En medio de la emergencia tras el peor terremoto en lo que va del siglo en Colombia, emergió una poderosa alianza entre el Gobierno y los empresarios que promete ser una llave maestra para garantizar el éxito de la reconstrucción. La clave ha estado en el liderazgo del presidente Abelardo De La Espriella y su esposa, Ana Lucía Pineda, quienes hicieron presencia en las zonas del desastre de manera inmediata y conocieron de primera mano la magnitud de la tragedia. El mandatario dio indicaciones, mantuvo informado al país, se reunió con alcaldes y gobernadores y, junto con la primera dama y el gabinete, se volcaron a atender a las víctimas y a buscar y canalizar todas las ayudas.
El pasado domingo 16 de agosto, De La Espriella sorprendió a los colombianos al anunciar una generosa donación del empresario Jaime Gilinski y su esposa, Raquel Kardonski de Gilinski, para la reconstrucción de Cali. “En los momentos más difíciles se conoce a los mejores ciudadanos”, aseguró De La Espriella.
A partir de ese momento, vino una cascada de donaciones, a título personal, de los empresarios más reconocidos del país, unidos en el propósito de ayudar a reconstruir no solo los edificios que se vinieron al piso, sino las ilusiones de aquellos que lo perdieron todo en cuestión de segundos.
Luis Carlos Sarmiento Angulo (Grupo Aval), David Vélez (Nubank), Juan Carlos Mora (Bancolombia), Davivienda, Seguros Bolívar, Tecnoquímicas, ProAntioquia y ProPacífico se sumaron, entre otros, a los apoyos. En el marco del congreso de la Andi, el Grupo Santo Domingo y otros empresarios también anunciaron sus aportes.
Al cierre de esta edición, las donaciones superaban los 2 billones de pesos. De ese total, 1,1 billones de pesos están representados en alivios para créditos anunciados por Asobancaria.
SEMANA conversó con algunos de los empresarios que protagonizan la mayor campaña de solidaridad por parte del sector privado en la historia reciente del país.
Jaime Gilinski, cabeza del Grupo Gilinski, enfocó su ayuda en la reconstrucción de la capital del Valle del Cauca, donde se registró la mayor pérdida de vidas humanas (153 muertos) por el terremoto. “Yo nací en Cali, estuve en la ciudad hasta los 16 años, fui a estudiar, luego regresé y empecé a trabajar. Para mí, Cali ha sido muy importante. Cuando vi toda esa tragedia en el país, pensamos como familia apoyar a tantas personas e instituciones que están pasando una situación tan difícil. Los hospitales, los centros de salud y especialmente los colegios son algo que para nosotros es muy importante”.
Gilinski agregó: “Los empresarios tenemos una gran responsabilidad. Lo más importante es continuar generando más empleo, mejores empleos, mejores oportunidades para las personas que trabajan con nuestras compañías y para Colombia. En este momento tan difícil, donde el presidente recién entrando encuentra una situación tan compleja, nosotros los empresarios tenemos que apoyar a que el esfuerzo del Gobierno tenga el esfuerzo adicional del empresariado”.
Hasta el viernes 21 de agosto, las autoridades han reportado 321 muertos, 4.595 heridos, 257 desaparecidos y 284.185 personas afectadas. Los daños materiales también son de gran magnitud: 163.884 viviendas averiadas y 31.445 destruidas, además de 5.726 edificios afectados y 467 colapsados.
La infraestructura pública y de servicios también registra daños: 351 centros de salud, 3.579 instituciones educativas y 4.611 centros comunitarios resultaron impactados por el sismo. A esto se suman afectaciones en 435 vías, cinco aeropuertos, 111 acueductos, 69 puentes vehiculares y 14 puentes peatonales. Pero, además, millares de sueños rotos y familias devastadas.
El país enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. Recomponer ese tejido social será una tarea titánica. Solo la reconstrucción, inicialmente, se calcula en unos 30 billones de pesos, como lo advirtió el presidente De La Espriella. Ya el Gobierno decretó la emergencia económica para contar con herramientas que le permitan generar el espacio fiscal para atender la tragedia, las víctimas y el restablecimiento de las zonas. Además, se avanza en la estructuración del Fondo Milagro, a través del cual se canalizarán los dineros que apalancarán este desafío.
De La Espriella ha dicho: “Estamos respondiendo con decisiones, presencia en el territorio y soluciones de fondo. La magnitud de esta tragedia nos exige actuar en varios frentes al mismo tiempo: continuar la búsqueda de nuestros desaparecidos, atender a los heridos y damnificados, recuperar la infraestructura esencial y preparar desde ya la reconstrucción de las regiones afectadas”.
El apoyo de los empresarios es definitivo. “Uno se acongoja de ver la magnitud del daño que ha sufrido todo el país y uno trata de colaborar. La primera sensación es: hay que ayudar, hay que ayudar. Y esa es la razón de por qué nos manifestamos con mucho interés para apoyar a tanta gente que ha tenido problemas en las diferentes zonas del país que han sido tan afectadas”, señaló a SEMANA Luis Carlos Sarmiento Angulo.
Por su parte, Alejandro Santo Domingo, presidente de la Junta Directiva de Valorem, tras expresar su solidaridad con las familias, las comunidades y las autoridades locales que hoy enfrentan las consecuencias de esta tragedia, afirmó a este medio: “Son momentos de dolor e incertidumbre, pero Colombia ha demostrado en muchas ocasiones su capacidad para salir adelante. Nuestro compromiso desde el sector empresarial y desde la Fundación es acompañar a estas regiones, no solo en la atención inmediata, sino también en su proceso de recuperación”.
A su vez, David Vélez, fundador y CEO de Nubank, les envió un mensaje a los damnificados: “Estamos con ustedes. Somos todos colombianos y jugamos en el mismo equipo y no descansaremos en esta jornada de reconstrucción. Cuenten con nosotros”.
Más allá de las cifras, cada donación y aporte del sector privado puede convertirse en un paso firme hacia la reconstrucción de hogares y comunidades.
César Caicedo, presidente de Colombina y quien lideró la colecta de ProPacífico, reconoció que este no es un problema sencillo, pero afirmó que las empresas serán un actor en la reconstrucción que vendrá. “La gran solidaridad que se ha despertado en Colombia tiene que ser una luz de esperanza para todos. La solidaridad es contagiosa, en el buen sentido, y cuando una empresa es solidaria, sirve de inspiración no solo para que otras compañías sigan este curso, sino que alimenta también ese deseo innato de la gente y, en general, de las comunidades a sumarse a esta dinámica”.
El presidente De La Espriella y su esposa han dedicado tiempo para gestionar estos apoyos en pro de la reconstrucción en las zonas de desastre. Uno a uno, el mandatario ha ido anunciando los resultados de esas gestiones y ha dado detalles de sus conversaciones con los empresarios. “La instrucción a todo el Gobierno es clara: menos escritorio y más territorio. Escuchar a las comunidades, verificar los daños y garantizar que las soluciones lleguen realmente a quienes las necesitan”, añadió el mandatario.
Sobre lo que se avecina, Gilinski aseguró: “Estoy seguro de que la reconstrucción va a ocurrir, tomará un tiempo, debe tener prioridades; la donación que estamos haciendo como familia la vamos a concentrar en hospitales, centros de salud y escuelas porque creemos que les puede permitir a muchísimas personas una oportunidad de volver a vivir una vida digna”.
Esta alianza entre el Gobierno y los privados es, sin duda, un primer gran paso y en la dirección correcta para recuperar las relaciones entre la Casa de Nariño y el sector empresarial que tuvieron altibajos en varias coyunturas en los últimos cuatro años.
Luis Carlos Sarmiento Angulo considera que la unión entre los sectores público y privado “es importantísima porque en este momento, más que nunca, el país está regresando a sus orígenes, a sus buenas costumbres, a su espíritu de colaboración y de ayudarnos entre todos para borrar la noche que todos queremos borrar de la mente, la del gobierno anterior”.
Por eso es clave el papel del sector empresarial en este proceso de recuperación.
Para Juan Carlos Mora, presidente de Bancolombia y de la junta directiva de ProAntioquia, los grandes desafíos solo se resuelven cuando se suman capacidades. “La articulación entre Estado y empresa multiplica el impacto, acelera las soluciones y genera confianza. En momentos como este, el país necesita más propósitos compartidos y menos barreras entre sectores, porque cuando trabajamos juntos, las ayudas llegan más rápido, los recursos generan mayor valor y la colaboración se convierte en una fuerza transformadora para las comunidades y para el desarrollo del país”.
La unión alrededor de un propósito común le ha permitido a Colombia levantarse ante adversidades y situaciones complejas, como lo fueron la pandemia y el estallido social.
“Nos vamos a levantar. Es cierto que no existen palabras suficientes para expresar lo que cada persona y cada familia están viviendo en este momento, pero ahora tenemos que mantener la esperanza y la fe. Juntos, autoridades, sector privado y ciudadanos, vamos a salir adelante trabajando unidos”, afirmó Pedro Carvajal, presidente de la Organización Carvajal.
Para la maximización de los recursos que se logren acopiar, Bruce Mac Master, presidente de la Andi, expresó que harán uso de todas las capacidades institucionales que han puesto al servicio del país en otros eventos similares, como el terremoto del Eje Cafetero en 1999, la ola invernal 2010-2011, la tragedia de Mocoa y la misma pandemia, que exigió de los empresarios un alto grado de organización.
“El sector privado tiene toda la experiencia, cuenta con fundaciones, centros de pensamiento y toda la logística con la que ya en el pasado mostró ser capaz de identificar dónde estaban las prioridades, de manera que la ejecución de recursos se haga eficientemente y con transparencia”, señaló Mac Master.
La solidaridad de los colombianos también ha sido ejemplar. La primera dama, Ana Lucía Pineda, ha gestionado miles de toneladas de ayudas en todo el país. Solamente en Bogotá, el alcalde Carlos Fernando Galán reportó la recolección de 2.300 toneladas, que están siendo enviadas a las zonas de la tragedia.
“Estar frente a quienes necesitan apoyo es conocer de cerca sus necesidades. Solo así podemos brindar una ayuda verdaderamente oportuna, humana y efectiva”, dijo Pineda.
Chocó, Valle del Cauca, Caldas y Risaralda fueron las zonas más afectadas: los centros de capitales como Cali, Manizales y Pereira destrozados, icónicos municipios turísticos derruidos y grandes afectaciones en la infraestructura educativa y de salud conforman una de las radiografías que deja la tragedia. Hasta las iglesias padecieron su propio viacrucis.
“Los países de más éxito en la historia han sido aquellos que han logrado que toda su sociedad civil, incluyendo el Gobierno y la empresa privada, trabajen juntos como un solo equipo para salir adelante. Y estas condiciones son todavía más importantes en situaciones de crisis. Por eso es muy inspirador ver a un presidente que rápidamente ha liderado la construcción de esta alianza Gobierno con empresarios para sacar a Colombia adelante. Nos hace mucho más fuertes y efectivos como sociedad”, agregó David Vélez.
César Caicedo dijo que “la pandemia y el terremoto tienen en común que fueron fenómenos que irrumpieron de manera abrupta y nos han enfrentado a situaciones de gran incertidumbre, dolor y pérdida. En ambos casos, aparte de las pérdidas de vida, también son generadores de estragos económicos. Creo, sin embargo, que en este último aspecto puede haber una diferencia, pues la pandemia generó altísimas tasas de desempleo, especialmente en los jóvenes, mientras que, por el contrario, la reconstrucción del país a raíz del terremoto tiene la particularidad de que necesitará de una gran obra de reconstrucción en muchos frentes. Es decir, esta terrible adversidad nos obliga a volvernos a parar y trabajar para rehacer lo que había e inclusive avanzar más”.
Para Pedro Carvajal, son crisis distintas, pero comparten algo profundo: pusieron a prueba la capacidad de resiliencia como ciudad y como región. “En la pandemia enfrentamos la incertidumbre sanitaria y económica; en el estallido social, la fractura del tejido social. Ahora el terremoto nos golpea físicamente en nuestras estructuras y en el corazón de muchas familias. Lo que sí se parece es la respuesta que debemos dar: unidad, solidaridad y trabajo conjunto”, añadió.
Asobancaria anunció un programa de ayuda para familias y empresas afectadas por el terremoto, que incluye periodos de gracia de hasta 12 meses con condonación de intereses, suspensión de cobros legales, protección del historial crediticio y aplicación de las pólizas de seguro bancario correspondientes. Estas medidas representan una contribución estimada de 1,1 billones de pesos.
“La reconstrucción va a requerir mucho crédito, y mientras más accesible sea, más familias y más negocios podrán volver a empezar. El crédito barato acorta el camino entre perderlo todo y volver a tener un techo. Por eso es una de las herramientas más poderosas que tiene el país para levantarse”, explicó Jonathan Malagón, presidente de Asobancaria.
A su turno, Javier Suárez, presidente de Davivienda, destacó la responsabilidad corporativa. “Fieles siempre a nuestro compromiso, desde el primer momento hemos estado muy cerca de nuestros clientes y de todos los colombianos, acompañando especialmente a las familias damnificadas por el terremoto en este momento tan difícil. Creo profundamente que en momentos así sale lo mejor de nosotros como país, esa capacidad de tendernos la mano, cuidarnos y salir adelante juntos”, afirmó.
Por su parte, Álvaro Carrillo, presidente de Seguros Bolívar, retrata la situación. “Detrás de cada vivienda afectada late el corazón de una familia y el esfuerzo de toda una vida. Hoy, cuando nuestro país enfrenta una prueba inmensa, honramos la confianza de los miles de hogares que nos eligieron. Nuestra primera responsabilidad es responder: indemnizar oportunamente, acompañar a nuestros clientes y estar cerca cuando más nos necesitan. Y, como parte de Colombia, sumamos nuestro aporte solidario para ayudar a las familias a reconstruir sus vidas y recuperar la tranquilidad”, señaló.
Ante una emergencia de esta magnitud, la articulación entre el sector público y el privado es esencial para garantizar una respuesta coordinada y efectiva.
“El Gobierno lidera la atención institucional, mientras que las empresas y las fundaciones contribuyen con recursos y capacidad de ejecución. Cuando todos los sectores trabajan con un mismo propósito, el impacto y los resultados se multiplican”, anticipó Alejandro Santo Domingo.
Tras la atención de la emergencia, vendrá la etapa de reconstrucción, y la confianza será la clave. “Confianza para que las familias crean que pueden volver a empezar; para que los negocios se animen a reabrir; para que las comunidades recuperen la esperanza y para que todos los actores trabajemos con un mismo propósito. Reconstruir carreteras, viviendas o escuelas es indispensable, pero la verdadera recuperación ocurre cuando las personas vuelven a confiar en el futuro”, manifestó Juan Carlos Mora.
Por eso, en un mensaje a quienes lo perdieron todo, Mora les dijo: “Cuando todo parece haberse derrumbado, la confianza se convierte en el primer ladrillo de la reconstrucción. Confianza en que no están solos, en que este país responde y en que el futuro sigue siendo posible. Ese es el compromiso que tenemos como sociedad: ayudar a que la esperanza vuelva a tener un lugar donde vivir”.
Si el reto frente a la tragedia ha sido mayúsculo, ahora de cara a la planeación y organización de la reconstrucción será gigantesco, pues es necesario maximizar el impacto social y la sostenibilidad de este proceso.
“Para maximizar el impacto social no basta con destinar recursos; es necesario generar cambios reales en la calidad de vida de las personas. La reconstrucción debe ir más allá de la ayuda inmediata y enfocarse en soluciones sostenibles. Esto implica garantizar que los recursos lleguen a las familias que más lo necesitan, reconstruir viviendas, escuelas e infraestructura con una visión de largo plazo y apoyar a los pequeños comerciantes, campesinos y emprendedores para impulsar la recuperación económica de la región”, sostuvo Alejandro Santo Domingo.
De esta tragedia, Colombia tiene que salir con muchos aprendizajes. Como afirmó César Caicedo, “tenemos que trabajar todos por construir y no por destruir”. Invitó a fomentar la solidaridad, la fraternidad y el trabajo conjunto para sacar adelante las grandes obras que necesitan las regiones y evitar seguir fomentando las discusiones orientadas a separar la sociedad y generar odios.
“También es un momento para reafirmar la importancia de la transparencia y combatir la corrupción. Estos recursos, que hoy están destinados a la reconstrucción del país, deben ser tratados como sagrados y con absoluta responsabilidad. El presidente ha manifestado de manera categórica que esta emergencia debe tener un trato diametralmente opuesto a lo que venía pasando”, agregó Caicedo.
Entre los aprendizajes de casos anteriores, Mac Master destacó que, si bien se requieren mecanismos de control y vigilancia para el buen uso de los recursos, es necesaria una gobernanza que permita elegir inteligentemente hacia dónde deben ir las inversiones. Por ello, a su juicio, será clave desplegar una estrategia conjunta del sector privado con la iniciativa del Gobierno nacional. “Afortunadamente, hay un Gobierno con el cual existe un nivel de confianza muy grande y las posibilidades de interlocución son inmensas, lo que ayuda a toda la sociedad a poder concentrarse en lo importante, que son las víctimas y la reconstrucción”.
Aunque la coyuntura es compleja y retadora, queda en evidencia que el verdadero liderazgo empresarial se mide en momentos de crisis.
En un país en el que la desconfianza en las instituciones domina, el 80 por ciento de colombianos dice confiar en el empleador directo y el 65 por ciento respalda a las empresas, según el Edelman Trust Barometer 2026.
Gilinski resaltó su propósito de “apoyar a las personas que no tienen una oportunidad; es un momento de apoyar y aportar”.
“Colombia está volviendo por sus fueros. Colombia está preocupada por su gente. Colombia, todos, desde el Gobierno, como el líder, y los empresarios, estamos muy conscientes de esa responsabilidad que tenemos. Es decir, los que hemos tenido la fortuna de tener éxito en algunas cosas, pues esa fortuna establece unos compromisos que no se pueden ignorar: el compromiso de ayudar a los demás”, concluyó Luis Carlos Sarmiento Angulo.