Opinión

Argentina: comentario sobre el odio que le llueve y el profundo amor y agradecimiento que me merece

El hecho de que muchos no apreciemos su fútbol de selección no significa que no los adoremos por lo mucho que nos han dado en letras, canciones, películas, series, amistades, amores, raíces, abrazos y vida...

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23 de julio de 2026 a las 2:33 p. m.
Cerrar todo partido perdido como una batalla campal es ganar, al menos, en el arte de los puños y empujones.
Cerrar todo partido perdido como una batalla campal es ganar, al menos, en el arte de los puños y empujones. Foto: PA Images via Getty Images

Las conspiraciones siguen a la orden del día. De un lado se repite que la FIFA llevó a VARgentina a la final del mundial evitando ponerle las tarjetas amarillas y rojas que debía ponerle al principio de los juegos y anulando goles a sus rivales. Del otro, se insiste en que la FIFA le cortó las alas a la albiceleste, obligándola a perder la final, so pena de penalidades larguísimas por cuenta de la bandera de “Las Malvinas son argentinas” que sacaron tras eliminar a los ingleses (quizá el acto más valiente de su mundial). Y en esta conspiraneta todos oscilamos entre un polo y otro dependiendo de cuánto queríamos que la selección rioplatense ganara su cuarto título.

España con el trofeo de campeones del Mundial tras vencer 1-0 a Argentina en la final, el domingo 19 de julio de 2026, en East Rutherford, Nueva Jersey. (AP Foto/Julio Cortez)
Incluso dominando como lo hizo, España no pudo respirar sino hasta que el juez pitó el final del juego. Argentina casi se lo empata ¡sin tirar al arco! Foto: AP Photo/Julio Cortez
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Hecho comprobado: España se llevó el Mundial 2026 anestesiando y doblegando a todos los rivales que enfrentó excepto por Cabo Verde (lo del portero Vozinha, en ese empate, se hace más grande ante este resultado final). La ‘roja’ sumó su segundo título venciendo a Argentina por 1 a 0. En el juego, el primer tiro al arco de los campeones defensores de 2022 vino después de los 100 minutos y, aún así, por la floja definición de los españoles y el buen desempeño del portero albiceleste, estuvieron a milímetros de empatarlo faltando segundos. Y, en penales, vaya uno a saber qué hacía el ‘Dibu’ Martínez. Incluso en su partido de pesadilla, ante un rival que los dominó al borde del paseo, los argentinos estuvieron a milímetros de empatarlo. Duros de matar. Sin duda. Nadie les quita eso.

[Paréntesis: Martínez se lleva el premio al jugador más ‘reformado’ entre 2022 y 2026. Pareció otra persona todo el torneo, dejó al bully en la casa quizá porque algo le decía que esta vez no les alcanzaba, o reconoció que del matoneo se encargarían otros colegas (como Cristian Romero), que él mismo alcanzó a calmar en sus desbordadas celebraciones, este mundial].

🔴 EN VIVO Final del Mundial 2026
El 'Dibu' Martínez mantuvo a su equipo vivo en la final. En el torneo, curiosamente, no apareció su faceta 'bully'. Foto: AP Photo/Seth Wenig

Mucho se habla y se hablará de esta selección de Argentina, ya sea de sus épicas remontadas o de los métodos implacables que aplicó antes de realizarlas (doctrina de ’codo, pata, puño’). Y es especial porque parece ser la única selección que logra conjugar ambas situaciones y hacerlas no excluyentes: jugar con las artes oscuras de la maña y, a la vez, conjurar una épica futbolística con goles en minutos definitivos.

El fútbol es una película, y cada quién la interpreta desde su mirada (amplificada además por el algoritmo de redes, que también hay que saber frenar). Así pues, mientras algunos vivieron la película del héroe y la lloraron jubilosamente (las lágrimas fueron recurrentes en los medios argentinos), otros percibieron una selección que jugó más fuerte de lo permitido porque los jueces se lo permitieron y sacó partido de ese hecho. Y a “Papaya partida”...

Ya se hacen una idea de dónde estoy parado. No me gustan las maneras que Argentina aplica en el FULBO, si bien entiendo que las practiquen y apliquen. Les han funcionado como método y como metáfora viva de su espíritu aguerrido y orgulloso, que no acepta nada que no sea el triunfo. Y se sabe que no es saludable pensar así, pero han ganado tres mundiales y se entiende que el triunfalismo es embriagante, especialmente cuando ya se ha vivido el clímax máximo.

No, no me escapa el hecho de que tienen muchísimo talento y en sus filas han jugado dos de los mejores de la historia, pero me saca de lugar el que se salgan con la suya cuando aplican mañas para desequilibrar un juego. Esa tarjeta roja que vieron en la final, aplicada a Enzo Fernández, fácilmente pudo haber llegado en la semi, o en uno de sus otros partidos (el inicial, incluso). El hecho de que, cada vez que pierden hacen del partido una batalla campal (a lo Copa Libertadores) no es raro, es recurrente y triste, pero está lejos de definirlos. El fútbol es solo eso, por masivo que sea, fútbol.

En esta narrativa, curiosamente, entran a jugar los periodistas deportivos argentinos, que desde su desbordada subjetividad hacen difícil seguir las transmisiones que llegan a todo el continente. Pero solo basta imaginar cómo hablarían nuestros periodistas deportivos si Colombia hubiera ganado alguito más que la extraña Copa América 2001. No serían menos delirantes. No somos tan distintos.

Julio Cortázar, fotografiado en su casa de París en noviembre de 1978.
Julio Cortázar, fotografiado en su casa de París en noviembre de 1978. Foto: AFP

Siento todo esto que ahora expreso a los cuatro vientos, y a la vez tengo claro otro sentimiento, igual de fuerte. No olvidaré que en una vida en la que leer no me fluyó de joven, encontrar a Julio Cortázar me significó por fin adentrarme en algo que me hacía avanzar, pasar páginas sin pensarlo. Que Ernesto Sábato me cautivó desde sus héroes y sus tumbas, sus ciegos y su Buenos Aires, así me perdiera, a veces en su maraña... Que las caricaturas de Quino, entre Mafalda y su otro material más ácido, son del mejor humor gráfico jamás producido en la historia.

No olvidaré dos años vividos en Buenos Aires donde conocí gente increíble que me abrazó, apreció, elevó. Allá entré en contacto con el mundo, porque es una ciudad de ese calibre, pero, más importante aún, hice amigos que me dieron a conocer su vida y sus maneras. Hoy, quizá, no les caeré tan bien desde lo expresado sobre su selección.

Releyendo a Mafalda es una serie documental original de Disney+ / Star+ que hace un recorrido biográfico del personaje creado por “Quino”.
Releyendo a Mafalda es una serie documental original de Disney+ / Star+ que hace un recorrido biográfico del personaje creado por “Quino”. Foto: Disney+ / Star+

Tampoco olvido (no podría, así quisiera) lo que me produce escuchar canciones de Soda Stereo, que tatuaron mi adolescencia, y volver a los ochenta, con la piel de gallina, cuando suena alguna canción de Parte de la Religión de Charly García. “Ella adivinó, ella solo, solo adivinó“... Ellos, y A.n.i.m.a.l., e Illya Kuryaki, entre decenas de excelentes grupos y artistas, me han nutrido musical y espiritualmente desde que tengo vida. León Gieco, Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta, los Chalchaleros y su ”Chacarera de un triste“, el monstruo Astor Piazolla, ¡y qué decir de Les Luthiers!, los campeones eternos de lo que han conjurado desde que nacieron en 1967.

De todo esto envidia no se puede tener porque, afortunadamente para el mundo, los argentinos lo han creado para ellos y para nosotros. Y se los agradeceré siempre. Y entre cientos de ejemplos, películas como El secreto de sus ojos y series como El Eternauta, nos han cautivado desde su genial hechura.

La lista empieza pero no termina. Si se ha ido a Buenos Aires (donde alta cantidad de alzados y locos hay) se sabe que es la mejor ciudad del planeta (lo cual sustenta, así no justifique, la pedantería de los porteños). Y si se ha viajado por el interior del país austral, se sabe muy rápidamente que está lleno de gente cálida.

No somos tan distintos... Excepto, claro, porque no tenemos un Messi y mucho menos un grupo como Les Luthiers...

Les Luthiers
Les Luthiers nació en 1967 y marcó a generaciones de Latinoamericanos con su amalgama de humor inteligente e inventiva musical. Aquí, en una de sus visitas más recientes. Foto: Cortesía: Les Luthiers
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¿Racistas? De eso se les culpa estos días también a nuestros hermanos argentinos (de los que hay más de 46 millones). Y sí. Deben aceptar que, como mínimo, en los cantos futbolísticos de estadio (un producto de exportación cultural de sus barrabravas, de sonoridad y coordinación del más alto nivel), se habla muy despectivamente de los bolivianos y peruanos. Nuestros barrabravas lo han importado para expresar su regionalismo, para sorpresa de nadie.

Y no faltan los muchos gestos con los que asemejan con primates a los negros con los que entran en contención (el tipo de gestos que en Brasil significan cárcel). No sobra mencionar un canto bastante problemático que entonaron varios de sus jugadores al ganar del mundial 2022 en Catar, que declaraba que sus rivales franceses eran “todos de Angola”. No todas las selecciones apelan a ese nivel tóxico de “joda” para celebrar. Quizá es la única selección que se lo permite...

🔴 EN VIVO Final del Mundial 2026 | España 0 vs. 0 Argentina
Enzo Fernández se fue expulsado en la final de 2026. Ya en 2022 había quedado mal parado entonando un canto racista mofando a la selección francesa. Foto: AP Photo/Stephanie Scarbrough

Es hora de meternos un poco al lodo, porque en el Estadio El Campín, viendo fútbol colombiano, no es extraño que de la tribuna broten sonidos de chimpancés de parte de algunos desadaptados para incomodar a los jugadores de color del equipo rival. Y solo hay que preguntarle a un ciudadano colombiano de color en este país sobre racismo para darse cuenta de que no nos alcanzamos a imaginar el tamaño del problema. No somos tan distintos...

¿Son más racistas que los colombianos? Abiertamente, quizá; de puertas para adentro, sin duda que no. En nuestro país hay suficiente racismo y clasismo como para competirles codo a codo, o, al menos, llevarlos a penales. Por eso, mirarlos por encima del hombro ahora que el mundo los declara el país más racista del planeta es una locura. Aquí, una aspirante a vicepresidente indígena casi le provoca un ataque al corazón a la patria “educada”. La superioridad moral sin fundamentos nos la podemos ahorrar.

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Para equilibrar el efecto de los comentaristas deportivos argentinos, vale recordar la música genial que ese país nos ha dado. Foto: Juan Fernando Ospina
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Para cerrar esta interminable carta, regreso a Les Luthiers y a su fabulosa Cantata del adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, de su especial Mastropiero Que Nunca (estrenado en 1977 pero filmado en su más icónica versión en 1979). En este, un conquistador se le “adelanta” a Cristóbal Colón en descubrir América, y el grupo de brillantes humoristas musicales relata sus aventuras con un nivel tan elevado de guion y performance que influenció a generaciones enteras de latinoamericanos. Ese impacto también es real, aún late fuerte.

El conquistador Diaz de Carreras, interpretado por Ernesto Acher, recorre este continente americano, y, en el magistral relato del periplo, a su manera ingeniosa, el grupo le rinde homenaje a los sonidos que han producido sus tierras y sus pueblos. Al final, Don Rodrigo se queda viviendo contento en algún lugar del Caribe, tras ser exilado y, afortunadamente, conocer el amor de su vida, una mujer de color. “¡No hay en la vida nada, cómo mi negra!”.