Una noche después de que Jamiroquai regresara a Bogotá, electrizando un extasiado Coliseo MedPlus, hubo una notable primera vez en el Movistar Arena de Bogotá, y se hizo sentir intensamente y con muchísimo corazón.
Robbie Williams (RW), embajador del brit pop, que tomó vuelo en la boy band Take That pero que se ha hecho global y forja su propio nombre desde los bajos noventa con una catarata de canciones memorables, visitó Colombia, al fin, ¡y qué impresión le dejó! En varios apartes del concierto, el cantante le dijo al público que abarrotó el escenario capitalino que amaba a sus audiencias en todo el mundo, en Europa, pero que esa efusividad que él y su banda recibían y sentían en los huesos era única, muy especial.
Vendrán para él conciertos en Chile, Argentina, Brasil y México, y puede que encuentre otras reacciones más efusivas. Pero poco importa. Colombia puede estar orgullosa de haberlo dejado todo y establecer una vara muy alta. Por algo, Robbie presionó a su mánager para hacer suceder ese regreso más pronto que tarde.


A lo largo de dos horas, RW deslumbró al Movistar Arena de Bogotá entregando un cancionero genial y amplio que hilvanó muchísimos de sus éxitos, como “Rock DJ”, “Supreme”, “Millenium”, “Kids”, “Feel” y “Angels”, y también himnos de otros artistas, entre ellos “Wonderwall” de Oasis, “New York, New York” de Frank Sinatra y “My Way” de Paul Anka (que Sinatra hizo eterna). Todo empezó con “Let Me Entertain You”, y desde ese punto el contrato entre la gente y los artistas quedó sellado. Entretenimiento puro, con alto gozo, con explosión y mucho sentimiento.
En la entrega de su música y de su espectáculo, RW, dos de sus músicos (el guitarrista líder y el bajista), sus geniales vocalistas de apoyo y sus increíbles bailarinas aprovecharon la plataforma que emanaba del escenario y los acercaba al centro de la platea. Desde esa misma plataforma, Robbie aprovechó para bajar las escaleras en varias ocasiones y abrazar y escuchar a su público (más sobre esto, adelante). ¡Robbie, más cerca de usted!
Anoche, así empezó Robbie Williams su primer concierto en Colombia, tras décadas de trayectoria. Con “Let Me Entertain You” abrió dos horas para el recuerdo en el Movistar Arena de Bogotá. https://t.co/f0wz5K8LNE pic.twitter.com/nT9yl4K4Kx
— Revista Semana (@RevistaSemana) September 21, 2026
Además, en la peculiar (y bienvenida) presentación de los integrantes de la banda (en la que todos se divierten y la rompen, pero el baterista se divierte más que todos), cada uno tocó un corto pero emocionante aparte de un cover de su escogencia. Y ahí sonaron “Paranoid” de Black Sabbath, “Another One Bites the Dust” de Queen y otras canciones archiconocidas como “Samba De Janeiro”, “I Want You Back”, “Y.M.C.A”, cerrando con “Just Can’t Get Enough de Depeche Mode y ”Hey Jude" de The Beatles, escogida por uno de sus guitarristas, el más veterano de la agrupación. Y se probó una vez más que cantar colectivamente el “Naaa naa na nanananaaaa, ¡Hey Jude!” es terapéutico, como mínimo.
El tapete sonoro que ofreció fue rico y fantástico. Incluso si su voz, perfecta para sus canciones, no siempre es perfecta para otras que canta, no se restringe, las lanza porque le significan mucho y las hace valer desde ese amor. Robbie es libre. Se le siente. Por eso se comió también un banano en medio del show. Acaso, ¿quién quiere calambres?
Desde el principio, el artista declaró esta experiencia como su “carta de amor al entretenimiento”, y definió el término como el hecho de “hacer sentir algo” a la gente. Y eso logró con su bombardeo a los sentidos y a la empatía misma. Y fue especial ver en sus expresiones y en las de su banda y bailarinas que sentían la electricidad en el aire. No solo la emanaban, la recibían también. Todos los presentes sintieron algo poderoso, y eso marca.



Robbie fue todo franqueza cálida. Preguntó quién había visto su película Better Man (en Prime Video, narra su camino en la música y en la vida, mucho más sentida de lo que parece). Con su británico sentido del humor y su showmanship, la elevó, la puso en el mapa, pero contó que solo cubrió una parte de su vida, y quizá faltaba la más importante...
Porque mucho ha pasado desde 2003, cuando dio un concierto legendario en Knebworth y cimentó su estatus como ícono cultural (ese hecho marca el final de su película). Por eso se sinceró compartiendo que hasta conocer a su esposa y tener con ella a sus cuatros retoños adorados, se sintió vacío. Ahora es otro hombre. Sabe a qué juega y quién es. Y se siente que no está actuando aquí. “¿Colombia, puedo ser tu hijo?“, preguntó. Claro que sí. Este concierto también fue eso, una carta de amor a sus hijos y a su mujer, y a sí mismo, abrazando ahora sus distintas etapas.
Tenía que cantar “Rock DJ” y lo hizo con la efusividad requerida. Robbie Williams estuvo acompañado por una banda increíble, bailarinas asombrosas y un par de vocalistas que elevaron sus “hits” más allá de los 2.600 metros de altura de Bogotá. https://t.co/f0wz5K8LNE pic.twitter.com/4S6A5ODEzm
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No traen de ser cool: sean humanos
Para RW, que siempre ha tenido un aura de chico malvado pero buen corazón (y eso lo hace cool a su especial manera), fue interesante escucharlo hablar al público sobre la importancia de librarse de la presión de aspirar a lucir o ser cool.
En ese orden de ideas, en medio de un público muy producido, fue un momento hermoso el que Williams dedicó a Sofía, la presidenta de su club de fans en Colombia, que le regaló una bandera con decenas de firmas de personas como ella, que encontraron en la música de Robbie una fuente de fuerza genuina para hacer frente a un entorno agresivo, que de niña la vio matoneada. No fue cool, pero fue real y tremendamente conmovedor.



No solo le cantó “She’s The One”, Robbie también le dio el micrófono a Sofía para que expresara lo que sentía, el agradecimiento, la importancia, el gozo de su música. El momento sirvió para subrayar que, en fondo y la forma, importa cinco ser cool, pero sí hace mucha diferencia entregarse a la empatía. RW sumó al momento también cargando de energía a Lina, otra seguidora que guerrea un cáncer y quien, muy emocionada, recibió el canto que le dedicaron los músicos. Personalmente, ese fue el momento más emocionante de la noche (si bien escuchar “Supreme” era algo que esperaba con ansias y fue genial).
Por todo esto, poco importa que en uno de sus carteles dijera Columbia, a Williams y a sus talentosísimos y talentosísimas acompañantes los querremos siempre por el genuino corazón que imprimieron a lo largo de ese tremendo primer show en el país. Y también, hacia el final de su presentación, se puso la 10 de la selección Colombia, y aquí, cariñosamente, lo nombramos por eso el honorario 10 de la selección Columbia.
En últimas, esta experiencia se resume en un verso que sonó poderosos y bello anoche, que es título, canción y lema de vida: “I Love My Life”. Robbie ama su vida, se nota. Afortunadamente, ese hecho resulta supremamente contagioso.

CODA
¡Qué fin de semana entregó Páramo Presenta! Encadenando dos íconos británicos en noches consecutivas retó a los viejos a aguantar, pero con la enorme recompensa de ser testigos de talentos de primer orden que han movido fibras profundas desde la cultura popular. Vale recordar que pronto, entre los muchos conciertos que traen a Bogotá, presentan a KNEECAP, que desde Belfast se traen una necesaria revolución.
*Mucha fuerza para las poblaciones y pobladores que vienen combatiendo fuegos devastadores en Villa de Leyva y en varios puntos de Tolima.
