Tras el sismo de magnitud 7,4 que dejó personas atrapadas y edificaciones afectadas, cientos de voluntarios se suman a las labores de atención y rescate.
Son ciudadanos que, por vocación de servicio, se capacitan durante años para responder ante emergencias, pero que también están expuestos a riesgos durante estas misiones.

En Colombia, la acción voluntaria está reconocida por la Ley 720 de 2001. Existen voluntarios vinculados a entidades tradicionales de socorro, como la Cruz Roja Colombiana, la Defensa Civil y los cuerpos de bomberos, y otros que pertenecen a organizaciones o empresas y reciben capacitación para apoyar en situaciones de emergencia.
En el caso de quienes tienen un empleo formal, la Ley 1505 de 2012 establece que los empleadores deben otorgar los permisos necesarios para que sus trabajadores atiendan llamados de auxilio, sin que esto implique la suspensión de su contrato laboral.
Carlos Iván Heredia Ferreira, vicepresidente de Promoción y Prevención de Positiva, explicó que durante la atención de una emergencia se mantiene la protección correspondiente y pueden activarse pólizas específicas de las instituciones de socorro. Además, señaló que las entidades implementan protocolos para reducir los riesgos y proteger a los rescatistas.

La protección también contempla seguros específicos. Según Andrés Felipe Uribe Mesa, vicepresidente de Negocios de Positiva, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) tiene contratadas una póliza de vida grupo y otra de accidentes personales para los voluntarios de la Cruz Roja, Defensa Civil y Bomberos.
La póliza de vida cubre a los voluntarios ante muerte por cualquier causa, mientras que la de accidentes personales contempla eventos ocurridos durante operaciones de rescate, atención de emergencias y actividades de formación.

Antes de movilizar a un voluntario, además, deben cumplirse protocolos como contar con capacitación certificada, identificar las necesidades del terreno y definir los perfiles requeridos. Solo después se asignan funciones específicas, como rescate, atención prehospitalaria, logística o comunicaciones, bajo un mando unificado.
La protección de estos voluntarios resulta fundamental, pues detrás de cada operación hay personas que ponen su tiempo y capacidades al servicio de comunidades afectadas, muchas veces exponiéndose a condiciones de alto riesgo.
