Aunque las remesas continúan marcando cifras históricas en Colombia, la reciente caída del dólar está reduciendo el valor que reciben en pesos miles de hogares que dependen de estos recursos para cubrir sus gastos diarios.
El efecto no está en la cantidad de dólares enviados, sino en su conversión a moneda local, lo que disminuye la capacidad de compra de las familias y genera impactos sobre el consumo y las economías regionales.

De acuerdo con el Banco de la República, en 2025 Colombia recibió USD 13.098 millones por concepto de remesas, un crecimiento del 11 % frente a 2024. Estos recursos representaron cerca del 3 % del PIB y el 3,6 % del consumo de los hogares. Más de la mitad de esos giros se dirigieron a los departamentos de Valle del Cauca, Cundinamarca y Antioquia.
Sin embargo, la apreciación del peso está cambiando el panorama para quienes reciben estos envíos. Desde el centro de pensamiento Anif le explicaron a SEMANA que “la caída del dólar golpea el bolsillo de las familias que viven de las remesas en Colombia. Un dólar más barato se traduce en una pérdida directa de capacidad de compra para miles de hogares que probablemente dependen de los giros del exterior”. La entidad indica que, aunque las personas reciban la misma cantidad de dólares, al cambiarlos obtienen menos pesos, reduciendo su capacidad para cubrir gastos cotidianos.

Como consecuencia, muchas familias deben ajustar su presupuesto. Según Anif, los hogares terminan recortando gastos no esenciales, buscan fuentes adicionales de ingreso y enfrentan mayores dificultades para planear el ahorro o mantener pagos que antes financiaban con las remesas.
El impacto va más allá del ámbito familiar. La entidad señala que un menor valor de las remesas en pesos restringe el ingreso disponible de los hogares, obligándolos a concentrar su gasto en necesidades básicas. Dado que estos giros representan el 3,3 % de los ingresos de los hogares colombianos y el 3,6 % de su consumo, una apreciación importante del peso limita la capacidad de gasto y también puede reducir la demanda agregada en las regiones con mayor recepción de remesas.

Paradójicamente, esta situación ocurre mientras las remesas atraviesan uno de sus mejores momentos. Tanto el Banco de la República como Anif coinciden en que el crecimiento responde al aumento de la migración de colombianos, especialmente hacia Estados Unidos y España, así como al buen desempeño de los mercados laborales en esos países, que ha fortalecido la capacidad de los migrantes para enviar dinero a sus familias.
El informe de Anif, El país que se va y la economía que queda (2026), también muestra que la mayor salida de colombianos con vocación de permanencia tiende a traducirse, después de un periodo de adaptación, en un incremento de las remesas hacia el país, reforzando su importancia como fuente de ingresos para los hogares y como impulsor del consumo.

Las regiones más expuestas a la caída del dólar son Valle del Cauca, que concentra el 25,7 % de las remesas nacionales, seguido por Cundinamarca (16,3 %) y Antioquia (16,2 %). No obstante, en Anif advierten que el mayor riesgo recae sobre los hogares de menores ingresos, donde estos recursos financian principalmente alimentación, arriendo y servicios públicos, y donde existe un margen muy reducido de ahorro para enfrentar choques cambiarios.
Frente a los próximos meses, Anif prevé que la tasa de cambio inicie un proceso de estabilización y corrección al alza durante el resto de 2026 y 2027. De materializarse ese escenario, los hogares receptores de remesas recuperarían parte de su capacidad de compra en pesos. No obstante, la entidad recomienda mantener una planificación financiera y fortalecer el ahorro preventivo, pues la volatilidad cambiaria seguirá siendo un factor determinante para las familias que dependen de estos ingresos provenientes del exterior.
