Desde 2021, cuando se consolidó la dolarización de facto en Venezuela, el comercio binacional empezó a reactivarse luego de haber caído a un mínimo de 195 millones de dólares en exportaciones colombianas el año anterior, muy lejos de los 6.000 millones registrados en 2008. Entre enero y octubre de 2025, las ventas nacionales al vecino país iban en 875 millones de dólares.

A ese repunte se sumó la apuesta de varias empresas colombianas que vieron en Venezuela una oportunidad de expansión. Un ejemplo es Lili Pink, que, en 2022, tras la reapertura de la frontera con el inicio del Gobierno Petro, abrió tiendas en el país vecino. También sucedió lo mismo con artistas colombianos que hoy llenan plazas en Caracas, Valencia y Maracaibo.
La expectativa actual radica en qué tanto se mantendría o crecería esta tendencia comercial al alza tras la captura de Nicolás Maduro. Si bien los empresarios colombianos podrían atender rápidamente ese mercado, dado que pueden llegar por tierra o por mar y cuentan con la capacidad de producción, aún no hay claridad sobre qué tanto cambiará la economía venezolana.

Las dudas se dan por dos hechos: el primero, la declaración del presidente Donald Trump que, en medio de las tensiones geopolíticas por las decisiones alrededor del petróleo venezolano, dijo: “Venezuela se compromete a comprar solo productos hechos en Estados Unidos con el dinero que reciba de nuestro nuevo acuerdo petrolero”.
Y el segundo, por la elevada incertidumbre política que vive el país vecino, pues se fue Maduro, pero quedó al mando su vicepresidenta Delcy Rodríguez, lo que implicaría cierta continuidad, aunque todavía no hay claridad en los ajustes que se van a hacer.
Para María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana, AmCham Colombia, en seguridad, puede abrirse una cooperación más intensa con Estados Unidos contra el crimen organizado transnacional: inteligencia coordinada, control fronterizo con enfoque en redes (no en población vulnerable), cooperación judicial y acciones sostenidas contra narcotráfico y rentas ilícitas.

“En lo económico-comercial, es probable un enfriamiento inicial mientras se aclaran reglas y condiciones de la operación. La respuesta debe ser debida diligencia y gestión de riesgos, no parálisis: el sector privado puede prepararse para apoyar la recuperación bajo estándares estrictos de transparencia y cumplimiento”, agregó Lacouture.
En la consultora Oxford Economics estiman que el PIB venezolano en 2025 fue casi un 70 por ciento inferior a su máximo de 2013 y, según sus simulaciones, incluso con un fuerte repunte del precio del petróleo y el retorno de la mitad de los emigrantes, dentro de diez años el PIB seguiría aún 50 por ciento por debajo del nivel de 2013.
“Para lograr una recuperación económica más completa, se requieren mejoras generalizadas en las instituciones, la educación y la infraestructura del país, junto con un entorno de seguridad y político estable”, explican.
Así mismo, en Oxford Economics consideran que en el corto plazo es probable que la producción petrolera disminuya, ya que el bloqueo de Estados Unidos ha limitado las importaciones de diluyentes necesarios para procesar el crudo pesado del país y ha impedido la llegada de algunos buques exportadores. Por eso, no ven a la economía venezolana creciendo más de 4,2 por ciento en 2026.

No obstante, indican que, si el Gobierno de Rodríguez coopera con Estados Unidos y se levantan las sanciones, una inversión moderada podría generar fuertes aumentos en la producción petrolera y en el PIB en un plazo de dos años. La producción de crudo podría duplicarse hasta alcanzar 2 millones de barriles diarios en 2028, aunque incrementos adicionales requerirían más tiempo e inversiones a gran escala.
“No son indispensables elecciones libres y justas para un repunte económico, dado el papel que podrían desempeñar mayores ingresos petroleros. En ese sentido, sería más importante reconstruir un Estado eficaz, erradicar la corrupción y mejorar la formulación de políticas públicas”, reiteran en la consultora británica.
Según Juan Guaidó, quien fue presidente interino de Venezuela, sin duda, Colombia tiene posibilidades en la eventual recuperación económica del vecino país.
“Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del planeta, minerales, un talento humano que desea trabajar en una población que hoy ya es de alguna manera binacional: son casi más de 2 millones de venezolanos en este momento en Colombia. La frontera Cúcuta-San Antonio es una frontera binacional viva. La balanza comercial llegó a ser de hasta 6.000 millones de dólares, es decir, eso generó empleos, no solamente en Venezuela también en Colombia”, explicó Guaidó.

La actual coyuntura tiene efectos de corto y de largo plazo en Colombia. En los primeros está la expectativa por la reunión entre los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro, que desescaló las tensiones entre los mandatarios. En los segundos, como explica el Banco Popular, está la oportunidad para las empresas colombianas, teniendo en cuenta que antes del colapso económico, en 2012, Venezuela era el segundo destino de las exportaciones nacionales.
“Hay un potencial de incremento cercano a 1.600 millones de dólares en ventas anuales a ese destino si se logra restablecer la dinámica comercial previa. Sin embargo, este será un proceso lento que en un escenario optimista solo empezaría a ver cambios estructurales en un plazo superior a los dos años”, insisten en la entidad financiera.
En la consultora Sectorial analizaron la canasta exportadora al vecino país y ven que hoy las mayores oportunidades están en productos agroindustriales, industria liviana, industria básica, maquinaria y equipo, e industria automotriz.










