Colombia apareció mejor posicionada que otros países de la región en uno de los indicadores más sensibles del mercado laboral: la brecha salarial de género.
De acuerdo con la Radiografía de las Mujeres en el Trabajo 2026, elaborada por Buk, el país registra una diferencia de 5,7 % entre hombres y mujeres, la más baja entre los cuatro mercados evaluados, por debajo de Chile (17 %), México (16,6 %) y Perú (11,9 %).
El dato marca una diferencia importante dentro de América Latina, donde la brecha salarial promedio alcanza 16,9 %, según el mismo análisis. Sin embargo, la menor distancia en remuneración no significa que el problema esté resuelto.

Las desigualdades de género en el trabajo siguen manifestándose en otros frentes menos visibles, como las oportunidades de ascenso, el acceso a capacitación, el reconocimiento y la percepción de crecimiento dentro de las organizaciones.
Uno de los hallazgos que más llama la atención en el caso colombiano es que la explicación tradicional de que las mujeres piden menos aumentos salariales pierde fuerza.
En el país, 33 % de las mujeres afirma haber solicitado un aumento, una proporción muy cercana a la de los hombres, que llega a 35 %. La diferencia, por tanto, no parecería estar únicamente en la iniciativa individual, sino también en la forma en que operan los procesos internos de las empresas.
“Cuando analizamos las brechas de género en el trabajo, muchas veces nos concentramos únicamente en el resultado final, como el salario o los cargos de liderazgo. Pero los datos muestran que también existen diferencias en la forma en que hombres y mujeres perciben sus oportunidades de crecimiento dentro de las organizaciones”, señaló Gabriela Durán, country manager de Buk en Colombia.

También se muestra que las mujeres reportan menores niveles de reconocimiento por su trabajo y una menor satisfacción frente a sus posibilidades de desarrollo profesional.

A eso se suma una diferencia en el acceso a formación. En América Latina, 41 % de las mujeres accede a instancias de capacitación, frente a 45 % de los hombres, una brecha que también se traslada a áreas clave para el futuro del empleo, como las habilidades tecnológicas.
Además, el desafío no se limita a ingresar a programas de formación. Factores como la sobrecarga laboral y el estrés afectan con mayor frecuencia a las mujeres, lo que reduce el margen real para convertir esas oportunidades en movilidad profesional o mejores condiciones dentro de la empresa.
El mejor desempeño de Colombia en materia salarial aparece más como un avance parcial que como un punto de llegada.
Cerrar estas brechas exige sistemas organizacionales más transparentes en promociones, evaluaciones de desempeño y capacitación, además de criterios objetivos para ascensos, bandas salariales claras y métricas concretas para medir avances.

El panorama que deja el mercado laboral colombiano es variante, el país muestra una menor distancia en salarios frente a sus pares regionales, pero todavía enfrenta retos estructurales para garantizar que esa ventaja relativa también se traduzca en trayectorias laborales más equitativas.
