El sector turístico colombiano arrancó 2026 con expectativas altas, impulsadas por eventos internacionales y una mayor dinámica comercial.
Sin embargo, detrás de las cifras de ventas hay una tensión financiera que preocupa a las agencias de viajes: el desfase entre lo que deben pagar a proveedores y el tiempo que tardan en recibir el dinero de sus clientes.
En Colombia operan más de 14.000 agencias registradas, según el Registro Nacional de Turismo. Aunque muchas reportan crecimiento en reservas y facturación, enfrentan un problema estructural de liquidez.

La plataforma financiera Jeeves advirtió que el principal riesgo para el sector no está en la demanda, sino en el llamado “gap” financiero, que puede extenderse hasta 60 días entre el pago y el recaudo.
La dinámica es clara: mientras las agencias deben cancelar de forma anticipada a aerolíneas, hoteles y bancos de camas incluyendo liquidaciones semanales a través del sistema BSP, los clientes corporativos suelen pagar a 30, 45 o incluso 60 días.
Este descalce obliga a las empresas a inmovilizar capital propio o recurrir a líneas de crédito para sostener la operación diaria.
Según explicó Haizea Caravaca Garmendia, Country Manager de Jeeves para Colombia y México, el turismo vende hoy, pero paga por adelantado, lo que convierte la gestión del flujo de caja en un factor crítico para la sostenibilidad.

En términos prácticos, una agencia que facture un millón de dólares al mes puede necesitar entre 700.000 y 1,2 millones de dólares en capital de trabajo para cubrir compromisos mientras espera el ingreso efectivo.

El escenario se complica con cifras recientes del Dane: a noviembre de 2025, los ingresos nominales de las agencias cayeron 8,1 %, mientras que los costos salariales aumentaron 10,2 %. Con márgenes más estrechos, cualquier retraso en los pagos puede afectar la estabilidad financiera.
Ante este panorama, Jeeves impulsa el uso de tarjetas virtuales (VCN) como herramienta para ordenar el gasto y reducir riesgos.
Este sistema permite generar un número único por cada reserva, por el monto exacto y asociado a un proveedor específico, lo que disminuye fraudes y facilita la conciliación automática de pagos. Además, automatiza procesos administrativos que hoy consumen horas en revisiones manuales.

Más allá de la tecnología, el debate en el sector apunta a la necesidad de modernizar la infraestructura financiera que respalda el crecimiento turístico.
En un mercado donde los tiempos de pago pueden definir la supervivencia empresarial, el desafío para este año no será solo vender más paquetes, sino garantizar que esas ventas se traduzcan en liquidez suficiente para operar sin sobresaltos.
