Cundinamarca es un territorio atractivo por su diversidad de paisajes, riqueza cultural y cercanía con Bogotá, lo que permite encontrar opciones para escapadas de un día o viajes de varios días.

En sus tierras, los viajeros se encuentran con pueblos llenos de historia y arquitectura tradicional, montañas, páramos, lagunas, cascadas, ríos y bosques, además de una variada oferta gastronómica. A esto se suma la posibilidad de desarrollar actividades como senderismo, avistamiento de aves, deportes de aventura y recorridos por escenarios naturales.
Y lo mejor es que, sin tener que realizar largos desplazamientos desde la capital, es posible visitar destinos poco explorados, que permiten vivir diferentes tipos de experiencias.
Municipios como Anolaima, Gachalá, Gama, Supatá, Tena, Sutatausa y Nimaima ofrecen alternativas que van desde el turismo rural y ecológico hasta planes de aventura y descanso, convirtiendo al departamento en una opción para quienes buscan conocer lugares distintos y salir de los circuitos turísticos más tradicionales.

Los encantos de Anolaima
Precisamente, Anolaima es una de esas opciones que vale la pena conocer. Conocida como la ‘capital frutera’, por su alta producción de mandarinas, mangos, guayabas y naranjas, entre muchas otras frutas, este es un lugar tranquilo con lindos paisajes de montaña, ideal para el ecoturismo.
De acuerdo con la Gobernación de Cundinamarca, este es un buen destino perfecto para quienes buscan alejarse del ruido de la ciudad, disfrutar del aire libre y caminar entre paisajes de montaña.

Asegura que este municipio, de la provincia del Tequendama, combina naturaleza, tradición campesina y escenarios rurales que lo convierten en una opción para una escapada de fin de semana.
Entre sus principales atractivos está el Camino Real, que comunica a Zipacón con Anolaima, una antigua ruta de entre 7 y 9 kilómetros que atraviesa zonas de vegetación nativa, cultivos, muros de piedra y fincas campesinas. Este sendero, utilizado primero por comunidades indígenas y posteriormente por arrieros durante la época colonial, ofrece un recorrido para caminar, contemplar el paisaje y acercarse a la historia de la región.

Otro de los planes es visitar las fincas agroturísticas, donde los viajeros tienen la oportunidad de conocer cultivos y participar en la recolección de productos como guayaba, níspero, mango y mandarina. En estos espacios también es posible conocer procesos tradicionales de transformación de alimentos y probar productos elaborados por familias campesinas, en un ambiente tranquilo y alejado del ritmo urbano.

Para quienes quieran prolongar la estadía, Anolaima cuenta con posadas rurales, glamping y zonas de camping, algunas de ellas con propuestas que incluyen gastronomía típica, caminatas, fogatas y actividades de bienestar. Su clima templado, con una temperatura promedio cercana a los 20 grados centígrados, favorece los planes al aire libre.
Anolaima también se destaca por sus experiencias cafeteras y por su gastronomía. Allí los viajeros pueden deleitarse con preparaciones como el piquete de gallina criolla, los postres elaborados con productos locales y la riqueza artesanal inspirada en las frutas, el café y las fibras naturales.
