El departamento de Cundinamarca es un mosaico de paisajes, climas y experiencias por descubrir. Su territorio alberga una amplia variedad de pueblos llenos de encanto que, aunque comparten identidad, ofrecen escenarios totalmente distintos gracias a su diversidad geográfica.
Al viajar por esta región del país, es posible descubrir destinos que no solo cautivan con su belleza natural, sino con su clima cálido y riqueza histórica, como es el caso de Apulo, un pueblo que en el pasado se llamó “Rafael Reyes”.

Esta población, situada exactamente en la Provincia del Tequendama, se encuentra a una altitud de 420 metros sobre el nivel del mar y a una distancia de 110 kilómetros de Bogotá, lo que lo convierte en un destino perfecto para visitar durante un puente festivo o unas vacaciones cortas.
La historia de Apulo se remonta a la época precolombina, cuando estas tierras eran habitadas por los indígenas de la tribu de Síquima, pertenecientes a la nación Panche. Con la llegada de los españoles, el capitán Hernán Venegas Carrillo fundó la población en 1544, marcando el inicio de su desarrollo colonial, según explica la Gobernación de Cundinamarca en su sitio web.
En 1949 fue erigido como municipio bajo el nombre de Rafael Reyes, pero en 1975, mediante un plebiscito, sus pobladores lograron recuperar su nombre original: Apulo. Hoy, caminar por sus calles es recorrer siglos de memoria, tradición y orgullo local.

Explorar este pueblo cundinamarqués es sinónimo de descanso y conexión con la naturaleza. Sus paisajes están adornados por montañas, ríos cristalinos y hermosas cascadas.
Cuenta con escenarios ideales para hacer caminatas ecológicas y disfrutar momentos de contemplación. Ademas, gracias a su clima cálido, con una temperatura promedio de 28 grados centígrados, se convierte en un destino ideal para el turismo y las actividades al aire libre.
Como parte de su variedad de atractivos turísticos, incluyendo sus hermosos paisajes naturales, ríos y cascadas, se destacan lugares como la Cascada La Chorrera y las aguas termales, conocidas por sus propiedades terapéuticas.

Adicionalmente, el municipio cuenta con arquitectura colonial, como la antigua estación del ferrocarril y el antiguo Casino Municipal que evocan la época dorada del territorio y ofrecen un atractivo especial para quienes disfrutan del turismo cultural.
Sus tierras fértiles producen café, plátano, cacao y una variedad de frutas tropicales que llenan de color y sabor la región. La ganadería y la piscicultura complementan la actividad económica, haciendo del municipio un territorio próspero y dinámico.
