El terremoto que golpeó el occidente de Colombia podría convertirse en un nuevo factor de presión sobre la inflación durante los próximos meses, justo cuando los precios comenzaban a mostrar señales de moderación. Los principales riesgos están en una eventual reducción de la oferta de alimentos y otros productos originados en las zonas afectadas, problemas de transporte y un aumento de la demanda de suministros para atender la emergencia.
El choque llega después de un dato de inflación de julio mejor de lo esperado. El Índice de Precios al Consumidor aumentó 0,17 % mensual, frente al 0,31 % previsto por el consenso, y la inflación anual bajó de 6,14 % en junio a 6,03 %. Los alimentos, que habían sido uno de los principales focos de presión durante el primer semestre, registraron una caída mensual de 0,13 %.

Sin embargo, Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá advierte que la emergencia sísmica suma un nuevo riesgo al panorama. El terremoto podría generar presiones a través de tres canales: restricciones en la oferta de productos producidos o cultivados en la región afectada, mayor demanda de bienes destinados a atender la emergencia y daños en la infraestructura de transporte, que podrían dificultar o encarecer el abastecimiento.
El impacto aún es difícil de cuantificar. Oxford Economics señaló que la destrucción podría provocar interrupciones de oferta y aumentos puntuales de precios en algunas categorías, aunque advierte que el efecto también podría operar en sentido contrario si el terremoto debilita el consumo de los hogares en las regiones golpeadas.

La emergencia aparece, además, en un momento en el que ya existían otros riesgos inflacionarios. El Banco de Bogotá menciona el fenómeno de El Niño, las presiones sobre energía asociadas al choque de Medio Oriente y la indexación de algunos precios, como las derivadas del alza del salario mínimo. Aunque el impacto de este último se ha moderado, las mediciones de inflación básica permanecen alrededor o por encima del 6 %.
El banco prevé una inflación mensual de 0,2 % en agosto y de 0,3 % en septiembre, y proyecta que el indicador anual terminará 2026 en 6,8 %, por encima del dato observado en julio.

Oxford Economics tiene una lectura menos alcista. La firma considera que la apreciación cercana al 15 % del peso durante 2026 ayudará a contener los precios de los productos importados y parte del impacto de El Niño, por lo que espera que la inflación se mantenga alrededor del 6 % durante el resto del año.
Antes del terremoto, esa fortaleza del peso ya empezaba a trasladarse a los precios. En julio, por ejemplo, los precios de los vehículos cayeron 0,6 %, su mayor retroceso en dos años.

Así, el efecto inflacionario del terremoto dependerá principalmente de la magnitud de los daños sobre las vías, la producción y las cadenas de abastecimiento. Por ahora, los informes no calculan cuánto podría agregar el desastre al IPC, pero coinciden en que introduce una nueva fuente de incertidumbre sobre una inflación que todavía permanece lejos de la meta del Banco de la República.
