Durante el verano pasado, un fuerte terremoto de magnitud 8,8 estremeció la península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia. El movimiento telúrico provocó un tsunami de gran alcance que alteró el fondo marino y generó olas que se propagaron a lo largo del océano Pacífico, convirtiéndose en uno de los fenómenos más impactantes registrados en los últimos años.

Además de ser captado por sistemas de monitoreo submarino, el evento fue observado desde el espacio por el satélite SWOT de la NASA. Lanzado en 2022 para analizar la topografía del agua en mares, ríos y lagos, este satélite logró registrar el fenómeno con un nivel de precisión inédito, marcando el terremoto de Kamchatka como el evento sísmico más intenso detectado por esta misión hasta ahora.
Gracias a la información recopilada, los científicos lograron seguir la evolución de las olas del tsunami mientras avanzaban a gran velocidad por mar abierto. El análisis mostró que la ruptura del terremoto se extendió a lo largo de cerca de 250 kilómetros y provocó el levantamiento del fondo oceánico en algunos puntos de hasta cuatro metros.

Para profundizar en el estudio, los investigadores cruzaron los datos obtenidos por el satélite con los registros del sistema DART de la NOAA. Esta red de sensores, instalada en el lecho marino, detecta variaciones de presión asociadas a tsunamis y envía la información casi en tiempo real, lo que permitió una reconstrucción más precisa del fenómeno.
Tras el sismo, varias estaciones activaron de forma automática sus protocolos de alerta, lo que facilitó el seguimiento de la propagación del tsunami desde su punto de origen. De manera simultánea, el satélite SWOT sobrevoló la zona y captó una franja de aproximadamente 120 kilómetros de ancho de la superficie del océano, registrando con gran detalle la forma y el desplazamiento de las olas.

El trabajo, publicado en la revista The Seismic Record, comparó este evento con el gran terremoto ocurrido en la misma región en 1952, de magnitud 9,0. Según los expertos, aquel sismo no liberó por completo la energía acumulada en la falla, lo que habría influido en el evento de 2025, que, si bien obligó a realizar evacuaciones, no alcanzó el nivel de devastación registrado a mediados del siglo pasado.
