Muy cerca de la capital del país está Boyacá, uno de los destinos de Colombia que más llama la atención de los viajeros, gracias a que reúne en un mismo territorio historia, naturaleza, cultura y gastronomía.

Esta oferta se complementa con sus lindos pueblos, muchos de ellos reconocidos por sus calles empedradas, plazas, iglesias y arquitectura colonial, que permiten descubrir la riqueza histórica del departamento.
Es un destino perfecto para una escapada de fin de semana y uno de los lugares que debería incluirse en la agenda es Iza, un pequeño rincón rodeado de lindos paisajes en el que destaca su arquitectura colonial y enamora a los viajeros con su gran variedad de postres, que resultan irresistibles.

De acuerdo con el Sistema de Información Turística de Boyacá (situr), en este municipio, que cuenta con uno 2.000 habitantes, los viajeros se encuentran con temperaturas que oscilan entre 10 y 18 grados centígrados. Su belleza arquitectónica le permitió ser declarado Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional en 2002 y desde 2021 integra la Red de Pueblos Que Enamoran.
¿Qué se puede hacer en este destino?
En Iza hay varios lugares de interés para visitar. Es un pueblo que conserva un importante patrimonio religioso, encabezado por el Templo del Divino Salvador, construido en 1678 con materiales propios de la arquitectura colonial. En su interior aún se conservan elementos como las pilas bautismales, el púlpito y el altar mayor.

Otro de los atractivos que llaman la atención son sus murales, que cuentan parte de su identidad y memoria. Entre ellos están La Palabra en el Tejido, dedicado a los saberes ancestrales, y Saberes y Sabores del Nido Verde, que rinde homenaje a la tradición agrícola.
Un lugar de interés adicional es el Parque Álvaro Díaz Gómez, un espacio tradicional de encuentro que conserva jardines, árboles y zonas de descanso. A esto se suma la Plazuela Francisco Cristancho Camargo, donde se encuentra una escultura tallada sobre un antiguo ciprés en homenaje al reconocido músico y compositor colombiano.

Así mismo, está el Puente del Amor, una construcción colonial de piedra, madera y barro sobre el río Tota, rodeada de sauces y un ambiente tranquilo. También destaca la talla del Divino Salvador en un pino ciprés, obra inspirada en uno de los árboles sembrados durante la Comisión Corográfica de 1851.
Lo anterior sin dejar de lado sus termales que son una buena opción para relajarse y compartir en familia. De acuerdo con Situr, esas aguas nacen al interior del Complejo Hotelero y Termal Piscina Erika, ubicado a 10 minutos del casco urbano. Son extraídas de un pozo profundo y conducidas a dos piscinas recreativas, una para adultos y otra para niños. Son aguas termales azufradas con temperaturas entre los 30°C y 35°C.

La importancia gastronómica
Aunado a sus encantos naturales y coloniales, está la tradición repostera de este municipio, considerada hoy en día una de las principales fuentes económicas generadoras de ingresos, según Situr.

Es una actividad influenciada por la disposición de la producción lechera en el territorio. En sus inicios los habitantes de centraban en la elaboración y comercialización de tortas y paulatinamente fueron incluyendo otras variedades de postres como el mousse de frutas de temporada, el merengón, la leche asada y el cheesecake, entre otros. Actualmente su oferta está constituida por más de 30 tipos de deliciosos postres.
