“Y sé que siempre he sido así, que no tengo remedio, ni lo quiero tener...
Pero ni el miedo ni tus cartas, lo son todo para mí!!"
“Bogotáaaaa. ¡Qué hermoso volver a este maravilloso Movistar, que siempre nos acoge tan bien! Muchísimas gracias por venir de nuevo a vernos. Con canciones que esperamos puedan reflejar un poco todos estos años de discos... y alguna sorpresa para ustedes", le dijo don Enrique Bunbury a Bogotá apenas la saludó, ante una ex-Movistar Arena de tribunas repletas y energía palpable. “¡Bienvenidos a las Nuevas Mutaciones!“.
Algo es claro muy pronto en un concierto de este artista, y lo fue en este de 2026. Los, las y les seguidores de Bunbury se entregan en comunión, y todo lo que este artista y sus brillantes músicos lanzan es plataforma de elevación espiritual. Y no es un decir: Bogotá le cantó lo reciente, lo viejo, lo nuevo, con picos, muchos picos emocionales, pero con una constancia notable en acompañar intensamente cada letra de este animal de escenarios. La gente se hizo parte activa del sonido de la noche y muchas veces su voz se fundió con la del ídolo.

“Y me he enredado siempre entre algas; Maraña contra los dedos...” (las letras de La sirena varada sonaron en Bogotá, con un tumbao’ respetuoso con la original que la dotó a la versión de un aire desértico, levantapolvos, maravilloso).

¡Qué viaje le propuso anoche a Bogotá el zaragozano! El concierto de hace un año fue excepcional, sin duda, pero en este SE PASÓ. Habrá otras opiniones más calificadas, que lo han visto más veces que las dos que lo hemos visto en esta tribuna, pero este recital alcanzó un nivel de viaje notable, por lo que escogió cantar y la manera en la que lo enhebró.

En correspondencia previa con Arcadia, el genial cantante, letrista y poeta nos había descrito este show como “un Tour bien interesante. No es estrictamente el show de presentación del nuevo disco, es más bien una forma de encarar el repertorio, mirando a todas las etapas de mi carrera bajo una perspectiva nueva, arreglos interesantes con una banda fantástica y ampliada de diez músicos y un espectáculo muy distinto a todo lo que he ofrecido hasta ahora. Yo, particularmente, estoy muy emocionado, creo que podemos dar conciertos especialmente inspirados y sorprendentes”.
Bueno...BUNBURY ENTREGÓ EXACTAMENTE LO QUE PROMETIÓ, SONANDO GENIAL, CANTÁNDOLE Y LEVANTANDO EL CENTRO, EL LADO IZQUIERDO Y DERECHO DEL RECINTO, AGRADECIÉNDOLE SU PRESENCIA... con una amalgama de géneros y ritmos. Fuimos testigos de los 1.001 matices de Enrique. Mayúsculas, mayúsculas, porque, entenderán, la piel se pone de gallina de solo pensarlo una vez más. Ese fue el nivel...

Para empezar, lanzó un doble abordaje genial a su nuevo trabajo De un siglo anterior, en el que, según nos escribió, “profundizo en los géneros hispanos y latinos que me apasionan, conocer mejor las formas del folklore, escribir canciones trabajando con esos ritmos, antes de pasar a una nueva etapa”. Sonaron Creer que se puede creer y Un brindis al sol, y no pudieron ser una mejor apertura.
Dicha exploración de sonidos muy cercanos a tierras latinoamericanas venía de su disco anterior, Cuentas pendientes, del que también lanzó un par de temas. En general, en casi dos horas, Bunbury bebió de la música de más de diez de sus álbumes y sumó himnos que la gente esperaba con ansias. Suena fácil. Hay que componer, tocar y cantar mucho para hacerlo ver así de fluido, emocionante y fresco.
Bunbury regresó a dejar uno de sus mejores conciertos a la fecha en Bogotá: así cantó 'Un brindis al sol', de su más reciente trabajo 'De un siglo anterior'. https://t.co/f0wz5K9jDc pic.twitter.com/d5ypjXjUII
— Revista Semana (@RevistaSemana) October 30, 2026

Momentos heróicos
Por años no pude separar a Enrique Bunbury de Héroes del Silencio. Y le cobré (como si me debiera algo y no me hubiera dado tanto) el hecho de que jamás tocaron un concierto serio en este país (eran otros tiempos, eso sí).
Para mi fortuna, desde el año pasado entendí la dimensión de don Enrique en vivo, alimentada por la entrega vocal y su histrionismo físico-plástico, su pulidísima facha (naranja vivo, esta vez) y la factura visual entre onírica, elegante y juguetona de sus visuales. Y se sirve de ese catálogo profundo que mencionábamos para hilvanar un montón de montañas rusas diferentes. No fue exactamente la misma aquí que la que entregó en Costa Rica... y se agradece la confección.
Punto de alta emoción: Bunbury cantó 'Maldito duende' y su voz se hizo una con la de la gente. https://t.co/f0wz5K8LNE pic.twitter.com/YAoLfY7RIk
— Revista Semana (@RevistaSemana) October 30, 2026
En este, desde el material de Héroes, me recompensó, y conmigo a miles. De Héroes del Silencio tocó versiones únicas de La sirena varada, La carta (tan inolvidable que ni video nació tomar) y Maldito duende, que agitaron a los presentes y en sus nuevos matices ganaron.
Así, de cierta manera, me permitió exorcizar mi propia bobada y amar todo el set, agradecerlo de primera a última canción. Vale recordar que Enrique se retiró momentáneamente de los escenarios por temas de salud, y su canto estuvo en vilo. Afortunadamente se detectó que los humos de escenario lo afectaban fuertísimo y pudo volver. Y pareciera que, a cada concierto que ha hecho desde su regreso, no ha hecho más que elevarse artísticamente llevando consigo a sus fanáticos.
Enrique Bunbury también ofreció en su concierto tres joyas de Héroes del Silencio, versionadas con sus músicos excepcionales y muy apreciadas por el fervoroso público. Así sonó 'La sirena varada'. https://t.co/f0wz5K8LNE pic.twitter.com/MTZAN0cZYO
— Revista Semana (@RevistaSemana) October 30, 2026

Brilló don Enrique, pero también lo hizo su enorme banda, y todos merecen mención, porque son excelentes. Esta suma geniales músicos que han acompañado a Enrique en etapas distinta de su carrera (en paréntesis), y conjura una entrega inspirada e inspiradora.
La integran Robert Castellanos (Los Santos Inocentes): en el esencial bajo y apoyos de composición; Ana Belén Estaje, ofreciendo un plano onírico desde su violín (Huracán Ambulante); Ramón Gacías, en la batería, “el motor de la máquina”, como dijo el cantante (Los Santos Inocentes); Javier García-Vegam en un notable trombón y sumando guitarra española (Huracán Ambulante); Luismi Huracán, en las endiabladas percusiones (Huracán Ambulante); Jordi Mena, en las guitarras (Los Santos Inocentes); José Miguel Pérez Sagaste con un destacadísimo saxo y su acordeón (Joaquín Sabina); Jorge “Rebe” Rebenaque, pintándolo todo desde el piano y el Hammond (Los Santos Inocentes); y Álvaro Suite, en la guitarra, coros y fraternidad en escena (Los Santos Inocentes). Y escoger favoritos entre ellos y ella se vuelve imposible, para bien, porque todos tienen sus momentos estelares. No hay pierde. No lo hubo. No lo habrá con un grupo así.
“SIEMPRE HE ESCUCHADO ¡YA NO TE CREO!
PORQUE NO TE ENTIENDO
PORQUE ESTÁS
TAN
LEJOS"
La noche del sábado 31 de octubre, el maestro showman y voz eterna Enrique Bunbury llevará su espectáculo, su banda, su alma, a Cali, una ciudad tan azotada como guerrera y plantada. Habiendo vivido lo que vivimos esta noche en Bogotá, solo podemos decirle a Cali que le deseamos esta cantada catártica. La merece. No es coincidencia que en este momento vaya el poeta-son, el arrullo fluctuante de poder mutante, la carta de vida, sonido y sentimiento.

De voces astrales...
Además del concierto de Enrique en Cali, este sábado de Halloween (con la extra vibra que eso significa), y del endiablado noviembre en materia de conciertos que se viene en Bogotá, vale recordarles que el 11 del onceavo mes cantará Ana Torroja en la ciudad. Y pronto publicaremos la hermosa charla que tuvimos con ella...

Pantallas de pantallas de pantallas...
Bien se sabe que Bunbury es de esos artistas que le pide a su público ser respetuoso del entorno, en lo que a grabar videos con celular se refiere. No se trata de no grabar, eso es imposible en estos tiempos, pero sí de hacer el esfuerzo de apreciar la experiencia humana de estar ahí, fuera de la pantalla. Y sí, la gente grabó, grabamos nosotros también, pero moderadamente. Nos atrevemos a decir que se sintió el efecto de ese pedido (que se hizo justo antes de empezar el concierto). El público se educa a sí mismo. Que siga esa ola.
