre otros, y su principal objetivo es captar y retener la atención del usuario mediante vídeos, imágenes o música que encajen —al menos en teoría— con sus intereses, incentivando así una mayor permanencia en la plataforma o el regreso frecuente a ella.
Por lo general, el control de los usuarios sobre estas recomendaciones es limitado. Pueden borrar búsquedas o el historial completo, o señalar si un contenido les gusta o no les interesa, con la intención de modificar la frecuencia con la que aparece. No obstante, estas acciones no garantizan resultados consistentes.

De hecho, no es raro que el algoritmo siga mostrando contenidos que no se ajustan a las preferencias del usuario. Incluso cuando se intenta “educarlo” consumiendo únicamente determinados temas, basta un clic accidental o unos segundos de más frente a un contenido distinto para desbaratar ese esfuerzo.
En los últimos meses, plataformas como Pinterest, TikTok, Instagram, Threads y Spotify han anunciado nuevas herramientas de configuración —algunas ya activas y otras en fase de prueba— que permiten a los usuarios indicar si desean ver más o menos contenidos sobre determinados temas en sus recomendaciones.

En el caso de Pinterest, este ajuste se limita a los contenidos generados por inteligencia artificial y permite activar o desactivar categorías propuestas por la propia plataforma. TikTok, por su parte, ya contaba con una barra para gestionar temas —deslizándola hacia la izquierda para ver menos contenido o hacia la derecha para ver más— y ahora también permite modificar la frecuencia de los contenidos generados por IA.
Instagram permitirá elegir los temas —algunos sugeridos por la inteligencia artificial y otros introducidos manualmente— sobre los que se desea ver más vídeos cortos (reels), aumentando su presencia, o eliminarlos para reducirla. Threads apuesta por un enfoque diferente: pedirle directamente al algoritmo que muestre más o menos contenidos de temas concretos mediante el comando “Dear Algo” (Querido algoritmo).
A esta tímida apertura a la personalización se ha sumado Spotify, con la prueba de una nueva lista de reproducción que permite ajustar, mediante instrucciones, el tipo de canciones que se quieren escuchar. Además, ofrece el llamado “perfil de gusto”, desde el que los usuarios pueden eliminar canciones o listas que no sean de su interés.
Un algoritmo diseñado para atrapar
La falta de control sobre el algoritmo de recomendación es una de las principales críticas que reciben las redes sociales y los servicios de streaming. Se trata de un elemento central diseñado para suministrar contenido de forma continua y mantener a los usuarios enganchados.

Algunas plataformas muestran una selección limitada de contenidos que se actualiza de forma constante, mientras que otras optan por una sucesión prácticamente infinita de recomendaciones que obliga a desplazarse de arriba abajo para seguir consumiendo.
Este diseño ha favorecido la aparición del llamado doomscrolling: el hábito de desplazarse de manera compulsiva entre contenidos, un comportamiento que puede tener efectos negativos en la salud, como cansancio, ansiedad o sentimientos de culpa por el tiempo dedicado.

Para mitigar parcialmente este impacto, las plataformas han introducido notificaciones y límites de tiempo de uso, especialmente dirigidos a los usuarios más jóvenes, a través de controles parentales y cuentas específicas para adolescentes, con el objetivo de implicar a los adultos en su relación con estos servicios digitales.
Por la enorme cantidad de datos que manejan y su impacto en la vida de las personas, desde hace años se reclama a las empresas tecnológicas una mayor transparencia sobre el funcionamiento de sus algoritmos de recomendación, su entrenamiento y los factores que influyen realmente en los resultados que ofrecen.
*Con información de Europa Press
