El Super Bowl no solo es el evento deportivo más visto del año en Estados Unidos, sino también uno de los escaparates más codiciados del mundo para la publicidad. Cada año, grandes marcas invierten cifras exorbitantes para asegurar un espacio durante la transmisión, con la esperanza de llegar a una audiencia masiva y global.
En 2026, ese precio volvió a escalar: un espacio publicitario de 30 segundos cuesta 8 millones de dólares, según reportes recientes sobre la temporada del Super Bowl LX, que se celebrará el 8 de febrero en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California.
El incremento en el valor de los anuncios refleja tanto la enorme audiencia del evento como la competitividad de los espacios publicitarios. A diferencia de otros programas de televisión, el Super Bowl logra reunir a decenas de millones de espectadores simultáneamente, lo que multiplica el impacto y el valor de cualquier mensaje transmitido.

En años recientes, todos los espacios disponibles para comerciales de 30 segundos se vendieron incluso antes de que iniciara la temporada regular de la NFL, con precios ubicados en ese rango de 7 a 8 millones de dólares.
Para ponerlo en perspectiva, estos valores contrastan fuertemente con los costos de décadas pasadas. En 1967, el primer Super Bowl registró un precio de apenas 42.500 dólares por medio minuto de publicidad, y a lo largo de los años el precio fue subiendo gradualmente junto con la audiencia del partido.
Para la década de 2020, el valor ya había superado los 7 millones por cada 30 segundos, un salto exponencial desde los primeros tiempos del evento televisivo.

Además del precio por el espacio en sí, las marcas suelen invertir cantidades adicionales en la producción del comercial, costos de talento o celebridades e incluso campañas previas o posteriores para maximizar el retorno de la inversión.

Empresas como PepsiCo, Uber Eats, Anheuser-Busch o Meta suelen reservar estos espacios con meses de anticipación, a menudo acompañando sus anuncios con versiones extendidas o teasers que se estrenan en redes antes del día del partido.
Aunque estos precios puedan parecer estratosféricos, para muchas marcas esta inversión tiene sentido económico: el Super Bowl sigue siendo uno de los programas más vistos en la televisión abierta estadounidense y uno de los pocos eventos que aún logra captar enormes audiencias en vivo.

La posibilidad de que un anuncio se convierta en tema de conversación, viralice en redes o quede guardado en la memoria colectiva justifica, desde el punto de vista comercial, pagar por un espacio publicitario que puede costar tanto como un edificio en algunas ciudades.