A sus 87 años, el español Carlos Soria Fontán mantiene una rutina que le permite seguir vinculado a una de las actividades más exigentes del mundo: el alpinismo de alta montaña. El deportista, reconocido por sus ascensos a varios ochomiles, comienza sus días temprano y dedica varias horas al entrenamiento para conservar la fuerza, el equilibrio y la resistencia.

Su jornada arranca alrededor de las cinco de la mañana. Durante un promedio de cuatro horas, combina diferentes ejercicios enfocados en mantener la movilidad y las capacidades físicas necesarias para afrontar terrenos extremos.
La disciplina se ha convertido en una parte muy importante de su preparación y también en una forma de adaptarse a las limitaciones propias de la edad.
Soria trabaja especialmente la fuerza y la estabilidad mediante ejercicios con pesas y elementos como el bosu y el fitball. Estos movimientos buscan mantener su equilibrio, una capacidad especialmente importante cuando se enfrenta a superficies irregulares y condiciones complicadas en las grandes montañas.

El entrenamiento también incluye bicicleta estática y caminatas. Una de sus opciones habituales es recorrer espacios naturales de la Sierra de Guadarrama, donde mantiene activa su resistencia y continúa preparando el cuerpo para esfuerzos prolongados. La rutina no termina en el gimnasio.
El alpinista también presta atención a sus hábitos diarios, incluida la alimentación y el descanso. Su dieta es sencilla y puede incluir pan de cereales, aceite de oliva, ajo y cecina (carne deshidratada). Además, mantiene horarios definidos y procura acostarse alrededor de las 10 de la noche para garantizar suficientes horas de sueño.
La preparación tiene todavía más mérito si se considera que Soria utiliza una prótesis de rodilla y ha enfrentado diferentes lesiones a lo largo de su trayectoria. Incluso sufrió una fractura de tibia y peroné a unos 7.400 metros de altitud, pero esos problemas no consiguieron que se apartara definitivamente de las montañas.

El español tampoco pretende entrenar como lo hacía años atrás. Con el paso del tiempo, ha adaptado la intensidad de las sesiones y prioriza la funcionalidad, la movilidad y la capacidad para afrontar los desafíos de la alta montaña.
Su constancia le permitió alcanzar en 2025 la cima del Manaslu, en Nepal, una montaña de 8.163 metros. Con 86 años, se convirtió en la persona de mayor edad en coronar un ochomil.

Soria también ha conquistado otras cumbres muy emblemáticas. Alcanzó el K2 a los 65 años, el Makalu a los 69, el Kangchenjunga a los 75 y el Annapurna a los 77.
Para el alpinista, la clave no está en ningún secreto extraordinario, sino en mantenerse activo. “No hay milagros, hay que mantenerse”, dice sobre una rutina que, a sus 87 años, todavía lo prepara para seguir persiguiendo nuevas montañas.
