Desde hace tiempo se ha investigado y analizado la importancia de las terapias asistidas con caninos entrenados para las personas con ciertas condiciones médicas. Estos animales se convierten en una herramienta de apoyo que contribuye al bienestar físico y emocional de los pacientes, especialmente de quienes atraviesan procesos de recuperación o permanecen hospitalizados.

La interacción con estos animales puede ayudar a reducir el estrés y la ansiedad, favorecer la relajación, estimular la comunicación y generar emociones positivas en momentos difíciles.
Además, su compañía puede hacer más ameno el entorno hospitalario y fortalecer la motivación de los pacientes, siempre como complemento de la atención médica y bajo la supervisión de profesionales capacitados.
Esto precisamente sucede con Padme, una perrita criolla que fue rescatada de las calles del municipio de Moñitos, en el departamento de Córdoba, y llegó para llenar de alegría a los pacientes que permanecen en las unidades de cuidados especiales e intensivos de la Clínica Las Américas, en Medellín.
La peludita, que fue adoptada después de ser abandonada, cambió su historia y hoy forma parte de un programa de intervenciones asistidas con animales, orientado a aliviar la ansiedad y brindar instantes de calma y bienestar a los pacientes durante su estancia en el hospital.
Sus recorridos por la clínica solo buscan brindar calma y alivio a las personas internadas en el centro hospitalario. Acompañada por su tutora, la médica psiquiatra Andrea Castrillón, Padme va una vez a la semana a la clínica e ingresa al centro asistencial por una puerta destinada al personal de servicios generales y comienza su recorrido por las habitaciones, brindándoles alegría a los pacientes y sacándoles sonrisas.
Las visitas, sin embargo, tienen un tiempo establecido. Según explica Castrillón, Padme permanece alrededor de una hora en la clínica y realiza un máximo de cinco intervenciones durante cada jornada, en las que su compañía busca brindar un momento diferente a los pacientes.

En su paso por la Unidad de Cuidados Especiales (UCE), Padme dedica unos minutos al personal médico y despierta muestras de cariño entre quienes se cruzan con ella. “Gracias, pedacito de amor”, le dice una persona, mientras su presencia transforma el ambiente en un momento especial. La jornada termina con su visita a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
Castrillón asegura que la canina “disminuye mucho la ansiedad y, sobre todo, rompe la rutina; les da mucha alegría y eso hace que cojan un poquito más de fuerza para asumir el proceso médico”.
